sábado, 2 de marzo de 2019

LA NOTA QUE FALTABA en una lista importante de libros recomendados




Queridos amigos de este blog, hoy os traigo una gran noticia que seguro que os alegrará a todos vosotros. Estoy seguro de que, sobre todo, os alegrará a los que ya tenéis en vuestras manos mi primer álbum ilustrado. "La nota que faltaba" está en la lista de los cinco libros que fomentan la creatividad y la amistad entre los niños. Ello es según El País. No puedo estar más de acuerdo con ello pero, lo que me llena de orgullo, y estoy seguro que a vosotros también, es que un periódico de tirada nacional y leído en todo el mundo de habla española, tan prestigioso como El País, lo haya colocado en el ranking mencionado. Aquí os traigo el enlace de la noticia para que lo disfrutéis:
https://elpais.com/elpais/2019/02/27/mamas_papas/1551263176_301709.html
Bueno pues ya me despido de vosotros no sin antes deciros que en breve os hablaré de nuestro trabajo que ya está en el proceso de edición. Me refiero a “Ciriaco y el caracol” que, si Dios quiere, será publicado por editorial Célebre. Hasta entonces, buenas noches y, por favor, no dejéis de soñar y de ser felices.
José Ramón.

domingo, 23 de diciembre de 2018

VIENTO DEL SUR






Hola, queridos amigos de Cuentos & Dreams, nuestro espacio para la tranquilidad y para el viaje a nuestro mundo, cada uno al suyo, a ese que le evoca lo que aquí lee y disfruta. Estamos ya llegando al final de 2018 y quiero traeros uno de mis cuentos, como ya sabéis, favoritos. Me refiero a “Viento del sur”. He estado un año y medio sin hablaros de él pues estaba circulando por editoriales y, sobre todo, participando en un importante concurso en el que no hemos tenido suerte. No creo mucho en los concursos, la verdad, pero mi compañera en este trabajo y yo pensamos que podría “sonar la flauta” y nos pusimos mano a la obra y presentamos nuestro proyecto de manera excelente, bajo nuestro punto de vista. Nos dio la sensación de que buscaban un perfil de álbum distinto al que nosotros presentamos…pero, bueno, eso es lícito y no hay nada que decir. Lo que sí os puedo decir que esto nos hizo ganar experiencia en este tipo de asuntos que, yo al menos, no tenía ninguna. Así es que bien empleado el tiempo y dinero que empleamos en presentar un buen trabajo que, sin duda, nos servirá para el futuro. Marta Sedano, mi compañera en el proyecto (http://www.martasedano.com/) (todos los derechos reservados), y yo estamos seguros de que “Viento…” saldrá a la luz más pronto que tarde porque la historia repleta de valores (hablaba sobre ella en la entrada del 13 de julio de 2017 y os recomiendo que volváis a ella. Aquí tenéis el enlace directo:
 https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com/2017/07/nuevo-viento-del-sur.html) y tiene una calidad artística extraordinaria. Hoy podéis ver parte de ella en esta entrada.
Pues nada más, mis queridos seguidores. Os envío un cariñoso abrazo en este día previo a la Nochebuena.
José Ramón.

“Viento del Sur” nos permite acercarnos al seno de una familia nómada y vivir y sentir, a través de la historia contada, la acogedora calidez de sus gentes y la sencillez y fragilidad de sus vidas en manos, siempre, de un desierto protector unas veces, y otras cruel, inhóspito e implacable.
En este relato se ensalzan los valores de la familia y las tradiciones que, de abuelos a nietos, se traspasan como un tesoro de valor incalculable pues representan los verdaderos cimientos de toda una vida nómada entre arena, cabras y dromedarios; castigada, a veces, por el viento que venía del sur.


