jueves, 16 de agosto de 2018

Markus: un circo especial






Hola, amigos, en este día caluroso en España, como casi todos los de este mes de agosto. Es lo que toca…pero se hace duro, sobre todo cuando, en algunas partes de nuestra bonita geografía, queremos conciliar el sueño. Pero, es lo que tiene el verano, además de ser un tiempo en el que aprovechamos para descansar, unos, para viajar y visitar lugares a los que siempre nos ha apetecido acercarnos, otros. El verano siempre es deseado y aunque tarda en llegar, pues nunca vemos el momento de sentirnos libres con los pies metidos en el agua salada, o dulce, o dentro de unas botas por un sendero maravilloso, se va rápido. El verano se vive con intensidad y por ello, creo yo, es un tiempo de encuentros, pero también de desencuentros y, a veces, de encuentros deseados y no encontrados. El verano es todo eso, al menos para mí.
Pero el verano, casi siempre, es un tiempo para el ocio y la diversión compartida en el entorno de nuestros amigos o nuestra familia. Y de eso va la entrada de hoy: de compartir ocio con los que más queremos. En este caso, de compartir diversión, alegría, sueños, ilusiones (¡como el nombre del blog!...por algo será…), magia, sensaciones…todo ello bajo la gran lona de vivos colores que protege la pista central de un circo. Qué bonito es el brillo de la ilusión en los ojos de los pequeños y en los de los que ya se nos pasaron esos años. Fijaros, yo me atrevería a decir que nuestros ojos, los de los mayores, son los más receptivos a ese brillar de pupilas en las que se refleja la magia, la diversión, la tensión y la ilusión que se vive en una función de circo, aunque sea la del más humilde de todos los que recorren, en este tiempo, el mundo entero llevando, con mucho esfuerzo, sus almas errantes y sacrificadas, pero vocacionales, para ilusionar a las gentes que abarrotan sus gradas durante las fiestas locales. Yo los veo como portadores de ilusiones que llenan nuestros corazones.
Todavía recuerdo, cuando releo mi historia y, sobre todo, cuando la escribí, aquellos años de mi infancia, siempre en Navidades, en las que se veían por las paredes multitud de carteles de colores especiales y muy llamativos con fotos de lo que traía ese año el Circo que ya se estaba instalando en la explanada de siempre. Era una ilusión que, todavía ahora, cuando la recuerdo, me hace revivir ese estado como si tuviese aquellos 8/9 años.
Sí, hoy la entrada va del Circo, en este caso del circo Markus. Los antiguos de este blog ya lo tenéis localizado. Sí, es el circo protagonista del cuento “¡Qué empiece el espectáculo!”. Si os apetece podéis volver a releer lo que en su momento escribí sobre él. Solo tenéis que buscar esas entradas en el índice, por años y por meses, que podréis encontrar en la columna lateral derecha de vuestra pantalla. Seguro que habéis reparado en que la cambié añadiendo nuevos enlaces e información y borrando los que no nos servían de mucho. Espero, por cierto, que este nuevo formato sea de vuestro agrado.
Pues bien, hablemos del cuento.
El proyecto que teníamos la ilustradora que hizo aquellas bonitas ilustraciones, que podéis admirar de nuevo en las entradas que os he comentado, y yo, finalizó por razones que no vienen al caso. Eso me ha permitido reflexionar sobre lo que representaba y transmitía aquella historia. Soy consciente de los tiempos en los que vivimos, en los que se cuestionan muchas cosas y se ponen en entredicho otras muchas, aunque con ello se roce la ridiculez y se haga gala de un progresismo mal entendido. Pero, como digo, es nuestro tiempo y nos guste o no debemos vivir en él y en él nos toca pelear, sufrir y disfrutar. Así las cosas y siendo consciente de esta realidad, quise revisar el cuento. Así lo hice y creo que quedó mejor: más acorde a los tiempos que vivimos, como os digo, pero sin olvidar aquellos años, en cierto modo, añorados. La historia tiene una mayor riqueza y sigue intacto el espíritu del Circo. El título también tenía que cambiar y es el que da nombre a esta entrada. Me gusta como ha quedado todo el conjunto.
Una vez re-redactada la historia, me puse manos a la obra para encontrar una ilustradora adecuada y creo que tuve bastante suerte. Ella es Isabel Lozano Rodriguez y ya ha empezado a diseñar el personaje que en el cuento es el Maestro de Ceremonias y abocetado una de las ilustraciones que servirán de embajadoras cuando podamos empezar a contactar con editoriales. Ésta que menciono es la que abre la entrada, como habéis podido imaginar.
De Isabel os traigo algunas imágenes de otros trabajos en los que ha participado para que admiréis su arte. 

 

A ella quiero, desde aquí, agradecerle que haya querido apostar por el circo Markus y compartir conmigo este proyecto que seguro hará las delicias de muchos pequeños y, por supuesto, de muchísimos mayores que, como yo, recuerdan con melancolía aquellos años en los que grandes circos visitaban nuestras ciudades cargados de ilusiones y diversión.










Os dejo con el circo Markus. Coged las palomitas y atentos que ya sale el maestro de ceremonias.
José Ramón.


