sábado, 27 de agosto de 2016

LA LUZ DEL FARO





Hola, amigos de mis historias, buenas tardes de este verano que ya se nos escapa de las manos. ¿Sabéis una cosa? Pues que la verdad es que siempre me han gustado los faros y lo que de misterioso y romántico tienen. Cuando planeo una excursión o me acerco sorpresivamente, me refiero para mí, sin haberlo planeado, a un lugar costero siempre busco si tiene un faro o la mala suerte no le ha colocado un punto importante en la costa que le permita tenerlo…aunque sea feo, muy feo, como el de la historia que hoy os quiero contar. Pero, aunque feo, este pueblo que os propongo adivinéis, como ya hicimos en el pasado, a través de vuestros comentarios, tiene faro.


El pueblo en el que he pasado unos días de vacaciones es famoso por sus playas de cara al Mediterráneo; digo playas porque tiene varias, algunas más pequeñas que otras y muchas con rocas dentro y fuera del agua. Las rocas peligrosas son aquellas que están en la orilla y no se ven y, además, no están demasiado anunciadas, con lo que el dejarse medio meñique del pie en ellas es cuestión solo de pasar por sus inmediaciones. Eso es algo que no me ha gustado demasiado del sitio que os propongo adivinéis su nombre.
¿Más pistas? Pues le gusta llevar en su nombre escrito, en la lengua regional, dos “eses”. Es un pueblo con mucha influencia de la región que lo flanquea por el norte y que ya sabemos que de su lengua hace cruzada, cosa que a los que no la hablamos, y hablamos más de dos idiomas, por lo limitado de su empleo territorial, hace que el lugar no nos haya vuelto demasiado locos. A pesar de ello os tengo que decir que sí merece la pena visitarlo y darse unos buenos baños en sus aguas claras con fondos oscuros.
Y la última pista que quiero daros y que es la que me trae hoy aquí para contaros una historia romántica corta, es que ¡su faro es muy, muy feo! Pero tiene faro. Su foto ya la habéis visto.
Realmente se trata de un pueblo en el que es fácil vivir y muy acogedor, aunque la persona dueña del apartamento ha querido ir un poco de lista…menos mal que la agencia que nos lo ha alquilado se ha portado muy bien. Bueno, que hemos pasado unos buenos días en este pueblo que os propongo para adivinar. Es vuestro turno.
La historia que os voy a contar, cierta o no, tiene por protagonista el faro que os traigo aquí. Muchos de los faros que hay desperdigados, en sitios claves por el mundo, han presenciado muchas y distintas situaciones que afectan a las emociones: modificaciones en el litoral, naufragios, encuentros, bienvenidas, reencuentros… historias de amor. Una de ellas os la traigo hoy aquí. Espero que os guste.
Un abrazo y feliz reintegro a la rutina.
Soñad y sed felices.
José Ramón.

Se cuenta que, hace muchos años, en dos pueblos cercanos en los que la mayoría de la gente se dedicaban a la pesca, dos jóvenes, chico y chica, de edades similares que no pasaban de treinta pero ya habían dejado atrás los veinticinco hacía tiempo, trabajaban ayudando a sus respectivos padres en las tareas que daban de comer a sus familias humildes: la pesca.
Un día, de los que hubo muchos, los dos protagonistas de este relato se encontraron en la subasta de pescado que todos los jueves se celebraba en el pueblo que estaba a medio camino de los suyos. Acudían siempre con sus padres y les ayudaban a sacar un buen precio por el pescado que habían recogido en la noche. Eran las siete de la mañana y ambos, en sus lugares reservados, se afanaban en colocar de la mejor manera visual posible las canastas con sus pescados: había que ponerlos de manera que entrasen por los ojos a los pescaderos que venían a hacerse con las mejores piezas para ofrecerlas a sus clientes más exigentes a lo largo del día. También los encargados de la cocina de los restaurantes y casas de comidas de la comarca merodeaban por allí en busca del mejor pescado. El bullicio era grande y ensordecedor pues la nave en la que estaban hacía que los ruidos se ampliasen más de los que allí deseaban; pero eso era parte también del ambiente de trabajo e ilusión que se respiraba aquel y todos los jueves. El encargado de dirigir la subasta ya empezaba a cantar números y a señalar los diferentes lugares en los que los pescadores ofrecían sus productos; apuntaba no sé qué, porque nunca lo he sabido, en su libreta medio rota y húmeda, con su lápiz casi sin punta que mojaba nerviosamente en sus labios entre frase y frase. Así, iban saliendo las cajas con los pescados camino de las furgonetas que en el exterior esperaban la ansiada carga.
Como en otras ocasiones, ambos hijos, no dejaban de intercambiarse miradas desde sus respectivos lugares con los pies embotados en plástico verde hasta la rodilla, con los pantalones de faenar metidos por dentro, pegados a las cajas repletas de pescado junto a sus respectivos progenitores. Estaban desaliñados y con cara de cansados: se notaba que para ambos la noche había sido dura. Álvaro, que así se llamaba el chico, teniendo en cuenta que la luna en esos días estaba completamente llena y resplandecía en toda su intensidad, dibujó en un cartón una columna y un haz que salía de su parte más alta, de manera perpendicular a la línea que flanqueaba la parte izquierda de cartón, y recorría todo el cartón; un círculo presidía el gráfico y de él, bueno de “Ella”, salía también un haz que cortaba al anterior en un punto marcado con una “X”; además dos indicaciones numéricas trataban de aclarar lo que en el gráfico, Álvaro, enviaba a Alicia. 