El cielo era como una bóveda que acogía todo lo que, en la noche estrellada, alcanzaban a ver aquellos ojos cansados tras la dura jornada.
Todo brillaba como si algún ser superior hubiera encendido, una a una, las estrellas que colgaban, elegantes, de ese oscuro universo tan característico de las noches del desierto.
A mi padre, Ahmed, y a mi madre, Zaila, les veía contemplar cada noche semejante espectáculo  que les hacía sentirse unos privilegiados y agradecidos a ese Ser superior que todo lo controlaba. Sé que por ello daban gracias, también, por haber llegado a la noche vivos y con buena salud, de la que gozábamos, igualmente, mis hermanos y yo. Habib, mi hermano mayor, tenía unos dieciséis años, más o menos, cuando sucedió lo que hoy os quiero contar; Haira, la pequeña de la familia, a la que queríamos todos con locura, tenía tan sólo seis. A mí me pusieron el mismo nombre que a mi padre, cosa que siempre me ha enorgullecido: mi padre era el modelo al que me gustaría parecerme cuando fuese mayor y tuviese una familia como la que teníamos. Mi padre nos cuidaba a todos y estábamos muy orgullosos de él. Yo debía tener unos trece años por aquel entonces.
Unos de mis momentos preferidos del día era cuando nos tumbábamos todos  alrededor de una pequeña hoguera que solía preparar mi hermano mayor, Habib: a él era al único que mi padre le dejaba hacerlo. Decía que ya tendría tiempo de ser yo quien la preparase pero que, entonces, todavía tenía mucho que aprender. No me importaba demasiado porque disfrutaba viendo a Habib hacerlo y ayudándole cuando colocaba las ramas secas en la pequeña cavidad que con las manos preparaba en la arena. Lo hacíamos para protegernos del frío, a veces gélido que, al ponerse el sol, se apoderaba del territorio y de todos nosotros. Era un momento que recuerdo lleno de paz y tranquilidad, y que disfrutábamos en toda su plenitud toda nuestra familia nómada que, como seguro habéis adivinado, es la protagonista de esta historia. Algo que me entusiasmaba era quedarme extasiado mirando la multitud de estrellas fugaces que recorrían ante nuestros ojos, de lado a lado, el firmamento que ante nosotros se desplegaba.  Permanecíamos  hechizados por el brillo acogedor de las llamas, a la vez que nos dejábamos invadir por el cálido aroma de un vaso de té verde que sabía preparar muy bien mi madre.
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También, en esas noches, mis padres aprovechaban para transmitirnos a los hermanos las normas de respeto a los mayores, muy unidas a los principios y costumbres por los que se rigen las gentes del desierto. Y, por supuesto, las normas básicas para sobrevivir en tan inhóspito, peligroso y, a la vez, cautivador entorno: con sus arenas formando las altivas dunas; su viento que castiga la piel de los seres vivos que lo recorren, como si de perdigones se tratase y, sobre todo, su bóveda estrellada que tantas miradas de esperanza, sueños y proyectos, captura. Nos hablaban de la escasa vegetación que podríamos encontrar, sobre todo de unos grandes arbustos denominadas “graras”, con ramas entrelazadas y llenas de afilados pinchos como agujas que las protegían de los animales.
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Nos pusimos en marcha diligentemente.
Tras varias horas de penoso caminar entre las dunas y las llanuras pedregosas,  papá ordenó un alto; los dromedarios fueron obligados a arrodillarse entre protestas y miradas de desagrado, como lo son siempre las de estos animales. Nos indicó que debíamos aprovechar para comer un poco de carne seca y dátiles y así reponer fuerzas.
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viernes, 14 de diciembre de 2018

LUCES DE NAVIDAD




Buenas noches, amigos. Ya caminando por diciembre, a toda velocidad, y divisando el final de estas vías que nos han conducido por este apasionante 2018. Sí, creo que ha sido un buen año, al menos así lo he sentido yo…pero ya habrá tiempo de hablar de él cuando estemos a las puertas del que ya llega empujando.
Como digo, ya empezado este diciembre con ritmo, con ganas de llegar a mi tiempo favorito del año. Los antiguos del blog lo sabéis de sobra pues siempre me gusta mencionarlo. Sí, con ganas de abrazar la Navidad. Ya sé que deberíamos hacer del resto del año Navidad…pero la realidad es que nos olvidamos y yo tampoco soy distinto. Solo vivimos el ambiente de la Navidad en este mes de diciembre y, quizá, en el de enero. Pero bueno, somos así aunque no debiéramos. Y como somos así, disfrutemos y hagamos disfrutar a nuestro entorno de este tiempo para las ilusiones, las buenas maneras, los buenos rollos, en fin, para la concordia y el disfrutar de los demás; de esos que nos caen mal o no tan bien como debieran; de los que no soportamos y en estos días tenemos que verles; especialmente a estos son a los que debemos hacerles la vida agradable y demostrarles que, aunque solo sea en Navidad, son algo importante o, al menos, significativo para nosotros. Quizá así los descubramos. Quizá así obre el milagro de la Navidad y descubramos gente que merece la pena. Probadlo, amigos. Y os invito a que en los comentarios de esta entrada, cuando sea, compartáis con nosotros si realmente el milagro de la Navidad se acercó a vuestro entorno.
El tiempo de Navidad es una mezcla de todo. En ella tienen cabida, principalmente, los que la sienten como lo que su nombre indica; pero también están, por supuesto, todos aquellos que disfrutan con esa atmósfera que se crea y conforma un tiempo especial del año; también los que tradicionalmente quieren reunirse con sus seres queridos que, el resto del año, se encuentran fuera por motivos de trabajo o porque la vida les ha apartado de sus orígenes y vuelven a ellos en Navidad. Eso tiene la Navidad que tiene un calor que a todos acoge y, por eso, me gusta tanto este tiempo.
Y de ilusiones, magia, milagros y, sobre todo, Navidad, va la entrada de hoy. Ya este cuento es conocido por todos los que lleváis enganchados a este blog unos años pero…es que me resisto a que llegue Navidad y no os lo traiga de nuevo…aunque ya lo conozcáis. Así tengo la posibilidad de hablaros de este entrañable tiempo. Sí, “Luces de Navidad”, es un cuento exclusivamente de Navidad. Es una historia en la que he querido meter todos los personajes que, de una u otra manera, están presentes en nuestras Navidades. En esta historia se ven reflejados todos nuestros, “yo pequeño”, y todas las ilusiones que cada uno de nosotros queremos seguir manteniendo en nuestro entorno más cercano, el de la familia. Eso pretende ser “Luces de Navidad” y aquí os dejo la sinopsis:

Si hay una época adecuada para que nuestros deseos se cumplan, esa es, sin duda alguna, la de Navidad.
Esta historia es un canto a la Navidad que llevábamos dentro cuando éramos niños; a la Navidad que llevamos dentro ahora que no lo somos tanto. A esa Navidad en la que Los Reyes Magos, Papá Noel y el Árbol de Navidad, con su adornada majestuosa presencia, tienen un significado verdadero.
En este cuento de Navidad, Lucas, busca desesperadamente quien le pueda adornar su querido abeto que, aquellas Navidades, debía de permanecer solo en el valle.
“Luces de Navidad”, cuento de gran ternura, ilusión, sencillez y sobre todo de Navidad, nos la acerca a aquellos a los que la Luz de la Navidad nunca se atenúa en nuestro interior.



Ya conocéis a mi compañera en este proyecto pues, también lo sabéis, estuve firmando mi primer álbum ilustrado, “La nota que faltaba”, en su librería durante la Feria del Libro de Zaragoza de este 2018. Ella es, Beatriz Barbero-Gil, ilustradora salmantina afincada en Zaragoza, como os digo.
todos los derechos reservados).
Nuestro proyecto de álbum está circulando por muchas editoriales que creemos son sensibles al tema de la Navidad que, si bien es cierto que tiene que ver con una conmemoración religiosa muy importante para los que somos católicos, no es menos cierto su aspecto relacionado con la leyenda, la magia y la ilusión que nos trae cada año la imagen acogedora de Papá Noel. Creemos que nos está costando mucho trabajo encontrar una editorial que quiera apostar por nosotros en este tiempo en el que se le da la espalda y no se mira con buenos ojos todo lo que tiene que ver con este tipo de sentimientos religiosos que, por otra parte, se quiera o no, están muy arraigados en la sociedad, al menos en la española (vosotros me diréis si en vuestros respectivos países sucede lo mismo). Mi compañera Beatriz y yo hemos querido apostar por “Luces de Navidad” porque creemos que es una historia que llega al corazón y que cuando te dejas envolver por sus letras y sus imágenes te sientes que vuelves a tus ilusiones de otros años que ahora puedes compartir con los pequeños de la casa y disfrutarlo junto a ellos. Eso pretende nuestro álbum, “Luces de Navidad”.
Pues nada más, mis queridos seguidores y amigos, y hoy más que nunca os deseo que sigáis soñando y tratando de ser felices y qué paséis una muy feliz Navidad.
Un cariñoso abrazo.
José Ramón.


Ya llegaba la Navidad a aquellos parajes de ensueño −por lo menos es lo que nos parecería a cualquiera de nosotros−, y la nieve empezaba a blanquear las altivas y elegantes montañas que contribuían a crear ese ambiente sereno que envolvía al valle en un abrazo singular, en esa mañana en la que Lucas estaba un poco disgustado con su padre.
Papá, por favor, deja que sean éstas las últimas Navidades que pasemos aquí suplicaba Lucas desesperadamente.
Ya te he dicho que está previsto que este año nieve más de lo normal y que, si permanecemos aquí, seguramente quedaremos aislados todo el invierno. Ya sabes que no queda nadie en el valle. Todos se han ido trasladando a la ciudad pues ya no queda trabajo por estos lugares… intentaba razonar con el pequeño Lucas que, a pesar de su corta edad, ocho años, comprendía perfectamente lo que su padre le decía, aunque se resistía a aceptarlo.
Todos los años tenían la misma conversación, pero con final distinto. Éste parecía el definitivo pues las previsiones meteorológicas se presentaban decisivas a la hora de que su padre no retrasase más la partida.
En la ciudad no podría adornar su querido abeto de tres años que, en el jardín de la casa, ya se erguía majestuoso, creciendo y creciendo, día tras día, con vocación de llegar a ser el más alto y elegante de todos los que allí se alzaban recios y desafiantes a los vientos, las lluvias y las ya próximas frías y blancas nieves. Con este pensamiento, Lucas, se entristecía. La Navidad sin su abeto…….. no sería la misma.
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Venga, Lucas, ayuda a mamá y a tu hermana a meter las cosas en el coche, que se nos hace tarde urgió su padre con impaciencia.
No sé cómo lo voy a hacer, pero ……………………….. se prometió Lucas mientras corría al trastero en busca de la caja que contenía ………………………….
Ya en la ciudad, no dejó pasar ni un día; mejor dicho, no dejó pasar ni una noche sin pedir a Dios que enviase a “alguien” –unos angelitos estarían bien, pensó− para que …………………………………………………………………………..
Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente eran fijos en sus peticiones diarias: “esos sí me harán caso, decía. Siempre me han traído lo que les he pedido…”, decía totalmente seguro y con confianza. “Les escribiré una carta y les pediré que hagan un alto junto al abeto y ……………………………………………………………………..
Llegó el día 24 de diciembre.
El valle lucía completamente nevado como predijo el padre de Lucas. La circulación en vehículos no era posible, por lo que era una realidad que la casa de Lucas quedó totalmente aislada. Eso no significaba que no tuviese vida a su alrededor…
El Sol se dejaba caer sobre el valle y, apoyándose en la fría nieve, se reflejaba con fuerza intentando calentar todo aquél que lo buscase en aquellas gélidas jornadas. La nieve blanca, suave y fría, muy fría, acogía por aquí y allá alguna que otra huella de algún animal vagabundeando en busca de algo que llevarse al estómago, empresa difícil debido al grosor de la nieve caída los últimos días. El ambiente era cálido, a pesar del frío; se oía el silencio y el rumor del viento paseándose por el manto blanco y acariciando las hojas no caducas de los recios abetos. También se divisaban huellas de cazadores que se aventuraban por aquellos rincones en el frío invierno de aquél veinticuatro de diciembre, en busca de algo que aportar a la cena familiar que ya en todos los hogares se empezaba a preparar…menos en las casas del valle que se habían quedado sin el calor familiar de sus habitantes.