En aquellos días el circo MARKUS, protagonista de esta historia, tuvo que enfrentarse a su filosofía de vida y apostar por sacar adelante unos animales que nunca debieron estar en cautividad.
Muchas veces la vida nos hace tomar decisiones que, aunque contrarias a nuestros deseos e intereses particulares, atienden a un bien superior. Éste es el caso del circo MARKUS, en el que la historia que se cuenta pone a prueba a sus componentes que, haciendo gala de virtudes como el compañerismo, el espíritu de equipo y el espíritu de superación ante la adversidad, logran sobreponerse a la situación a la que se enfrentaron.
"MARKUS: un circo especial" es una historia entrañable, con un final inesperado, sobre la vida nómada de un circo, sobre sus gentes y sobre su dedicación y vocación permanente a ofrecer lo mejor de ellos allá por donde iban acampando.



El viaje había sido frío y largo, muy largo. Conseguir llegar al este más este de Europa no fue fácil, acarreando todo el material, formando una interminable columna de caravanas y camiones cargados hasta lo impensable: rebosando de telas, lonas y qué sé yo qué materiales específicos que parecía que en cualquier momento iban a salir despedidos y quedar desperdigados por la carretera, si no es por las gruesas cuerdas que los abrazaban seguros a los enganches de los camiones.

Todo en aquel circo se hacía bien. Era el mejor de los que por aquel entonces vagaban de pueblo en pueblo, visitando ciudad tras ciudad y cosechando éxito tras éxito en todos los países por los que pasaban.

No fue fácil llegar tan lejos con las familias y todos los trabajadores que entusiastamente trabajaban en el circo Markus. Todos ellos sabían que el espectáculo que ofrecían era muy apreciado en los países del tipo al que habían llegado y por ello se pusieron en marcha hacía casi dos semanas.
Sí, el circo Markus era un gran circo: contaba con los mejores artistas mundiales que desafiando la gravedad en sus actuaciones ponían en vilo los corazones de todos los que ocupaban sus gradas; sus hombres más fuertes levantaban los pesos que jamás nadie pudiese imaginar fuesen capaces de hacerlo; los magos hacían desaparecer todo lo que se proponían y traían al escenario, de no se sabe dónde, los animales y objetos más inesperados. ¿Y qué me decís de los payasos?: no tenían un momento fijo de actuar según el programa del espectáculo; de pronto aparecían de entre el público y provocaban las más grandes carcajadas que se habían nunca visto en los lugares por los que el circo Markus iba pasando. Ellos siempre se encargaban de cerrar la función para dejar ese poso de felicidad que tanto gustaba a su público.
Y me preguntaréis: ¿El circo Markus no tenía animales? Ya os he mencionado que contaba con artistas reconocidos mundialmente y que sus actuaciones estaban basadas única y exclusivamente en sus habilidades. Eso no quería decir que no les gustasen los animales. Al contrario: eran amantes de las bestias y criaturas que solían ir con otros circos y de hecho les encantaba el poder llegar a trabajar con ellos, conscientes, además, de que ello les reportaría muchos más beneficios que los que obtenían en la actualidad. ¿Entonces, tenían o no tenían animales? Pues ya he dicho que no. Hace unos años, reunidos los responsables del circo, como siempre lo hacían cuando tenían que tomar decisiones importantes, decidieron que un circo, por el espacio que tiene, no es el lugar más adecuado para tener animales como elefantes, jirafas, camellos, cebras, monos…etc., y por unanimidad determinaron que el Circo Markus no era el lugar adecuado para tener animales en cautividad, por muy bien que los fuesen a tratar, que lo harían. A pesar de esta importante decisión que afectaba a su economía, como he mencionado, nunca criticaron a los circos que sí ofrecían números con animales, por cierto, de gran calidad y con bestias muy bien cuidadas.
El viaje se hizo agotador. Llegaron a un pueblo…………………………………………

  Esa noche, el equipo encargado de recoger se puso manos a la obra: para el desayuno debían tenerlo todo empaquetado y listo para la marcha.
La noticia llegó cuando estaban a punto de partir los primeros vehículos cargados: el pequeño zoológico del pueblo está en unas condiciones deplorables; los animales casi no son alimentados porque sus desalmados cuidadores los abandonaron a su suerte hace unas semanas. Las arcas municipales no pueden hacerse cargo de la alimentación de los desdichados animales. Todo esto les contaban los integrantes de una comisión municipal que, encabezados por su alcalde, les bloqueaba el camino.
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Llegó el día del debut del “nuevo” circo Markus.  Estaban en fiestas, las Patronales de la Villa, y el circo acampó en sus afueras. Disfrutaban por aquellos lugares de una bonita tarde de sábado y no cabía un alfiler bajo su gran carpa de franjas rojas y blancas -como si del forro de un viejo colchón se tratase-. Todos los componentes del circo estaban muy nerviosos, corriendo de aquí para allá, mirando entre las grandes lonas que daban paso a la pista central para comprobar si habían sido capaces de llenar todas las gradas. …………………………………………………………………………
La expectación era máxima y se notaba reflejada en las miradas de los niños que abarrotaban las gradas y esperaban impacientes el inicio de la sesión. Todo eran risas, preguntas sin respuestas, gritos…La espera, entre el comer de palomitas, el dame un puñado más de pipas, y el estate tranquilo que ya empieza pronto, se hacía interminable. Los padres no sabían cómo retener a sus hijos presos de una excitación difícil de disimular.
¡Se apagaron las luces!
Un rumor recorrió los distintos niveles del graderío que se alzaba próximo a la pista, casi encima de ella, para poder hacer llegar ese calor y aliento que tanto necesitaban y necesitan los artistas en su puesta en escena. Casi al instante se abrió la cortina en el pórtico de acceso al escenario y una luz azulada, intensa pero con el brillo y calidez necesaria para la ocasión, se posó y abrazó amablemente al personaje que hizo su entrada vestido con  reluciente frac y chistera a juego; guiándole al centro de la pista.
–¡Señoras y señores, niñas y niños, queridos todos, bienvenidos al mayor espectáculo del mundo! Hoy, el circo Markus, tiene el honor de presentar ante ustedes…–así prosiguió durante unos minutos en los que consiguió aumentar el grado de nerviosismo de los más pequeños– ¡Qué empiece el espectáculo!  –concluyó al fin, y las luces se apagaron.
Todos salieron muy excitados por lo que habían visto y disfrutado; el lleno fue absoluto y el espectáculo rozó la perfección: sí, el mago, los equilibristas, los artistas sobre bicicletas de una rueda, los payasos,…todos eran espectaculares; pero los animales……………………………………