Sí, él sabía que esa noche el haz del faro cortaba al de la Luna, reflejado sobre la superficie del mar, de manera perpendicular a la costa a una distancia aproximada de dos millas náuticas; eso ocurriría sobre la una y cuarto de la madrugada…llevaba mucho tiempo calculando y comprobando estos datos y al final se aventuró a proponerle a Alicia una cita esa misma noche, víspera de fiesta en la zona y descanso para los que no saldrían a faenar.
Alicia, cuando vio lo que había escrito, se ruborizó y movió la cabeza, casi imperceptiblemente, en sentido afirmativo. Fue tan inapreciable la reacción de ella que le  quedó la duda si él se había percatado de ello.
Por su cabeza pasaron muchas imágenes que le sembraron de dudas. No sabía si él había recibido su mensaje. Mejor así pues podría no acudir a la cita y dar esa excusa. O simplemente no acudir y ya tendrían oportunidad de hablar algún otro jueves. Sí mejor así. Pero él estará allí...
Faltaban quince minutos y comprobaba la secuencia de luz del faro: 0,2 ; 2,3 ; 0,2 ; 2,3 ; 0,2 ; 2,3 ; 0,2 ; 10,3. 
Contó hasta dos veces la serie y empezando la tercera vio que se acercaba un barco pesquero, como el suyo, no demasiado grande; es decir, era el tipo de barco de “bajura”, como el que él pilotaba. Llegaba puntual…suponiendo y deseando que Alicia estuviese al mando…Sí, se acercaba pues veía una luz verde a su izquierda. Estaban a unas dos millas de la costa, perpendiculares a ella y enfrente del faro de esta historia; la Luna terminaba de marcar las coordenadas casi exactas. El pesquero se seguía acercando y parecía que iba a sobrepasarle por su estribor…no disminuía la marcha…no podía distinguir si se trataba del que estaba tan ansiosamente esperando.
Alicia disminuyó la marcha, casi bruscamente, y empezó a abarloarse por estribor. Distinguió la cara medio de sorpresa, medio de expectación y mucho de pánico de última hora, del capitán del otro pesquero.
Era el momento de que él saliese de allí rápidamente: le entraron unas dudas terribles de si estaban haciendo lo correcto…ese miedo de eterna inseguridad, cuando hacemos algo importante que pensamos nos va a hipotecar el futuro, le estaba atenazando.
—¿Me tiras un cabo? —dijo Alicia intentado que reaccionase—. Sí, por supuesto —dijo él, decidiendo que no tenía ninguna intención de irse de allí aquella noche.
Saltó a bordo Alicia y se abrazó a él.
—Hola —le dijo, como si se hubiesen visto hacía un rato.
—Hola —dijo él, recobrando el empuje que le hizo escribirla en aquel cartón las coordenadas de la cita.
En la actualidad, todos los jueves, se les puede ver juntos en la lonja en la que antes acompañaban a sus padres, tratando de vender su pescado. Huele a pescado y el ruido no ha cambiado. Están desaliñados y cansados de una dura noche de pesca, pero no dejan de sacar cajas y colocarlas lo mejor que son capaces de hacer para que su producto entre por las retinas de los compradores. Se miran con complicidad y no dejan de recordar ese cartón que en su día les llevó a la confluencia de haces donde sellaron su unión.
La Luna brilla hoy de nuevo. Lo hace con toda su intensidad y busca, una vez más, la complicidad de la luz matemática del faro feo, muy feo, que está en la costa frente a ella.


jueves, 11 de agosto de 2016

"St. KIRSTEN", un colegio de élite.





Buenas tardes de verano, amigos de mis ilusiones. Hoy me quiero remontar al lejano 2014, en el mes de abril, en el que os presentaba un nuevo cuento. Quiero traéroslo de nuevo pues ya muchos de vosotros estáis pensando en el nuevo curso —aunque queda mucho de verano todavía…no quiero que se acabe pues sólo llevo una semana y pico, aunque se echen de menos las amistades del entorno de trabajo, en mi caso las de la ciudad en la que trabajo, que no es la de residencia, como me imagino sabéis todos los que me seguís por aquí y por mi página de facebook—, en los libros, las clases y cómo les irá a vuestros hijos, vuestros sobrinos, vuestros hermanos, amigos, etc. Sí este cuento va de un colegio, y en este caso de uno de los considerados de élite: St. Kirsten, en el que un duende nos lo va a hacer pasar super bien. Creo que es uno de los cuentos con los que más me divertí mientras lo escribía: yo sólo me reía de las escenas que tenía en la cabeza y trataba de plasmar en el papel.
Os voy a contar una cosa. Os voy a hacer partícipes de algo muy personal; de cómo daba forma a mis historias, al menos a las veinte primeras —de momento sólo tengo veinte, aunque hay otras dos que son versiones de una de ellas, y otra que estoy modificando el enfoque y que pronto os la presentaré de nuevo, porque es muy conocida por los que me seguís desde hace más tiempo—. Pues veréis, nos remontamos a verano de 2010 y yo, por aquel entonces, estaba trabajando a unas seis horas de viaje en coche de mi vivienda familiar; solía venir a casa los fines de semana, los viernes, y regresaba el domingo después de comer. En las seis horas de viaje, conduciendo mi coche por la aburrida autopista, con no demasiado tráfico, gracias a Dios, iba pensando en la historia, dándole forma y estructurándola; todo ello en mi mente. Al llegar a casa, en cuanto tenía un rato y de una sentada, la volcaba en mi papel cuadriculado, con mi bolígrafo Parker, con el que me gusta siempre escribir mis cuentos y que, por cierto, fue el que utilicé para firmar mis primeros ejemplares de “La nota que faltaba” (https://www.facebook.com/jrdeceacuentosanddreams/?ref=aymt_homepage_panel) en la pasada Feria del Libro de Madrid. Con el tiempo perfeccioné el sistema pues no quería que se me olvidasen aspectos que había concebido en la mente y que seguro que podrían funcionar bien en la historia pues, a veces, no podía ponerme a escribir inmediatamente nada más llegar. Así, me hice con una grabadora, de esas pequeñas que llevaban los periodistas (ahora usan el móvil…como todos, que usamos el móvil, con sus APPs, para todo); me la metía en el bolsillo superior de mi camisa, le daba al “on” y empezaba a hablar, como si estuviese comentando algo con mi compañero de viaje, que en este caso era mi, a partir de esos tiempos, inseparable grabadora. Ya no necesitaba ponerme a escribir rápidamente nada más llegar a casa; de hecho tengo en la grabadora tres historias que en su momento saldrán hacia el papel…bueno, dos de ellas creo que no lo harán nunca pues no me gustan demasiado, vistas con los ojos con los que escribo hoy en día; la otra, una sobre pingüinos, estoy deseando tener un rato para ponerme a contárosla: esa sí va a estar chula, os lo aseguro.
Bueno, vamos con "St. Kirsten". Este cuento lo ha empezado a ilustrar un extraordinario Ilustrador mexicano; me refiero a Alex Herrerías (https://www.facebook.com/alex.herrerias.9?fref=ts) (https://www.behance.net/AlexH) —todos los derechos reservados—. Alex, muchas gracias por querer compartir conmigo este proyecto que sé que saldrá a la luz cuando tus múltiples compromisos te dejen un momento para terminar de ilustrarlo. Un abrazo desde este blog, en nombre de todos mis seguidores, por permitir que disfrutemos de tu arte.
De momento, amigos, os presento unos bocetos de lo que serán las ilustraciones del álbum ilustrado. Espero que os deleitéis con ellas tanto como yo lo he hecho.
Buenas tardes y seguid soñando y, en este caso, disfrutando de este tiempo de verano, por estas latitudes europeas; por el otro lado del Atlántico ya sé que es más invierno y temporada de lluvias... pero soñad y disfrutad también.
Un fuerte abrazo.
José Ramón.