Era ya media tarde cuando…¿qué bullicio es aquél que está rompiendo la paz del valle? ¿qué está pasando en el tejado de la casa de Lucas? ¿Y esos trinos y píos, píos de pájaros? Un montón de pájaros se apelotonaban, haciéndose hueco con el ansioso batir de sus pequeñas alas, para introducirse, los primeros, por la chimenea de la casa……………………………………………………………
¿Pero quiénes se acercan por allá a lo lejos? Estaba ya anocheciendo y era difícil ver de quién se trataba. ¡Ya los veo! ¡Qué bonitos ……………………….!
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El silencio volvió al valle aunque, para ser más exactos, se dejó acompañar por los acordes de una conocida canción de Navidad que a lo lejos se dejaban sentir.
Estaba ya entrada la noche y desde las cumbres majestuosas que circundaban el valle se podía ver ……………………………………………………………….




martes, 27 de noviembre de 2018

Otro trabajo en puertas: "CIRIACO Y EL CARACOL"






Hola, amigos, buenas tardes de este ya casi pasado noviembre. ¡Menudo mes bueno ha sido noviembre! Al menos para mí y mis compañeros ilustradores. Parece que nuestro trabajo empieza a dar sus frutos. Pero no os penséis que los frutos son algo del otro mundo. No, los frutos para mí, y me imagino que para la mayoría de los lustradores que trabajan conmigo, no son otros que ver publicados nuestros trabajos. Os lo comentaba en otras entradas: si no estuvieseis ahí, detrás de vuestra pantalla (lo que daría por veros), yo no escribiría. Si no supiese que estáis esperando a ver los cuentos que os voy presentando, ya tan conocidos por todos vosotros, sobre todo los más antiguos, en los escaparates de las librerías o a través de las digitales en la red, yo no escribiría. Nuestro triunfo, que nos hace olvidar el duro trabajo no sabiendo si llegaremos a publicar, es precisamente ese: el ver publicada nuestra obra.
De esto os quiero, de nuevo, contar cosas hoy. En este magnífico noviembre, otra editorial ha contactado con nosotros y nos ha ofrecido la publicación de nuestro proyeto de álbum ilustrado, Ciriaco y el caracol. En esta ocasión mi querido y simpático compañero, Daslav Mirko Vladilo Goicovic (reservados los derechos de autor) (http://damivago.cl/), es quien disfrutará conmigo esta nueva oportunidad que nos ha brindado una editorial catalana. Me permitiréis que guarde el secreto de su identidad, de momento. Este proyecto tiene algo novedoso para Daslav y para mí, y es que los primeros cien ejemplares van a ser editados por el método del “micro funding”. No me preguntéis cómo funciona ello pues tengo una ligera idea y en breve, una o dos semanas, sabremos con certeza el proceso que seguirá nuestro proyecto. Sé que es una manera muy efectiva para la publicación de un trabajo y que requiere, desde los primeros momentos, el apoyo entusiasta de la gente interesada en este tipo de literatura, aunque algún otro pudiera subirse al carro con fines meramente comerciales…pero no me hagáis demasiado caso pues ya me he confesado que no conozco el tema como para explicároslo aquí. Pero tiempo habrá de hacerlo y seréis los primeros en saberlo. Quizá deba reclamar vuestra participación. No sé, la verdad.
Por último solo me queda invitaros a daros una vuelta por el resto de entradas en las que os hablaba de esta divertida historia. Los enlaces son los siguientes:
La primera vez os lo contaba en el ya lejano febrero de 2013
Y esta es la última de verano del año pasado:

Pues nada más. Solo quería que compartieseis con nosotros esta nueva alegría que nos ha traído este 2018 que ya va a toda velocidad a entregar el testigo al 2019 que ya llama a la puerta de la vida. Ésta que se nos va entre los dedos y no nos damos cuenta. A Ciriaco y, sobre todo, al caracol, Lucio, casi se les fue en aquel solar abandonado hasta que…
Os dejo con nuestro nuevo proyecto encarando ya la parrilla de salida al mundo de vuestras ilusiones…y de las mías.
Descansad, soñad y no dejéis de ser felices.
Un cariñoso abrazo, mis amigos de este blog.