miércoles, 11 de julio de 2018

UN TEMPLETE PARA UNA CITA







Siempre se me echa el tiempo encima cuando espero algo con mucho interés o ilusión, llamadlo como queráis. No mido el tiempo cuando hay algo que tiene parte de mi mente en un reservado.
A las ocho y media de la tarde, cuando el Sol pensaba más en la Luna que en el día, como todos los jueves de estos meses de verano en los que ya estamos sufriendo la cárcel de la ciudad, era la hora en la que la banda titular municipal nos convocó para disfrutar todo tipo de repertorio que, subida en su vetusto y elegante templete del parque, el más grande de los que dan un respiro al hormigón, semana a semana nos hace disfrutar.
Su director es nuevo y tengo entendido que está haciendo sudar a sus músicos, no por el calor que, como digo, es grande y afecta a sus instrumentos, sino porque le está dando, desde que ha llegado, una mano de calidad al repertorio que solían presentar: trata de ponérselo difícil y eso a gente acomodada no gusta demasiado…pero a nosotros, los oyentes, nos encanta. Para mí, y por eso suelo ser de los asiduos, me está enseñando mucho. Antes, con el anterior director siempre se me veía, como al resto de los allí sentados, mover mi pie, colgando por mis piernas cruzadas, moverse rítmicamente (sí, tengo ritmo en mi interior que me dice que no hubiese sido un error haberme dedicado a la música en mis años jóvenes…ahora lo tengo más difícil…otros hobbies me absorben demasiado) pues muchas de las obras me eran conocidas aunque, confieso, no soy capaz de identificar ni autor ni nombre…y no digamos años en la que enmarcarla. Pero las conozco y tarareo. Ahora, con el nuevo, todas son un descubrimiento. Y a veces me pasa como cuando oigo alguna canción nueva de alguno de mis cantantes de pop, latinos, etc., favoritos, que me parecen que fue compuesta para mí…¿No os ha pasado esto alguna vez? Pues en esas estaba cuando vi la hora y pensé que no llegaba.
Ya, con paso firme, llegué a la altura de donde podía ver al oboe iniciar la comprobación de afinación de toda la banda, con su sonido de “piano a forte” tan característico. Bueno, me dije, llego a tiempo. Ahora lo difícil: encontrar sitio en alguna de las blancas sillas de plástico repartidas ordenadamente frente al bonito templete que todavía no tenía encendidas las luces interiores. Estaba “petado”. Mientras buscaba alguna zona más clara, miraba a todos lados, a los caminos del parque que accedían al templete…buscaba a alguien que esperaba ver aparecer; alguien muy conocido que ni yo sabía de quién se trataba…tenía la sensación de que podría aparecer.
Allí parece que hay dos vacías…pero están embutidas casi en el espacio de una. Es igual, solo necesito una y espero que nadie más se siente cuando vea que vamos a estar tan apretados.
¿Señora, está libre alguna de esas dos?
Me miró y con la cabeza hizo un movimiento que quise entender que estaban libres. Pasé como pude, entre piernas y rozando, casi empujando, los respaldos de las de la fila de delante. ¿Seguro que me ha dicho esta señora muda que están libres?
¿Están libres, señora?, volví a preguntar para asegurarme, sin dejar de restregarme con todo lo que, en el estrecho camino hacia mi asiento, me dificultaba el movimiento. Incluida la señora. Esta vez me contestó con otro movimiento de cabeza a modo de siesnoes.
Se acabó. Me senté. La miré de reojo para ver si se cabreaba o me decía algo. Nada.
De pronto todos empezamos a aplaudir pues ya salía el director y nos saludaba. Aproveché para mirar en rededor y ver si había aparecido ya quién tenía la sensación de estar esperando. No, todavía no. Desde aquí no domino todo el patio de butacas sobre la arena y no tengo la certeza si, quien se supone debería venir, ya lo ha hecho y está en su asiento de plástico y viendo todo mi ajetreo.
Empezó la música. El día ese el programa estaba dedicado al género de la Zarzuela, excepto la última de la segunda parte del programa que fue un repaso maravilloso sobre Ennio Morricone. Empezó a sonar El Barbero de Sevilla.
Yo estaba muy, muy incómodo. Por un lado la segunda silla de mi izquierda, vacía, y casi soldada a la mía. Aquello parecía una silla doble. A mi derecha la señora siesnoes abanicándose; bueno abanicándome también a mí…mejor dicho, amenazando el darme un abanicazo. Yo inclinado a mi izquierda y gracias que el asiento de mi silla doble seguía vacío. En todo ese ajetreo el público disfrutando del Barbero. Yo también hasta que me empezó a llegar un olor penetrante, de algo recocido. Un olor a axila que no ha tenido la suerte de disfrutar del agua corriente ni de un buen Rexona desde hace unas cuantas semanas. ¡Lo que me faltaba! Miré de nuevo buscando a quién creo que deseaba apareciese, pero más por escapar del nuevo perfume que por la curiosidad de encontrar a alguien que no sabía muy bien quién podría ser.
¡Ya lo identifiqué! La señora siesnoes es la que necesitaba un lavado urgente.
Estaba yo en esas cuando otra señora, de esas que vienen muy tarde sin darse cuenta que molestan mucho, sobre todo cuando el espectáculo es de música, se me acerca por la espalda y me pregunta si la silla está vacía. ¡Pero si no la va a poder sacar ni sentarse! ¡ O ella o yo!, pensé mientras le respondí que sí. Debía haberlo hecho con un siesnoes y a ver si desistía y se iba. Pero no. Desembutió la silla hacia atrás todavía me estoy preguntando cómo lo consiguió y se colocó, ni en la fila de atrás ni en la mía. Lo hizo justo en medio, con un par de…y las piernas a mi lado y empezó a abanicarse con brío. Así, de esa forma, el olor de la siesnoes que circulaba con prisa de mi derecha hacia la izquierda, pasando por mi nariz, regresaba inmediatamente de mi izquierda a la derecha pasando de nuevo por la nariz. Vamos que fue como si mi sufrida nariz estuviese metida justo pegada a la axila de mi pulcra vecina de la derecha.
De pronto aplausos y varios músicos con una actuación relevante en la obra que acababa de terminar fueron levantándose a la orden secuencial del director para recibir el reconocimiento del público entusiasmado por como sonó el de Sevilla. Yo aproveché: cogí mi silla y con paso firme huí del lugar en el que se había creado tan especial micro clima. Me senté fuera de límite de colocación de las sillas y respiré.
Aproveche para colocarme de tal forma que dominaba casi todo el auditorio y los accesos al mismo y así controlar con poco esfuerzo la llegada de quien esperaba.
Allí podía ver todo lo que pasaba en el primer gran grupo de sillas.