¿Nos hemos preguntado alguna vez qué tienen de especial los colegios de élite?
St. Kirsten era uno de ellos y en esta historia se nos revela el porqué, los alumnos que año tras año pasaban por sus aulas, conseguían tan buenos resultados.
Nicolás sabía mucho de esto. Los duendes lo saben todo de nosotros...
En esta historia trepidante, llena de ternura y acción, se pone de manifiesto lo importante que es en la vida la responsabilidad con la que debemos acometer nuestras obligaciones.
Es una historia en la que Nicolás, sustentado siempre por el recuerdo de su querida Amalia, cumple con su obligación de mantener St. Kirsten como lo que, desde la época de sus antepasados, venía siendo: uno de los mejores colegios de élite del país.


El sonido de la bocina que indicaba el inicio de las clases esa mañana del mes de abril sonó angustiada y desagradable, como siempre, en el antiguo y majestuoso patio del colegio.
Esa era la señal para que, los siempre serios profesores, indicasen a los niños que ordenadamente esperaban haciendo fila, el camino de las aulas.
St. Kirsten era uno de esos colegios denominados de élite; de esos en los que en su momento estudiaron los más insignes políticos, economistas, arquitectos, etc, que en la actualidad lideraban los puestos más importantes de la Nación.
¿Os habéis preguntado alguna vez el porqué unos colegios son de élite y otros no? Pues la respuesta la encontraréis a lo largo de esta historia que voy a relatar.
Mucha de la culpa de este éxito atribuido a determinados colegios, por lo menos en el caso del de esta historia, era debida a personajes como Nicolás.
Nicolás se encargaba de velar por el colegio y por sus ocupantes, no sólo por los que, por estar lejos de sus familias, habitaban en su residencia; sino también por los que todas las mañanas acudían al colegio en distintos autobuses procedentes de todos los lugares de la ciudad, e incluso de otras ciudades vecinas, para asistir a clase. Él velaba por todo y a todas horas; no importaba que fuese de día o de noche porque los duendes no necesitaban descansar.
 Sí, Nicolás era un duende de apenas unos treinta centímetros que, según se dice, es la estatura media de los duendes. Era de color verde clarito y tenía unos ojos grandes y avispados, además de una prominente nariz que casi se juntaba con su no menos prominente barbilla. Iba tocado, por supuesto, con su característico gorro terminado en punta. No se podía decir que fuese un duende agraciado, ni tampoco que no lo fuese; simplemente que era un Duende con mayúsculas y que estaba encargado de la protección de “su” colegio.
.....................................................................................................................................



Aquel día, en ese comprobar rutinario, detectó que una ensalada tenía una salsa que no estaba en buen estado. Sólo con verla, olerla, probarla…¡qué sé yo cómo lo hacía!, nuestro duende era capaz de detectar si algo estaba en unas condiciones que pudiese perjudicar la salud de sus protegidos; lo cual era su principal misión y para lo que moraba en aquel colegio. Aquella ensalada lo estaba y tenía que ingeniárselas para que no fuese llevada al comedor, en aquellas condiciones, para su distribución.
Una característica negativa que poseen los duendes es que no son demasiado fuertes; más bien son débiles en cuanto a fuerza muscular aunque la suplen con una fuerza intelectual portentosa.
Tenía que hacer que una de las cacerolas que reposaba junto a cazos y otros artículos de cocina, más bien desordenados, en las estanterías desde las que se divisaba ahí abajo la ensalada, cayese
 ...............................................................................................................
Era el momento de dirigirse a las aulas y Nicolás salió rápidamente de la cocina en dirección a aquéllas. Debía estar atento por si tenía que sacar de apuros, antes de ir a comer, a algún que otro alumno que no tuviese su día. Cuando Amelia vivía, Nicolás se pasaba todo el tiempo velando por los estudios y los resultados en los exámenes de los pupilos.
De vital importancia era si los alumnos se aplicaban y prestaban atención a las enseñanzas de sus profesores; pero mucho más si el duende o los duendes, como era el caso de Amelia y Nicolás, estaban prestos a sacarles de apuros en los exámenes o cuando sus maestros les preguntaban minuciosamente, de pie junto a la pizarra, la lección del día. Nicolás era uno de los duendes totalmente entregados a la protección de los alumnos y a conseguir que sus notas fuesen de las más altas de entre los colegios del país. En los exámenes .............................................................
Por lo contado, es por lo que digo que los alumnos de los colegios del tipo del de esta historia: futuros médicos, políticos, investigadores, etc.; eran buenos, pero no tanto como se pensaba y se piensa en la actualidad. Los verdaderamente buenos y artífices de sus éxitos escolares y posterior prestigio eran los duendes que los protegían; en este caso, Nicolás. En el éxito de su trabajo radicaba la diferencia entre unos colegios y otros; entre que unos fuesen considerados de élite y otros no tanto.
Un buen día, ya de noche, realizando Nicolás su “ronda nocturna” velando por el sueño de los alumnos residentes, cosa que no hacía tan diligentemente, por cierto, el guardián que por las noches estaba a cargo de la seguridad del colegio; pasó al lado del citado vigilante y lo vio sentado en su cómodo sillón, con la televisión encendida y totalmente dormido. No daba crédito a lo que veía. Un primer impulso le llevó a..............................................................................................................................................



miércoles, 20 de julio de 2016

EN AQUEL SOLAR...CIRIACO Y EL CARACOL.