Extrañas parejas de amigos se han visto siempre y, entre ellas, quizá una de las más sea la protagonista de esta historia.
Ciriaco, un escarabajo pelotero, se convierte en el Ángel de la Guarda de Lucio: un caracol con una bonita casa de rayas a su espalda.
Esta historia discurre en el solar descuidado de un chalet en venta desde hace unos años. Su nuevo dueño, recién llegado, decide cortar los rastrojos y ramajes que tanto lo afean, por el paso del tiempo.
La amistad es el valor que se realza en este divertido relato, no exento de dramatismo por lo incierto de su final…
En esta historia se exalta, fundamentalmente, la Amistad. Como valores secundarios nos habla del trabajo en equipo, de la labor conjunta entre compañeros y del sacrificio propio en beneficio de un compañero más débil.


Discurría la tarde, como otras muchas de aquél caluroso verano, sin más sobresaltos que el ruido de los hierbajos al moverse tocados por la brisa casi imposible de disfrutar en esos días. El calor al nivel de la hierba, lugar en el que vivía uno de los protagonistas de esta historia, era intenso, pero soportable. A pesar de la sequedad reinante, la tierra por la que se desplazaba siempre se mantenía cierto grado de humedad. También los arbustos, que a su paso encontraba Lucio, hacían más llevaderos los rigores de la estación. A él, la verdad, le traía sin cuidado si hacía más o menos calor. La casa que llevaba a cuestas le servía para protegerse de él, siempre que lo desease.
Sí lo has adivinado. Lucio era un caracol con una casa adornada por unas rayas que lo hacían muy atractivo y, a la vez, le permitían pasar desapercibido entre los rastrojos del solar en el que vivía, cuando algún peligro acechaba.
Esa tarde, Lucio se desplazaba por el centro del solar, tratando de encontrar alguna tierna hoja de césped o arbusto, como aquellas de las que daba cuenta en épocas lluviosas. Necesitaba apagar su sed y calmar su apetito. Aunque la empresa era difícil, no cejaba en su intento. Sabía que siempre había algo que llevarse a la boca, aunque no fuese todo lo jugoso que deseaba.


–Buenas tardes, Lucio. ¿Cómo estás?  –dijo Ciriaco, mientras hacía un alto en su ajetreado trabajo llevando una pelota de desperdicios, que no siempre olían todo lo bien que sus amigos deseaban, de un lado para otro.  
–Bien, muy bien –contestó Lucio, mientras miraba con cara de desagrado semejante bola, que estaba siendo empujada con maestría por su amigo, el escarabajo pelotero.
Ciriaco, que en poco tiempo era capaz de recorrer el solar, solía informar a Lucio de lo que acontecía aquí y allá
Estuvieron charlando durante un rato.……………………………………………………………………
Esta posibilidad les intranquilizó bastante, sobre todo a Lucio, pues en ese caso la zona ya no era tan segura como en la actualidad y debería, más pronto que tarde, ponerse en movimiento y recorrer una gran distancia para salir del solar y, con su casa a cuestas, irse a vivir a las proximidades del río que, a unos doscientos metros discurría con calma, camino del mar.…………………………………………………………………………
se despidió de él porque, según dijo, era urgente que antes de la puesta del Sol llevase su apestosa bola al otro extremo del solar, argumentando unas razones que, el caracol, no alcanzaba a entender. ¿Cómo nadie puede llevar semejante bola a ningún sitio?, pensaba Lucio. Por su parte, Ciriaco, no salía de su asombro de cómo nadie puede estar, permanentemente, cargando con su casa de un sitio a otro.………………………………………………………………………..
Se empezó a asustar e, instintivamente, comenzó su lento desplazamiento en dirección opuesta.
El ruido se oía relativamente lejano; calculaba que a la altura del porche de la casa a unos cuantos metros de su posición.
Estaba caminando cuando, apresuradamente y con cara de extrema preocupación, se le acercó Ciriaco; esta vez sin su fétida pelota.………………………………………………………….