Ssshhhsss, señora ¿puede callarse de una vez, que no ha dejado de hablar desde que ha llegado? dijo uno que ya estaba harto de oír a unas señoras entradas en años que estaban allí hablando de sus cosas, todas a la vez claro, y sin escucharse una a la otra.
Cállese usted y mire para adelante contestó la interpelada toda llena de razón.
La cara de odio que le dedicó aquel caballero pudiera haber sido un buen modelo para un experto pintor de guerras.
Al final ellas bajaron la voz…pero no pararon. Él se levantó y se fue, no sin antes desearles los siete males con la mirada más aterradora que fue capaz de encontrar en su repertorio de miradas ofensivas.
Es lo que tienen los conciertos al aire libre. La gente con nula cultura musical se piensan que son sitios donde ir a charlar con sus amigos, con música ambiental en vivo de fondo.
Yo disfrutaba de la música, de haber escapado del micro clima, de ver todo lo que pasaba entre el público y de poder detectar la llegada de mi…no sé cómo llamarle.
El descanso pasó como un suspiro: me levanté y recorrí silla a silla con la mirada; intercambié algún me ha encantado lo que habéis tocado con varios de los músicos a los que conozco, y ya.
El director salió para la segunda parte. Era la hora del Barberillo de Lavapiés.
Nada digno de mencionar durante aquel segundo acto, excepto lo que le pasó a aquel niño entrado en kilos que no paraba de dar la paliza y que nos mostraba, a todos los que estábamos por allí, su canalillo trasero que asomaba por un pantalón doce tallas más pequeñas que la suya…o algo así. Incluso alguno de los músicos que estaban en el borde del templete sentados le decían con el dedo que se callase.
Mamá que quiero un bocadillo, que tengo hambre, decía una y otra vez. Además era uno de esos niños odiosos con una voz de pito que se te mete hasta la base del cráneo. Creo que todo el área derecha del público estaba más pendiente de si la madre cedería o no. Ella no cedía y el niño de lado a lado, pisando a los que estaban sentados cerca de su madre, diciendo una y otra vez: ¡¡Qué quiero un bocadilloooo!! …¡Plaf! Todo el mundo se cayó, incluso aquellas que mandaron a la porra al caballero. ¿Qué había sucedido? Pues que le cayó un soberano sopapo en el cogote al impertinente mequetrefe que lo dejó mudo y como una estatua. Nadie supo de dónde había llegado semejante mandoble. Yo sí, claro. Se lo había dado uno de los que llamamos cariñosamente abuelo, de la vieja escuela, claro. A él, el molesto niño, había pisado varias veces. Nada más ejecutar la sentencia que todos los que estábamos allí habíamos emitido interiormente, aunque nunca lo hubiésemos confesado, se agachó haciendo como si se colocase algo en sus zapatos o recogiese unas llaves que deliberadamente había dejado caer al mismo tiempo. En ese momento la música dio por concluido el concierto y todos aplaudimos a rabiar. Los del ala derecha al tipo que hizo justicia.
Vaya, por allí viene Santiago y su mujer. ¡Qué alegría veros! ¡Cuánto tiempo sin saber nada de vosotros! Les dije cuando se acercaron ante mi discreto saludo. Estuvimos un rato más o menos largo hablando. Me alegró saludarles pues fueron importantes en una época de mi vida por estos lares. Quedamos en vernos más a menudo, sabiendo que si te quieres ver quedas para un día y ya está. Cuando dices “a ver si nos vemos uno de estos días” es que no tienes intención de volverte a ver en breve. Eso se dice muy frecuentemente y yo no lo soporto…aunque caigo en el error de decirlo…la costumbre es una losa que nos cuesta, a veces, mucho soslayar. Nos despedimos cariñosamente.
Yo seguía esperando.
Las luces del templete ya se habían encendido. Las del parque también. Miré mi whatsapp…Era hora de volver a casa y cenar. Mañana iba de nuevo a amanecer.