Buenas tardes amigos. ¿Cómo lleváis este verano? Nos pasamos el invierno diciendo cuándo llegará el calor y ahora que ha llegado…¡y cómo ha llegado!...estamos ya un poco hartos de él, sobre todo los que todavía no hemos cogido nuestras vacaciones…¡será por eso!
Pues ya tenía ganas de volver a traeros uno de los cuentos que tenemos ilustrados en su totalidad y que hemos enviado a una editorial, de las más prestigiosas a nivel internacional, para su evaluación. Sé que nuestro trabajo tiene calidad pero también sé que no es fácil entrar en una editorial de ese prestigio…no soy pesimista: mis amigos lo saben de sobra: soy realista y creo que tengo los pies en el suelo aunque me hago, casi siempre, muchas ilusiones…quizá por eso ya tenemos publicado “La Nota que Faltaba”, ¿no creeis? Sí, a veces hay que poner más ilusión de la normal para conseguir llegar a las metas que, al menos a mí me pasa, nos ponemos demasiado altas.
Bueno, lo que os iba a contar…os traigo una historia cargada de valores y así lo comentaba en la entrada del 28 de abril de este año, que os recomiendo os acerquéis de nuevo a ella pues os hablaba, como digo, de valores, de esos de los que carecen en un grado preocupante nuestra sociedad, sobre todo en estos tiempos tan convulsos que nos están tocando vivir. Ahí os hablaba de los valores que podréis encontrar en la selección de cuentos que os presentaba. Pues, “Ciriaco y el Caracol”, cuento que os traigo de nuevo a este espacio, tiene en su esencia muchas referencias a la amistad que se intercambian dos amigos... un poco extraños, para qué os voy a decir otra cosa...¡Y viene muy a propósito en esta época calurosa!
Este cuento está ilustrado por mi compañero, desde Chile, Daslav Mirko Vladilo Goicovic (reservados los derechos de autor) (http://damivago.cl/), y fue presentado en las entradas: 17 de febrero, 23 de marzo y 29 de septiembre de 2013, y 5 de abril de 2015. Os recomiendo que también os deis una vuelta por ellas para imbuiros de lo que os cuento en él a través de mis letras y el arte de mi compañero Daslav. ¡A ver si tenemos suerte, Daslav, y puede ver la luz nuestro trabajo, porque estamos seguros, los dos, que será del agrado de todos los amigos que pasan estos momentos tan especiales con nosotros aquí!
Bueno, pues nada más que desearos que sigáis disfrutando de este buen tiempo, los que aún estáis de vacaciones y, a los que todavía os faltan unos días para cogerlas, que lleguen pronto. Un abrazo a todos, amigos de mis ilusiones. Soñad y sed felices. 




Extrañas parejas de amigos se han visto siempre y, entre ellas, quizá una de las más sea la protagonista de esta historia.
Ciriaco, un escarabajo pelotero, se convierte en el Ángel de la Guarda de Lucio: un caracol con una bonita casa de rayas a su espalda.
Esta historia discurre en el solar descuidado de un chalet en venta desde hace unos años. Su nuevo dueño, recién llegado, decide cortar los rastrojos y ramajes que tanto lo afean, por el paso del tiempo.
La amistad es el valor que se realza en este divertido relato, no exento de dramatismo por lo incierto de su final.....



Discurría la tarde, como otras muchas de aquél caluroso verano, sin más sobresaltos que el ruido de los hierbajos al moverse tocados por la brisa casi imposible de disfrutar en esos días. El calor al nivel de la hierba, lugar en el que vivía uno de los protagonistas de esta historia, era intenso, pero soportable. A pesar de la sequedad reinante, la tierra por la que se desplazaba siempre se mantenía cierto grado de humedad. También los arbustos, que a su paso encontraba Lucio, hacían más llevaderos los rigores de la estación. A él, la verdad, le traía sin cuidado si hacía más o menos calor. La casa que llevaba a cuestas le servía para protegerse de él, siempre que lo desease.
Sí lo has adivinado. Lucio era un caracol con una casa adornada por unas rayas que lo hacían muy atractivo y, a la vez, le permitían pasar desapercibido entre los rastrojos del solar en el que vivía, cuando algún peligro acechaba.
Esa tarde, Lucio se desplazaba por el centro del solar, tratando de encontrar alguna tierna hoja de césped o arbusto, como aquellas de las que daba cuenta en épocas lluviosas. Necesitaba apagar su sed y calmar su apetito. Aunque la empresa era difícil, no cejaba en su intento. Sabía que siempre había algo que llevarse a la boca, aunque no fuese todo lo jugoso que deseaba.
–Buenas tardes, Lucio. ¿Cómo estás?  –dijo Ciriaco, mientras hacía un alto en su ajetreado trabajo llevando una pelota de desperdicios, que no siempre olían todo lo bien que sus amigos deseaban, de un lado para otro.............................................. 


se despidió de él porque, según dijo, era urgente que antes de la puesta del Sol llevase su apestosa bola al otro extremo del solar, argumentando unas razones que, el caracol, no alcanzaba a entender. ¿Cómo nadie puede llevar semejante bola a ningún sitio?, pensaba Lucio. 


Por su parte, Ciriaco, no salía de su asombro de cómo nadie puede estar, permanentemente, cargando con su casa de un sitio a otro.