No había tiempo que perder. Ciriaco se dijo que debía ayudar, a su lento amigo, a salir del solar. Su vida corría, ciertamente, peligro. Pero, ¿Cómo podría hacerlo?………………………………………….
Habían recorrido unos casi seis metros, cuando Ciriaco dejó de oír las respuestas de Lucio desde el interior de su casa y observó que, por la entrada de la misma, salía un líquido verdoso, casi amarillento………………………………………………






jueves, 15 de noviembre de 2018

CARGO BLUE. está ya en cabecera de pista






Hola, amigos, buenas noches. Ya estoy de nuevo con vosotros y llego, de nuevo, retomando las entradas que dan sentido a nuestro blog: las relativas a la literatura infantil. Hemos hecho un “kit-kat” que me ha permitido transmitiros con toda la fuerza la manera que tengo de contar historias. He podido regalaros una historia completa y creo haber conseguido que hayáis vivido sensaciones. He buscado el tiempo para hacerlo y lo encontré y disfruté con ello esperando vuestras impresiones y comentarios que agradecí y os agradezco ahora muchísimo. Así fue “Sultana” y disfruté con ella junto a vosotros. Pero ahora regresamos a mi mundo de las ilusiones; a mi mundo de las fantasías, de los valores, de los sueños. Regreso a contaros como los voy plasmando junto a los ilustradores, que llamo cariñosamente “mis” ilustradores, en un proyecto de letras e ilustraciones; de imágenes y escenas más o menos cargadas de sentido y sensaciones. Son mis compañeros y me siento muy afortunado de haberlos encontrado y tener su compromiso de emprender una aventura conjunta. Ellos y yo nos esforzamos en crear el producto mejor que seamos capaz de dar vida. El trabajo es duro, os lo aseguro. Se necesita “feeling” entre nosotros y creo que lo tengo con la gran mayoría de los catorce con los que en la actualidad estoy compartiendo sueños. Es difícil tratar de encontrar la editorial en la que tenga cabida cada uno de nuestros trabajos. No vamos deprisa. Realmente, salvo alguna excepción a cuyas ilustradoras aprovecho desde aquí para agradecerles su implicación en el proyecto, vamos lentos, pasito a pasito; a veces paso a paso; pero casi siempre son pasitos porque sus vidas laborales así lo imponen y yo quiero ser muy respetuoso con ello y trato de no ser impaciente…a veces creo que no lo he conseguido…pero me lo han sabido perdonar. Gracias por ello, mis queridos compañeros. Como digo, vamos pasito a pasito…pero siempre avanzando.

Y diréis: ¿por qué nos cuenta todo esto? Pues os lo cuento porque en ese pasito a pasito, parece que Cargo Blue ha llegado al final. Sí, mis queridos seguidores, Cargo Blue ha sido aceptado por una editorial que, me permitiréis, de momento quiero guardar el secreto sobre su identidad. “Nos ha encantado, Cargo Blue” me dijeron, para a continuación decirme que, dado que la programación del curso 2018-2019 ya la tienen completa quieren editarlo a partir de que dicho curso termine. ¿Cuándo? Pues no lo sé con certeza pues depende de muchos factores que a mí, no siendo editor, se me escapan. Lo que sí nos han dicho es que lo ponen en la lista de espera para cuando llegue su momento. Eso para nosotros es suficiente. Se trata de una editorial cuya oferta es muy, pero que muy, atractiva y tiene una pinta estupenda. Eso me pareció en su momento y, por ello, pensé que Cargo Blue podría formar parte de ella. Al parecer ha sido así.
Estamos felices y queremos, María José Plata ( https://www.facebook.com/mariajose.platasantos?fref=ts 
http://mjplatailustracion.blogspot.com.es/2016/12/pintando.html  todos los derechos reservados) y yo, compartirlo en nuestro blog con todos vosotros.
Y ya solo me queda, para ir abriendo boca antes de que podamos verlo en las librerías, recordaros las dos entradas en las que os comentaba que había encontrado una ilustradora que iba a dar forma a nuestro entrañable avioncito. También os traigo la entrada en la que os contaba cómo, en un festival en una escuela infantil, se adaptó esta historia para darle contenido al festival en sí.
Espero, amigos, que disfrutéis de los recuerdos que, para algunos de vosotros, seguro serán novedosos.
Cargo Blue está ya en cabecera de pista esperando poder despegar definitivamente con una gran carga de valores en su bodega, porque Cargo Blue es, fundamentalmente, un cuento de valores.
Buenas noches y, ahora más que nunca, no dejéis de soñar ni de ser felices.
Un abrazo muy cariñoso.
José Ramón.



miércoles, 17 de octubre de 2018

SULTANA (capítulo quinto y último)




Buenas noches amigos. Sultana, llega a su fin y os tengo que confesar que me da un poco de morriña. La verdad es que me siento cómodo escribiendo este tipo de relatos por capítulos. Sultana ha sido un relato especial para mí. Ha estado envuelto por sensaciones y sentimientos que se han ido entrelazando con las frases que buenamente he podido ir tejiendo. Sensaciones que me han calado dentro. Sensaciones que he ido descubriendo mientras la historia iba avanzando. Sultana se me ha ido revelando. La he ido descubriendo según la historia me llevaba por su pueblo, por los pasadizos de la Alcazaba y por situaciones que no os quiero desvelar. Sultana ha sido un relato que no olvidaré fácilmente. Os dejo con esta última entrega que espera sorprenderos.
Nos vemos en unos minutos…