Espero os haya gustado, mis queridos seguidores.
Hoy más que nunca, no dejéis de soñar ni de ser felices.
Buenas noches.
José Ramón.




martes, 10 de julio de 2018

¡AMAZÓN ya gestiona LA NOTA QUE FALTABA!




Amigos, ¡muy buenas noticias para "La nota que faltaba"! Amazon ya lo distribuye directamente. Es decir que ya es posible el envío internacional a través de Amazon, Antes aparecían en Amazon porque Kolima, mi editorial, u otras librerías, los ponían en su market, pero ahora es Amazón el que lo gestiona directamente. Realmente un paso muy importante que nos habla de la calidad de nuestro trabajo. Gracias a la distribución mundial que ellos tienen puede ser más asequible para todos los amigos de fuera de nuestras fronteras.
Y, por supuesto, para los que residen en nuestra España también.



Ya solo me queda recordaros que a todo el que lo adquiera solo tiene que decírmelo y le envío la dedicatoria en un pdf. Ya lo he hecho en bastantes casos y creo que ha gustado.
Este es el link de Amazón en esta nueva forma de distribución y posibilitar la llegada a todo rincón del globo:






domingo, 1 de julio de 2018

SEGURO QUE SABES QUIÉN SOY...







Buenas noches mis queridos seguidores. No sé si os pasa a vosotros pero a mí, al menos, sí: siempre que me topo con alguien, desconocido para mí hasta ese momento, suelo crearme la figura de cómo parece ser esa persona que llega nueva a mi vida, quizá por unos segundos tan solo pues únicamente nos hemos intercambiado la hora. Incluso para eso, yo, construyo esa imagen; más completa cuanto más dura el momento en el que interaccionamos por primera vez. Y ¿sabéis? Pocas veces me equivoco. Lo encasillo, transitoriamente hasta que me demuestre lo contrario, dentro de uno de los “modelos tipo” que me he creado gracias a mi profesión en la que, por suerte, creo que ha sido así, he tenido oportunidad de tratar con muchísima gente, todos de “su padre y su madre”. Porque todos somos de nuestro padre y nuestra madre. Decía alguien que todos tenemos lo nuestro…y es verdad, pero también es cierto que unos más que otros. Una vez tuve un desencuentro con alguien muy cercano a mí, que me hizo una faena, bueno, que no se portó demasiado bien y la defensa que hacía de él otra persona era que “José Ramón también tiene lo suyo”…probablemente sí, yo también tengo lo mío pero…¡vaya geta que tenía la que dijo eso!
Bien es verdad que, a veces, me he equivocado respecto a esa primera impresión —pero pocas, no os creáis—. Pero eso me ha pasado porque he mezclado el corazón en esa relación y cuando se mezclan los sentimientos aparece como una neblina que envuelve la parte más fría de tu cerebro y la duerme mientras el corazón campa a sus anchas…y a veces en dirección errada. Siempre lo he pensado: el que se conduce por la vida apoyándose en los sentimientos y la química…tiene muchas posibilidades de equivocarse. Yo soy de estos…Lo siento, pero es que pongo siempre el corazón en todo lo que hago.
Hoy he estado en un evento entrañable en el que acompañaba a un amigo que iniciaba una nueva etapa en su vida y se me ha acercado una de esas personas que ya te han encasillado…reconozco que yo también la encasillé…y esta vez la puse en el “cajoncito” equivocado…bueno, pues lo que os cuento, se me acercó y alguien le dijo que escribía cuentos: la cara de sorpresa que puso fue digna de selfie viral. No le cuadraba esta afición o hobby, llamadlo como queráis, con mis obligaciones profesionales. Qué extraordinario, cerebro y corazón unidos, me decía. Y por qué eso no puede darse, le contesté. Por la cara que puso se podría decir que acababa de encontrar un mirlo blanco…sí, ya sé que lo soy, jajajajaja. ¡Vaya tela! Me había encasillado y rápidamente me salí del rincón en el que me metió. No, no tengo cerebro por mi profesión ni corazón por mis letras. Necesito ambas para ganarme la vida y ambas para escribir y llegar a vuestros corazones…sí, y a vuestros cerebros también. ¿Por qué en esta sociedad siempre se separa por un lado lo técnico, la acción, el riesgo, la fortaleza y, por qué no, la rudeza de la vida de la ternura, la delicadeza y el corazón? ¿Por qué valoramos como más auténticos a aquellos cuyos hábitos están relacionados con la cultura y las causas sociales, ONG,s, etc. y despreciamos, muchas veces, a los que se ganan la vida haciendo cosas que esta sociedad moderna ha estigmatizado; cosas que no brillan y que están poco relacionadas con mundos idílicos? ¿Por qué pensamos que, por ejemplo, un basurero, y que me perdonen estas personas sin las cuales no podríamos vivir y que tienen todos mis respetos, no puede escribir cuentos infantiles que hagan estremecerse a padres y niños? Qué poco sabemos de la vida y qué mal hacemos lo de encasillar adecuadamente a la gente con la que nos cruzamos diariamente. Qué poco sabemos de la naturaleza humana y de esos supuestos balances químicos perfectos que nos dan forma y nos ayudan en nuestras relaciones.
¿Seguro que sabéis quién es quién por sus acciones y ocupaciones? Yo escribo porque lo siento dentro, porque os quiero contar cosas en clave infantil —a veces lo hago utilizando otras claves, lo sé, sobre todo antes, como ahora, de hablaros de literatura infantil—, porque quiero llegar a vosotros con mis historias. Que apasionante es dejar que alguien se acerque a ti, sin prejuicios y composiciones viciadas por la experiencia vivida, que se muestre como es y, paso a paso, gota a gota de esta vida que pasa veloz, que seamos capaces de llegar a saber quién es, si tiene corazón o cerebro o ambas cosas a la vez…
Hoy lo que os traigo es una historia de las más antiguas en el blog y, como ya conocéis muchos, la primera que escribí. Seguro que sabes quién soy… tiene una nueva ilustradora. Alejandra Giordano es argentina y el nombre por el que le gusta que la llamen es Alita (https://www.facebook.com/profile.php?id=100018561073299 https://www.instagram.com/alita.ilustradora http://alitailust.blogspot.com/. Todos los derechos reservados). Juzgad vosotros lo gran artista que es, entrando en sus páginas. Yo solo no puedo dejar de agradecer el que haya querido compartir conmigo este proyecto que, por problemas con la anterior ilustradora, no creí que pudiese encontrar a alguien que fuese capaz de poner en un papel la gran carga emocional que tiene este juego de palabras que es Seguro que sabes quién soy… Gracias, Alita, por tu implicación en nuestro proyecto y por poner tu arte muy cerca de mí. ¡Ah, y bienvenida a esta página de cita con la literatura infantil, concretamente, en la modalidad de álbum ilustrado!
Creo que, ahora sí, esta historia ha encontrado a su ilustradora y ambos, Alita y yo, estamos seguros que pronto estará editado.
Disfrutad esta nueva imagen que os traemos, Alita y yo, y embriagaros del cerebro y el corazón que en ello hemos puesto. Esperamos que os guste.
Una vez más os deseo buenas noches y qué sigáis soñando y siendo felices.
José Ramón.