………………………………………………………………………..






jueves, 7 de julio de 2016

PISTA DE PATINAJE




Parecía que había amanecido un día excelente, y lo digo porque todavía el Sol estaba empujando la noche y haciéndose un hueco en el horizonte. Se levantaron excitados por poder disfrutar de otro domingo haciendo lo que más les gustaba: patinar. Eran tres. Y a cualquier observador le hubiese costado más de unas horas saber quién era quién.
—¡Vamos, daos prisa que, al final, se nos harán las diez y no habremos ni salido de casa! —dijo Lucía, la “madre” de los iguales pequeños. Siempre actuó, Lucía, como su madre cuando, sus padres hacían frecuentes viajes, supuestamente, y era mucho suponer, de negocios. Lucía nunca lo creyó.
Casi una generación era lo que la separaba de sus hermanos que aparecieron en este mundo sin avisar y cuando todos ya tenían la vida más o menos organizada. La única que fue capaz de cambiar su rutina fue Lucía, y me imagino que una supuesta responsabilidad de hermana mayor tuvo algo que ver en ello. El caso era que, y estaba encantada por ello, los domingos eran algo especial, también para ella.
—¿Lleváis las bolsas?, ¿las gorras?...¿los zumos?...siempre eres el último Mati y un día te vamos a dejar en casa…—nunca esas amenazas tenían vocación de llegar a cumplirse, sobre todo cuando se trataba del pequeño Mateo: Mati, como así le llamaban todos, era algo especial.
Allí iban los cuatro con sus mochilas cargadas de zapatos de piel dura y suela imposible de doblar, entre otras cosas porque tenían adosados en sus plantas una fila de ruedas bien engrasadas.
Llegan en tan sólo unos veinte minutos. El banco siempre el mismo: de piedra. El ritual, también: Marcos en el extremo y el que más prisa se daba: quería estrenar la pista ese día aunque los patines no estuviesen todo lo bien atados que deberían, que era lo que siempre sucedía. Su ansia por salir a la pista le hacía no valorar acertadamente el riesgo que suponía llevar los patines de aquella manera, aunque Lucía siempre le decía lo mismo: “Un día vendrás a vernos patinar con una bonita escayola en la que te firmaremos todos…”


La pista era vieja. El paso del tiempo le daba un aspecto que no engañaba sobre el cuidado que había que tener al patinar. Pero era su pista, la de los cuatro, y así la consideraban todos, al menos los domingos por la mañana en los que el resto de patinadores habituales estaban todavía enroscados en las sábanas. Su aspecto era ciertamente descuidado pero tenía algo que les gustaba a todos: era su espacio, el de las mañanas dominicales en el que disfrutaban unos con otros.
Lucía les ponía nerviosos mientras todos sentados se ajustaban como podían los patines.
—Vamos, Juan, que Marcos va a terminar el primero, como siempre, y yo seguro que te gano también —les decía entre risas y nervios divertidos—. Lucía, ayúdame que no puedo yo solo —contestaba Juan cuando ella lo ponía demasiado nervioso para acertar con los cordones y los agujeros.
Eran cinco minutos muy, muy divertidos y con altas cotas de jolgorio compartido y risas nerviosas, empujones cariñosos, cogiendo los cordones del de al lado, escondiendo el patín del pie izquierdo detrás del banco…Marcos era siempre el objetivo de todo ello porque, no sabían cómo, pero siempre salía primero a la pista y desde allí les hacía burla y con los dedos el signo de la victoria: ¡Gané otra vez! —no dejaba de reír con esa risa contagiosa que tanto gustaba a Lucía y tanto cabreaba al resto de sus hermanos—. Marcos siempre competitivo, concentrado en ganar y, al ser el mediano de los trillizos, tratando de destacar, eso sí, de manera inconsciente. Ya se sabe, los medianos siempre en medio del mayor y el pequeño. Un quiero y no puedo, desde su punto de vista…el pequeño, lo es y pasa de esos asuntos…y el mayor…pues eso, el supuesto responsable de todos, el ejemplo para el resto, con pocas prebendas y demasiadas obligaciones —¿se nota que soy el mayor de mis hermanos? —. En el caso de los tres pequeños protagonistas de esta corta historia, estas diferencias eran mínimas, simplemente por la definición de qué son los trillizos.
¿Y qué hacía el pequeño? Mateo, Mati para todos ellos, sentado al lado de Lucía llevaba encorvado desde que llegaron, tirando de este cordón, ajustando aquél, comprobando la lengüeta del patín, que no le hiciese daño…Mati, date prisa que ya sólo quedo yo y también te voy a ganar —le dijo Lucía en el último intento de ponerlo algo nervioso, pero fracasó—. No tengo prisa —contestó Mateo seguro de lo que decía y añadió—, prefiero atarme bien los patines porque así aguantaré más que ellos en la pista —respondió fulminantemente—. Toda una filosofía de vida la del pequeño de Mateo.
La pista necesitaba urgentemente que alguien se tomase la molestia de reservar un puñado de euros y la acondicionase adecuadamente a los tiempos que vivimos. En la época en la que se inauguró, sólo Lucía, de la mano de su madre, fueron testigos de lo que representó entonces: una magnífica y moderna instalación. Ahora, el tiempo y la dejadez de aquellos que tanto presumieron entonces, deja ver un espacio poco adecuado y ciertamente peligroso para el patinaje: esos bordes, las barras de hierro que lo limitan, el suelo bacheado…
Pero…¿Qué hago hablando del estado de la pista? Sólo, esta noche, os quiero contar lo que ese espacio significaba y significa para nuestros protagonistas: era su espacio familiar, aquél en el que vivían, domingo tras domingo, ese tipo de momentos y vivencias que se recuerdan toda la vida. No se cuestionaban si la pista era así o asá; si era más o menos peligrosa: para ellos era su espacio, la mejor pista del mundo; como la de los juegos olímpicos de invierno…bueno, como esa no pues no era de hielo, aunque sus sensaciones eran parecidas: se movían con una libertad que hacía soñar; yo creo que incluso iban con los ojos cerrados o, al menos, eso me pareció cuando los vi por primera vez. Se entrecruzaban, se tocaban y se superaban, sin excepción, en hacer los más bonitos y sensuales requiebros que cualquier patinador de nivel firmaría…claro, en ese suelo.