Sultana seguía paralizada y la mano del guardia se le antojaba como una tenaza que seguía apretando. Ya le quedaban pocos segundos para emitir un grito de dolor y las lagrimas empezaban lubricar excesivamente sus ojos.
Voy camino del serrallo — dijo secamente tras haber tomado aire para evitar que los nervios y el pánico que sentía la traicionasen — la favorita del Sultán nos quiere dar instrucciones a la hora del cambio del riego — añadió.
El guardia se quedó mirando, escudriñando la cara de Sultana escondida tras su shayla. Soltó su mano. Sultana emitió un leve quejido.
El soldado recordó el relevo que debía hacer al mencionar, Sultana, la hora en la que en breve sonarían las campanas. Giró sobre sus pies y, sin despedirse, prosiguió su camino con celeridad. El encuentro con la mujer le había retrasado. La maldijo entre dientes. Era un buen profesional y no quería faltar a sus obligaciones…bueno, buen profesional, lo que se dice buen profesional, no lo demostró…no supo detectar a un intruso en palacio.

Sultana sintió caerse al suelo. Se apoyó en la pared y respiró profundamente. Llego tarde, pensó. Más adelante se encontraba la entrada a un nuevo pasadizo, bajo un arco, en la parte posterior de su jamba izquierda. Miró a ambos lados y se metió bajo el arco. Allí, en la pared, una piececilla de madera, que formaba parte de la taracea, cambiaba su color al atardecer, de un verdoso a un rojo intenso. La presionó y atravesando una portezuela que se le vino encima en su giro, de unos 80 cm. de alto por unos 50 de ancho, se sintió a salvo. Ahora sí corría por los pasadizos que se fue encontrando. Atravesando estancias, públicas y privadas. Los asesores del Sultán discutían en unas y en las otras unos amantes secretos aprovechaban el poco tiempo que debían tener. Ella no tenía tiempo de prestar atención a lo que en ellas se cocía. No estaba jugándose la vida por ello.
Ahora debía salir al exterior de nuevo. Se encontró en un jardín con una fuente en medio, pequeña como todas, con su run-run acogedor, y con cuatro canalillos que de ella partían y se dirigían a sendas albercas, de figuras siempre sugerentes para capturar las miradas de los que allí habitaban, que se centraban en patios, a cual más bello. Cada canal miraba a un punto cardinal. El que debía enfrentar era, por supuesto, el que si se prolongase lo suficiente la guiaría a La Meca.
“Clon-Clon”. Sonó el cambio de riego. Me queda poco tiempo. Llegó a la fuente. Venía del oeste. La bordeó y corría pegada al canalillo del este cuando oyó voces que indicaba que alguien se acercaba. Eran varios hombres que venían riendo y contando historias, probablemente de lo acaecido durante su guardia, dedujo Sultana.
Estuvo a punto de caer al pisar una parte demasiado húmeda en su camino veloz para llegar al arco del final del canalillo del este. Dio un traspiés e incluso introdujo parte de su pie izquierdo en el agua que se desplazaba a la alberca del patio que ya divisaba. Las voces ya entraban en el patio. Sultana dio un salto y se coló bajo el arco y se pegó a su pared izquierda. De espaldas a ella. La pared era de una belleza extraordinaria. En ella se admiraba varias figuras geométricas: triángulos, pentágonos, estrellas y polígonos de mil lados todos ellos producto de una taracea realmente bella. Sultana sabía qué estrella albergaba en su centro la llave para internarse en un nuevo pasadizo. Las voces ya habían llegado al patio de los canalillos procedentes del norte. Ahora sí, Sultana, oía con toda claridad sus conversaciones. Cierto, eran guardias salientes de servicio, como había supuesto. Con su mano, detrás de la espalda acariciaba la pared tratando de identificar la estrella salvadora. Con su dedo índice paseaba a gran velocidad las aristas de los dibujos que adornaban la pared: triángulo…no éste no,…estrella de cinco puntas…no, la buena es la de ocho puntas…no la encuentro…estaba por aquí  —pensaba, a punto de ser presa del pánico. No se podía mover pues si lo hacía los recién llegados podrían llegar a ver aparecer parte de sus ropajes ondear en la entrada del arco del este. Ellos ya llegaban a la fuente central y pronto girarían hacia el patio del este…