  Seguro que sabes quién soy… es un relato basado en un juego de pistas encaminadas a la resolución de la adivinanza que se presenta de manera íntima en el protagonista, anónimo, de la historia.
  Es un relato corto, muy corto, pero con una alta carga de sensibilidad y, aun no queriendo inicialmente, de romanticismo.



Me gustaba contigo saber de ti…
Me gustaba sin ti, verte a través de otros ojos…
………………………………………………………………..
Jugaba contigo a lo que más te gustaba…          
Compartía contigo tu desagrado por lo que no te gustaba…

¿Sabes ya quién soy?



Quería querer a quien querías, y consolarte cuando a quien querías, no te correspondía…
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Me necesitabas y sin mí no eras nada…
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  ¡¡¡Sé que lo adivinaste!!!…
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miércoles, 6 de junio de 2018

En la Feria del Libro de Zaragoza con "La nota..."





Hola, mis queridos seguidores. Ya estoy de nuevo con vosotros queriendo compartir con todos otra de mis jornadas inolvidables. La verdad es que todas en las que haya estado muy metido en mi primer álbum ilustrado lo son. Sí, os quiero contar cómo transcurrió aquella tarde maravillosa en la que tenía un sitio, muy acogedor, reservado para poder intercambiar palabras y sentimientos con todo aquel que tenía a bien acercarse y al que le entretenía unos minutos hablando de lo que más me gusta: de La nota que faltaba. Así es, este fin de semana pasado, como ya sabéis los habituales de esta ventana, volvía a disfrutar de una jornada de ilusiones y satisfacciones. El meterte en el mundo de la Literatura Infantil es como introducirte en un túnel del tiempo que te lleva a una época sin dígitos. Viajas y no paras de toparte con ideas, historias, momentos, etc. que te permiten olvidarte de tu vida normal, de tu trabajo, que no tiene nada que ver con esta afición por lo sencillo y lo ilusionante. Estuve, el día 2, en la Feria del Libro de Zaragoza hablando sobre lo que escribo, sobre los trabajos que estoy llevando a cabo con “mis” ilustradores (que nadie lo malinterprete, que son “míos” porque son mis compañeros y aprecio un montón su profesionalidad, su arte y su sensibilidad…por eso “me los apropio” J) y, sobre todo, de La nota que faltaba, que fue la protagonista porque estuve allí para dedicar mi primer álbum ilustrado publicado (a ver cuando llega el segundo que ya está al caer). Un cuento que no fue ni el primero, ni el segundo que escribí…ni tampoco estaba entre los diez primeros…pero como se trata de un cuento cargado de sentimientos, valores y gran cantidad de mensajes positivos, se adelantó a todos y encontró el primero una editorial a la que gustó. Algunos de esos mensajes están a la vista, otros implícitos y la mayoría a desgranar y descubrir por los familiares de los más pequeños, que me los imagino en la cama junto a ellos leyendo una y otra noche lo que le pasó a Sax, el protagonista de la historia. Como digo, tiene gran cantidad de mensajes pero no solo se captan a través de la lectura del texto sino que el potencial extraordinario de las ilustraciones hechas por mi compañera en este trabajo, Tania Rico, tienen un papel muy importante en ese descubrimiento de todo lo que en “La nota…” no se ve a la primera.
Pero vayamos por partes.
Parece mentira que, con la cantidad de eventos que llevo realizados con mi “La nota…” todavía me vea inmerso en ese estado fascinante de nerviosismo, los días previos a cada uno de ellos. ¿Sabéis por qué? Pues porque siempre intuyo que cada evento va a ser diferente del anterior…y no me equivoqué tampoco en éste de Zaragoza.
Beatriz Barbero-Gil, magnífica ilustradora, (http://mipezrojo.blogspot.com.es/  https://www.facebook.com/profile.php?id=100005529825194) compañera mía en otro proyecto (https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com/2017/12/luces-de-navidad.html) y dueña de la librería infantil, El Armadillo Ilustrado (https://www.facebook.com/elarmadilloilustrado/), me hizo un hueco en su caseta, la 50 de la Feria, en la que estuve muy cómodo, no solo por su compañía, que nos permitió hablar sobre el proyecto que llevamos entre manos, sino por la distribución del espacio que en principio parecía pequeño y luego no lo fue tanto. Por cierto, os aconsejo que os deis una vuelta por allí (solo en fin de semana) y disfrutéis de los mejores álbumes ilustrados (incluido el mío…que no se os olvideJ) en un espacio agradable y que Beatriz ha sabido organizar, con su sensibilidad, para que el rato que estéis allí se os haga demasiado corto.