Yo os dejo ya, en esta noche que amenaza tormenta de verano, con la imagen de sus sonrisas y caras de velocidad cómplice en los cruces y en los apretones de manos, una y otra vez. Por mi parte estoy deseando volverlos a ver el domingo y sentarme en esos tubos que, sin embargo a mí, sí me parecen muy peligrosos. Para mí son Lucía y los tres evangelistas. ¿Qué haría a sus padres el ponerles esos nombres? Menuda paradoja de la vida.
Amigos, soñad y sed felices.
Buenas noches de verano.

José Ramón.


domingo, 3 de julio de 2016

VIENTO DEL SUR


Buenas noches, queridos amigos. Hoy no os traigo buenas noticias pues hemos roto el acuerdo verbal que teníamos la ilustradora de mi cuento "Viento del Sur" y yo. Nuestro "feeling" acabó definitivamente y rompimos nuestro "contrato" verbal, tan fuerte como uno escrito. Debimos haberlo hecho hace tiempo pero, aunque no es algo agradable el haber pasado por ello, como dice nuestro refrán: "nunca es tarde si la dicha es buena", y en este caso ya lo creo que lo es: primero porque se rompió nuestra complicidad hace mucho tiempo y segundo porque no encontrábamos el camino de sacarlo adelante, sobre todo en mi caso que mi experiencia en estos temas era cero. Ahora, con mi primer trabajo publicado algo más sé e intentaré aplicarlo al nuevo proyecto con "Viento..." que estoy seguro no tardará mucho porque la historia es realmente bonita.
"Viento del Sur", por tanto, queda liberado para que un nuevo ilustrador se aventure a darle vida, o una editorial decida acogerlo y darle luz con su equipo de ilustradores. Seguro que en esta  nueva etapa tenemos más suerte y pueda hacer las delicias de todos vosotros en las librerías. Ya os lo iré contando.
Para los que no lo conozcáis os diré que se trata de una bonita historia que nos habla de tradiciones y de los hombres del desierto. Nos habla también de valores. Estoy seguro de que alguno de los muchos ilustradores que leen esto se decidirá a intentarlo: estaré encantado de formar equipo con él o ella, de la misma manera que lo estoy haciendo con el resto.
Bueno, pues sin más, os dejo con la sinopsis del cuento y unos párrafos que, a los más antiguos del blog, les sonará. ¡¡Empezamos una nueva andadura ilusionante para “Viento del Sur”!! A ver si en esta ocasión somos más capaces ambos de encontrar el camino de su edición.
Buenas noches y un abrazo para todos con el deseo de que soñéis y seáis felices.
José Ramón.

“Viento del Sur” nos permite acercarnos al seno de una familia nómada y vivir y sentir, a través de la historia contada, la acogedora calidez de sus gentes y la sencillez y fragilidad de sus vidas en manos, siempre, de un desierto protector unas veces, y otras cruel, inhóspito e implacable.
En este relato se ensalzan los valores de la familia y las tradiciones que, de abuelos a nietos, se traspasan como un tesoro de valor incalculable pues representan los verdaderos cimientos de toda una vida nómada entre arena, cabras y dromedarios; castigada, a veces, por el viento que venía del sur.

.......................................................................................

Ahmed y su mujer Zaila, contemplaban noche tras noche semejante espectáculo y, por ello, se sentían unos privilegiados y agradecidos a ese Ser superior que todo lo controlaba. Daban gracias, también, por haber llegado a la noche vivos y con buena salud, de la que gozaban, igualmente, sus tres hijos: Habib, que ya era un hombretón con sus dieciséis años; Ahmed de trece y que recibió el nombre de su padre; y Haira, de tan sólo seis.
Estaban tumbados alrededor de una pequeña hoguera, que el mayor de los hermanos se encargaba, siempre, de disponer. Lo hacían para protegerse del frío, a veces gélido que, al ponerse el Sol, se apoderaba del territorio. Era un momento de paz y tranquilidad, en toda su plenitud, disfrutado por la familia nómada protagonista de esta historia; al cual contribuía la multitud de estrellas fugaces que recorrían ante sus ojos, de lado a lado, el firmamento que ante ellos se desplegaba. Permanecían hechizados por el brillo acogedor de las llamas, a la vez que se dejaban invadir por el cálido aroma de un vaso de té verde, que sabía preparar Zaila...................................................................................................

Una de ellas, hablaba de los días en los que soplaba el temido Viento del Sur. Un viento terriblemente cálido que hacía secar los pozos de agua que, aunque escasos, permitían la supervivencia del pobre pueblo nómada al que pertenecían los protagonistas de esta historia. En esos días, cuenta la sabiduría del desierto que solía, por sus arenas, vagar un esbelto Tuareg sobre un dromedario blanco, con dos grandes tinajas a cada lado de la única chepa del animal; portando el agua más fresca que se pudiera imaginar para socorrer a sus protegidos , los nómadas del desierto.
Esta leyenda, como parte del saber del pueblo nómada, era relatada por Ahmed con precisión.............................................................................................


 (nº de registro de la propiedad intelectualV-1069-10)
http://people.safecreative.org/jose-ramon-de-cea-velasco/u1108080449272 

miércoles, 22 de junio de 2016

CLARA Y JONÁS





 Buenas tardes amigos. Después de la resaca de la publicación de mi primer cuento y de la firma del mismo que os he ido contando en las entradas anteriores, debo de continuar comentándoos cómo van nuestros proyectos. Y me tengo que remontar a la entrada del 21 de mayo del año 2014, que os recomiendo que vayáis a ella y comparéis con lo que hoy os traigo aquí.
Me estoy refiriendo a mi cuento “Lágrimas por una amistad”. Como sabéis, los antiguos en seguir mis ilusiones, fue uno de mis primeros cuentos (veréis que hablo de él en los primeros meses de 2012) y, desde luego, fue el primero que se empezó a ilustrar. Para bien o para mal elegí, en aquél momento, una ilustradora que estaba en su último curso de Bellas Artes y la verdad es que no me equivoqué. Lo digo porque, mi compañera valenciana, Alejandra Morenilla Parada (reservados los derechos de autor) (http:// amorenillailustracion. blogspot.com.es/), en la actualidad es una magnífica ilustradora (¡vaya ojo tuve!) cuyos miles de compromisos le dejan muy poco tiempo para otras cosas. Entre ellas está nuestro proyecto que acaba de terminar. Pero no entendáis que lo ha retrasado tanto por no tener tiempo para él, no. Lo ha hecho porque ha evolucionado en su manera de ilustrar; no ha dejado de estudiar y formarse en nuevas técnicas y maneras de interpretar y, como es una profesional en todos los sentidos, me pidió cambiar todas las ilustraciones de “Lágrimas…” por unas nuevas, con una cara novedosa y una sencillez que abruma por su belleza y su sensibilidad. Yendo a la entrada del 21 de mayo que os comentaba antes, podréis comprobarlo por vosotros mismos.
Pero no es sólo esto lo que ha cambiado en “Lágrimas…”: también cambió su nombre. La editorial nos lo propuso y buscamos uno más llamativo para el público al que va dirigido: así es como nació “Clara y Jonás”, totalmente reformado; no en su fondo, pero sí en su forma exterior, en lo que le da vida y…creo que está mucho mejor.
No sé cuándo saldrá a la luz, porque ya está terminado y coordinado el texto con sus ilustraciones. En la actualidad ya tenemos una editorial que, interesada en él desde hace algún año, no puede, de momento, editarlo. Estamos en proceso de ofrecerlo a otras y poder, así, compartirlo lo antes posible con el público, con todos vosotros, que sois para quienes escribimos e ilustramos, aparte de asuntos económicos…que ya sabéis que, aunque importante, no es lo que me mueve.
Bueno, pues aquí tenéis mi nuevo/antiguo…el más antiguo de mis trabajos. Espero que disfrutéis esta historia de amor verdadero, a primera vista, entre sapo y rana…¡cómo suena! Historia que nos reconforta con el mundo ya que, lo bonito que tiene la vida y el compartir con los que nos rodean, no tiene por qué ser complicado…aunque la mayoría de las veces lo es y eso nos hace desistir de ello antes de lo que quisiéramos…digo que nos reconforta con la realidad que vivimos porque se trata de algo bonito, muy bonito y sencillo, muy sencillo, sin lujos, sin entornos complicados…el amor en estado puro, rodeado de alegría, diversión y, sobre todo, de compartir momentos. Esta historia nos habla de los momentos que compartían Clara y Jonás: rana y sapo. En ella encontraréis valores de los que no puede privarse cuento que se precie y que os la presento, una vez más, en la sinopsis que también os traigo.
¡Soñad y sed felices, rodeados de nenúfares y aguas tranquilas para disfrutar de buena compañía y del amor en estado puro!
José Ramón.


“Clara y Jonás” es la historia de lo sucedido entre una rana y un sapo, un día cualquiera de los transcurridos en su hogar, su charca; en la que, al ponerse el Sol, el cálido aroma de las flores de los flotantes nenúfares era capaz de transportar a los que allí habitaban a un mundo de tranquilidad, muy pocas veces alterado…
En este relato, se ensalzan los valores de la amistad y se pone de manifiesto el pesar de aquél que, por razón alguna, la pierde.  


No parece que una charca solitaria sea el lugar más adecuado para localizar la historia que voy a contar, pero lo cierto es que ocurrió así.
Ambos lo pasaban muy bien en la charca de color verde oscuro ―como todas las charcas que se precien―que, a diferencia de otras, tenía unos preciosos nenúfares flotando en su superficie. Entre ellos se podían apreciar diversas plantas con bonitas flores de colores que sobre ellas se mantenían a flote. Una de aquellas, con una preciosa flor blanca, era la preferida de Clara. A su costado solía tumbarse a descansar tras largas horas de saltos y nados jugando con Jonás, mientras éste le contaba sus secretos y sus proyectos en los que siempre incluía a su amiga Clara.
En un lugar, relativamente alejado de la ciudad; y digo relativamente, porque con cierta frecuencia acudían algunos niños a jugar con pelotas y a lanzar piedras al agua para ver quién, haciéndolas rebotar sobre la superficie, llegaba más lejos; es donde tuvo lugar esta historia en la que se vieron envueltos Jonás y Clara.



Jonás era un sapo verde –como todos los sapos–; no muy agraciado, pues era un poco cheposo y barrigón –sí, como todos los sapos–, aunque sus ojos saltones y su cara bonachona indicaban que era un sapo de buen corazón.
Por su parte, Clara, se podría decir que era una rana muy atractiva, a los ojos de un sapo. Lo que más la caracterizaba era su alegría y vitalidad. Ciertamente era una rana muy juguetona y divertida................




sábado, 11 de junio de 2016

¡"LA NOTA..." ya está en tiendas!





Buenas tardes, amigos. Una entrada muy corta para deciros que ya lo tienen en ¡¡"La Casa del Libro", librería que está por toda España!! En Valencia ya podéis encontrar el álbum en una de las librerías más conocidas: se trata de Librería Soriano, frente a la Estación del Norte en la dirección: Xátiva, 15. 46002 Valencia. Tlf. 963510378. Hay otras dos librerías, también conocidas, que están en trámite.
En Albacete se podrá encontrar en breve en: La Popular: Calle Octavio Cuartero, 17, 02003 Albacete. Tlf 967225863; y en Librería Universitaria- El Maestro, en la Calle Gaona, 1. 02002 Albacete Tlf 967 21 61 97.
Os recuerdo que además, en la web de la Editorial Kolima, lo encontraréis también.
Como son las primeras tiendas que lo ofrecen y os permite ojearlo os lo quiero detallar de esta manera que lo he hecho. Espero que lo disfrutéis los que lo compréis. Un abrazo a todos y ¡soñad y sed felices!


miércoles, 8 de junio de 2016

DÍA DE FIRMA



Hola, buenas tardes amigos de mis ilusiones. No encontraba el momento de poder contaros cómo me fue la jornada de firmas de “La nota que faltaba”. Bueno, ¿qué digo “jornada”?, en realidad lo que estaba estipulado era una hora y media: de 19,30 a 21,00 hrs. La foto es de mi llegada. Pero entre que estaba impaciente (me acerqué por la Feria unos veinte minutos antes) por ver si todo iba a transcurrir como me había imaginado en mis pensamientos y mis planes de actuación metido en la caseta, y que me encontré muy a gusto en el tiempo que estuve promocionando nuestro trabajo, al final fueron dos horas cortísimas.