El día se anunciaba tormentoso y temía que mi viaje a Zaragoza no sirviese para algo más que poder dar un abrazo a esta encantadora ilustradora. No las tenía todas conmigo pero como me comprometí con ella y con mi editorial, Kolima, pues allí que fui.

Las seis y media era y es la hora a la que las persianas de las casetas que en la Feria se repartían el espacio, frente a la catedral de La Seo y pegado al Ayuntamiento de la ciudad, se abrían tras el parón de la comida. Muy tarde se me antojaba a mí aunque después me alegré pues el calor que pasamos la primera hora, en el interior de la caseta, fue más del que esperaba y eso que me presenté con un niqui. ¡Menos mal!
Cuando llegué, sobre las seis y cuarto (me gusta llegar antes para “reconocer” el terreno y no encontrarme sorpresas…lo hago siempre en todos las situaciones de mi vida), el cielo, con aquellas nubes desgajas que nos daban pistas, a los que allí estábamos, de lo que se avecinaba, proporcionaba un color especial a El Pilar. 


Aproveché para tomar unas fotos y hacer una visita, más corta de lo que suelo hacer cuando voy a Zaragoza, a la capilla donde se encuentra la imagen de “la Pilarica”.
Pues ya preparado en todos los aspectos, el mental, el emocional, el espiritual e incluso el fisiológico…sí, este último también tras haber tenido que escuchar en una cafetería, de las que rodean la plaza, “…lo siento pero los servicios son para los clientes…¿quiere tomar algo?...”. Hay personas, de verdad, que tienen un nulo concepto empresarial. Yo entiendo que a determinada gente no se les deje entrar en los wc de una cafetería, porque siempre estarían sucios…pero prohibirme la entrada a mí, un tipo limpio…¡Cómo son! Rápidamente me busqué otro sitio en el que fuesen más amables y, aunque me dijeron lo mismo, tras mirarme de arriba abajo, me dejaron pasar…¡Lógicamente, amigos!


En fin que, como digo, tras estar preparado en todos los sentidos, me dirigí a situarme donde iba a pasar las dos horas y media siguientes. A los diez minutos de llegar ya tenía firmados dos ejemplares. La tarde prometía.


Recibí la visita de algunos de mis amigos mañicos y de algunos familiares, también, que tengo por aquellas tierras y que fueron los que hicieron algunas de las fotos que hoy os enseño. Gracias a todos ellos por la compañía y el refuerzo anímico que me proporcionaron y que hizo que la tarde fuese muchísimo mejor de lo que ya estaba siendo.
Me gustó hablar de “La nota…” y contarlo innumerables veces, primero a los pequeños que, de la mano de sus padres (siempre aquellos les daban un pequeño empujón en la espalda para que rompiesen la vergüenza que les provocaba mi “¿quieres que te lo cuente?”), se colocaban muy pegados al mostrador, casi con las narices apoyadas en él.


Después, me dirigía a los padres, tíos o abuelos, que de todo se dejó caer aquella tarde por la caseta, y les contaba lo que compartí el otro día con vosotros, en la entrada que precede a ésta, sobre el potencial que tiene en sus páginas este álbum ilustrado.



Todo fue muy agradable aquella tarde, incluida la música  ambiental que englobaba todas las casetas que de soslayo estaban siendo observadas por las figuras goyescas que descansan en la plaza. 


Causalidades de la vida, la música era de saxo. ¡A juego con lo que yo estaba ofreciendo! Estaba feliz. Todo se había aliado para una tarde para recordar. De vez en cuando la música bajaba de volumen y resonaban entre las casetas todos los nombres de los que allí estábamos firmando y dedicando nuestros trabajos. Una gran satisfacción, os lo aseguro.



Recuerdo momentos especiales en los que, por ejemplo, aquella maestra, que no consigo recordar su nombre, aunque lo escribí en la página del libro reservada para mis dedicatorias, me contaba que quería utilizarlo para desarrollar un trabajo que tenía in mente para compartirlo con sus alumnos; o la mirada, muy bonita por cierto, de aquella otra persona a la que conté muchas curiosidades y que, lo hubiese apostado, pensé que tras la charla se llevaría consigo “La nota…” y al final prefirió dejarlo para otro día; o la abuela que pensó en dos parejas de nietos y se llevó sendos ejemplares para los cuatro…¡Cómo son las abuelas!; y los vividos con tantos otros con los que compartí lo que representa este trabajo lleno de valores, música, sensibilidades y, sobre todo, mucho cariño e ilusiones. Estoy seguro que muchos de ellos están ahora leyendo lo que os escribo porque se llevaron consigo mi tarjeta profesional. A todos ellos, les doy la bienvenida a nuestro blog. Espero que lo disfrutéis y os quedéis con nosotros para que cada vez seamos más en este rincón.
La tarde terminó como amenazaba: tormentazo con truenos y lluvia intensa. Desapareció todo el que estaba deambulando entre las casetas y compartí unos momentos de charla con los que allí nos encontrábamos y que regían la caseta de enfrente o la de al lado. La lluvia, aquella tarde, llegó en el momento oportuno para el cierre de la Feria, y yo me despedí de una etapa más en el camino de La nota que faltaba. Solo me queda agradecer a mi compañera, Bea, lo agradable de la tarde y que me haya permitido compartir esos momentos en su caseta. Muchas gracias, amiga, y espero que la Feria termine para ti muy bien, que te lo mereces.


Y a todos vosotros, espero que este relato, quizá un poco, o un mucho, más largo de lo habitual, os haya podido meter virtualmente conmigo en esas sensaciones que viví en la caseta número 50 de la Feria del Libro de Zaragoza junto a mi encantadora compañera, Beatriz.


Un cariñoso abrazo para todos los que estáis aquí conmigo y recordad que debéis continuar soñando y siendo felices.
José Ramón.


martes, 29 de mayo de 2018

El porqué de "La nota que faltaba"





Hola a todos, queridos amigos y seguidores de todo lo que transmito a través de mis proyectos de álbumes ilustrados. Estamos en época de Ferias importantes del Libro, como os voy contando, e intentando animaros a que os hagáis, si no lo tenéis, con un ejemplar de "La nota que faltaba", porque sinceramente creo que merece la pena. De hecho, creo que ya deben de quedar pocos de la primera edición. Por ello, os quiero hablar del porqué merece la pena adquirir mi primer álbum ilustrado,  especialmente en esta oportunidad de adquirirlo en el entorno de una Feria del Libro. 
¿Por qué es una buena opción hacerse con "La nota..."? Pues os cuento las tres razones por las que no solo es un buen libro para niños, de unos cuatro años en adelante, sino para mayores también:
   


 Como sabéis estoy aprendiendo a tocar el saxo y, aunque no con la constancia que debiera -en la escritura empleo mucho de mi tiempo libre-, llevo unos siete años. Un día decidí que quería escribir un cuento en el que el protagonista fuese un saxo como el mío, y así lo hice. Quise que el cuento no solo fuese una historia, más o menos divertida, que os aseguro que lo es, sino que tuviese un fondo importante de lo que hoy, muchos de nosotros, echamos en falta: los valores. Sí, mi primer álbum habla de valores; habla de la amistad, de compañerismo, de generosidad, de trabajo en equipo, de constancia y sobre lo importante que es el alegrarnos por los éxitos de los demás...en España ya sabemos cuál es el defecto nacional... Eso lo consigue este álbum, y lo hace de una manera en la que el lector lo capta casi sin darse cuenta...que es como las cosas se quedan y salen a relucir en los momentos de la vida en los que nos enfrentamos a circunstancias similares a las descritas en el relato.
El segundo de los aspectos que quise conseguir es que sirviese para estimular la lectura de los más pequeños. Eso lo consigue con textos amplios y con palabras, sin ser básicas de niños, simples y fáciles de entender. De esta manera se consigue que el niño lea, entienda y amplíe su vocabulario básico. Por ello, también, es tan atractivo para los mayores que no solo disfrutan con su lectura sino que lo hacen cuando lo cuentan a sus pequeños. Os aseguro que no son pocos los libros que he firmado y dedicado a personas mayores a los que ha enganchado la manera de escribir y con la que transmito sensaciones.
  

  
Un aspecto relacionado con este asunto es que, por la forma en la que está escrito y los personajes que tiene, gusta mucho a los padres cuando lo cuentan a sus hijos y les permite, cada noche, inventar historias paralelas con esos personajes y basadas en la trama del cuento.
La tercera razón, y no pretendida cuando le estaba dando forma, es el importante refuerzo que representa para los chavales que están dando sus primeros pasos en la enseñanza musical: el cuento habla de las "tonalidades" de los instrumentos: aspecto básico de la música y de las primeras cosas que se aprenden. Por ello, y ha sido una gran sorpresa, el cuento se está vendiendo mucho en escuelas de música y tiendas especializadas.
Por último, añadido a todo esto, decir que el álbum cuenta con unas extraordinarias ilustraciones que enamoran de Tania Rico, mi encantadora compañera asturiana en este proyecto.

Bueno, pues esto era todo para ilusionaros a la hora de haceros con mi primer trabajo del que estoy superorgulloso y que espero poder firmar a alguno de vosotros, en directo o a través de pdf.

Espero haberos ayudado en vuestra decisión en esta época en la que ya tenemos las vacaciones a la vista.
  

  
Por último, deciros que si lo pedís a mi Editorial, Kolima, os lo envían en España sin gastos y en muy poco tiempo (creo que en 48 horas podéis tenerlo en casa). La web os la recuerdo:
https://www.editorialkolima.com/produc…/la-nota-que-faltaba/
Un abrazo, queridos todos y no dejéis de soñar y ser felices.