Me encontré como pez en el agua en una actividad que para mí era totalmente desconocida. Se trataba de hablar con la gente que paseaba por la calle, abarrotada de personas, a cuyos lados se establecían ordenadamente las casetas. No era fácil que se acercasen a menos de dos metros de la caseta en la que me encontraba; el reto era el atraer a los que lo hacían más allá de esa distancia. ¿Sabéis? Es curioso cómo la gente pasea por el solar de la Feria a una “distancia prudencial” de las “garras” de los libreros y editores, como temiendo ser engullidos por ellos y "obligados" a consumir sus productos. Era realmente gracioso ver sus miradas de soslayo en dirección a las casetas y a los que, pocos, estaban ojeando lo que se exponía en ellas. Nosotros compartíamos espacio con otras dos editoriales y recuerdo que uno de sus editores decía a todo aquél que se ponía a tiro: “acercaos, que no nos comemos a nadie…toma coge esto”…”esto” era un marcapáginas o una hojilla explicativa anunciando lo que se vendía en aquel lugar. Cuando lo cogían…ya estaban “apresados”; alguno con una sonrisa lograba zafarse y se llevaba el obsequio que, cierto, lo era… Aquellos marcapáginas se me antojaban como el mejor de los cebos. Los primeros minutos me encontraba ciertamente nervioso porque no sabía ni cómo ponerme frente al público. Me imagino la cara de pardillo que debía de tener yo a los ojos de aquellos que me mirasen desde esa distancia de más allá de los dos metros “de seguridad”. ¿Qué opináis vosotros?


Pues como digo, me fijé como lo hacía mi compañero de caseta y rápidamente me hice con un fajo de marcapáginas de nuestro álbum. Realmente quedaron muy chulas y no me extraña que fuese un magnífico “cebo,” como el utilizado para la más grande de las lubinas. ¿Verdad que quedó muy bien? 


Pues ha sido gracias al trabajo profesional de “mi” editorial Kolima (http://www.editorialkolima.com/) donde, aprovecho la oportunidad que me doy a mí mismo para deciros que ahí, en su web, podéis adquirir el álbum y que, según me dijo la editorial, sin gastos de envío “puerta a puerta”. Yo, por mi parte, a quien lo compre le haré llegar mi dedicatoria escaneada…sólo me tenéis que mandar: una foto en la que se os vea con el libro, a quién queréis que se lo dedique y vuestro e-mail o whatsapp o lo que consideréis sea el mejor medio para el envío. También os digo que, tan pronto el distribuidor nos vaya informando en qué librerías del país o del extranjero lo podéis encontrar, os iré avisando por aquí o por mi página de facebook específica para Cuentos &Dreams. Desde mi página de facebook, que la veréis en el lateral derecho de esta pantalla, podréis acceder a ella. Espero vuestro "me gusta" y así recibiréis mis noticias en vuestro facebook instantáneamente.
Bueno, que os estaba contando todo lo que viví la tarde del día 4 de junio, que ya quedará grabado en mi memoria como uno de los días señalados de mi vida. Hablábamos del “cebo”…¡qué mal queda llamarlo así! Pues sí, gracias al marcapáginas (ahora mejor) me permitió interactuar con la gente y os aseguro que fue una gozada: les asesoraba sobre lo apropiado del álbum para ser regalado al hijo de un amigo, a su nieta, a sus niños, a sus sobrinos, como consecuencia de una Comunión, un cumpleaños, etc. Y mientras lo admiraban, a lo que inmediatamente les invitaba una vez que había conseguido que se acercasen a mí, les contaba el cuento y los valores que transmitía: la amistad, la labor de equipo, aspectos básicos de la enseñanza musical…Esa combinación, de ver las magníficas ilustraciones que tiene el cuento con el oír al autor contarlo, fue definitiva en la mayoría de los casos. Por favor, ¿me puedes firmar uno? ¿Para quién es?—les preguntaba yo. ¿Cómo se llama? — añadía. En cuanto me lo decían empezaba a escribir y a disfrutar del momento que estaba viviendo.



Éste fin era el que siempre he buscado en mi escritura: hacer felices a los demás por medio de mis historias…y viendo la cara de los que aceptaron mí recomendación había, en ese momento, cumplido mi sueño.
¿Vender muchos libros? Sí, ese es mi objetivo, aunque no tanto por el aspecto económico (pocos escritores se hacen ricos…J) sino por ser capaz de llegar a todos vosotros, mis seguidores, para que podáis leer completamente todo lo que escribo: aquí, en nuestro blog, ya sabéis que, para evitar que me los plagien, no los podéis leer enteros.
Pues como os iba diciendo, así pasé las dos horas, que me parecieron cinco minutos, firmando lo que a la editorial le parecieron muchos volúmenes. En palabras de Rocío, su representante en la caseta (un gran abrazo para ella desde aquí, con mi agradecimiento por los momentos que pasamos juntos en tan reducido espacio…¡Rocío, el año que viene una caseta reservada exclusivamente para Kolima!), fue un gran éxito de firma. Y yo estaba exultante. Y no encontraba el momento de contároslo. Ya lo he hecho y me encuentro ahora fenomenal por compartir mis ilusiones con vosotros.
Buenas noches, queridos todos.
José Ramón.

Por cierto, os informo que he abierto una nueva página de facebook en la que encontraréis los enlaces a las entradas que vaya publicando aquí. El enlace es: https://www.facebook.com/Jos%C3%A9-Ram%C3%B3n-de-Cea-Cuentos-Dreams-100964966996682/


(Ilustraciones de Tania Rico Fernández reservados los derechos de autor http://www.tristania.es/ http://artenuntris.blogspot.com.es/ https://www.facebook.com/tristaniarico )