¡Por Dios, estaba por aquí!, se dijo ya con los nervios a punto de bloquearla. ¡Ya está!, lo noto: núcleo de la estrella de ocho puntas. ¡Es ésta!, se dijo mientras apretaba el pequeño circulito en el centro de la estrella de su vida, en aquella situación. Ellos bordeando la fuente central. ¡No se abre! De nuevo pulsó…con fuerza. En el momento que ellos ya enfrentaban el canalillo del este y ya el arco y el patio final quedaban a la vista, la pared cedió y, Sultana, fue engullida, quedando tirada de espaldas, en el nuevo pasadizo. La puerta se cerró y en unos segundos, desde dentro, oyó los guardias, ajenos a lo que acababa de pasar en ese punto, seguir con sus risotadas y comentarios, muchos de ellos de carácter obsceno.
Las voces ya se alejaban. Ella seguía tendida en el suelo del pasadizo, tratando de equilibrar los latidos de su corazón. Ahora sí que había estado a punto de ser descubierta. Bien seguro que sí. Necesitaba recuperarse de la tensión a la que había estado sometida. Respiraba con violencia, con la mirada fija en un techo que no lograba ver. Algunas de las piececillas de la taracea exterior dejaban pasar la luz; aspecto que estudiaron a conciencia los artífices de semejante obra. Ello permitía que el nuevo pasadizo estuviese más iluminado que los iniciales de acceso al palacio.
Las empinadas escaleras que llevaban a la Torre de la Alerta estaban ya cerca. Solo tenía que pasar por un estrecho pasadizo que le llevaba al primero de los escalones. Ya en él, Sultana, se preguntó, siempre lo hacía, cómo pudieron escavar esa subida escondida, a caballo de la escalera de uso general. No cabía duda que fue obra de alguno de los muchos grandes ingenieros y sabios que poseía el mundo árabe.
Kamil miraba el corazón de rojo lacre que, de nuevo, apareció esa tarde en el lugar que en días pasados lo hizo. Giró suavemente sobre sí y miró en dirección al muro; al que solía mirar cuando presentía la presencia de alguien. Él desconocía la existencia de la red de pasadizos. Ello estaba reservado al personal de seguridad y sus antepasados no lo eran. De toques de campanas eran los que más sabían, pero la seguridad era otra cosa reservada a aquellos de la máxima confianza del Sultán.
Ella, Sultana, contuvo la respiración. Él la sentía. Estaba allí pero…¿dónde? ¿Por qué sentía ese pálpito tan fuerte? Sus corazones, a sus ritmos, parecían esas peras pequeñas golpeadas por un boxeador entrenándose a tope. Sultana tenía miedo de que él, al otro lado del muro, lo pudiese oír. Ella lo veía. Él la presentía.
Kamil se giró y caminó el corto espacio que le separaba de su atalaya, desde la que siempre se paseaba por el pueblo de Sultana, por sus calles blancas, por el lavadero, simulando saludar y hablar con sus gentes. Allí se apoyó y se dejó llevar.
— Hola. —dijo Sultana a pocos centímetros a su espalda.
Él no contestó inmediatamente. Suspiró y se echó la capucha de su chilaba hacia atrás sin llegarse a dar la vuelta.
Sultana, temblaba.
Kamil, también.
— Sultana, te estaba esperando ¿Por qué has tardado tanto en venir?
Se dio la vuelta y apartándole la shayla de la cara le dijo al oído, “Hola”, y la besó.
Los días y las semanas se sucedieron y, Kamil, logró el permiso del Sultán para ceder su puesto privilegiado en el interior de la alcazaba y bajarse a vivir al pueblo, junto a Sultana. Ambos en la madrasa fueron felices. Kamil, por fin, podía ver de cerca la manera en la que Sultana trataba a sus alumnos. Él fue contratado a cargo del orden y limpieza de aquella escuela envidia de la comarca; no en vano provenía de una comunidad privilegiada, como era la del interior de la alcazaba, junto al Sultán, y eso era un orgullo para la multireligiosa escuela.
“Clon-Clon”, sonaban las campanas anunciando la vida de todos ellos. Sultana y Kamil, siempre que las oían se buscaban y sonreían.



Queridos amigos, la verdad es que no sé si este es el final esperado por vosotros…Como no quiero defraudaros, tengo un segundo final que, a lo mejor, os gusta más. Yo creo que quizá es el que se merece esta historia cargada de fantasía y…amor.


Ella, Sultana, contuvo la respiración. Él la sentía. Estaba allí pero…¿dónde?
Se sentó en el banco frente a la campana y al reloj de sol que parecía parar su tiempo para Kamil. Todo le parecía que tardaba mucho en llegar.
— Hola…—dijo con esa voz en la que preguntas si el otro te estaba esperando.
Tomó asiento a su lado. Kamil se echó unos centímetros a su derecha.
— Hola…—le dijo él en su oído, una vez había pasado su pierna izquierda al otro lado del banco y ella recostaba su espalda en su pecho.
Las caras permanecían pegadas por sus mejillas. ¿Por qué has tardado tanto, Sultana, en venir?, inquirió Kamil, casi susurrando en su oído, sin esperar alguna respuesta. Nada se dijeron más.
El Sol se estaba despidiendo de todos. Especialmente de ellos. Cambiaba su faz brillante por la de rojo pasión que ambos necesitaban en ese momento. Los ojos de Sultana iban camino del color de la miel. Los de Kamil brillaban mucho.
Les envolvió la noche mientras permanecían espalda junto a pecho; mejillas fundidas; oliéndose; sintiendo sus corazones acompasándose muy lentamente hasta llegar a un latido común, sin propietario definido. Un solo corazón, rojo intenso, latía en medio de los dos.
El Sol tímido, por lo que esperaba encontrase, empezó a llamar a la Torre de la Alerta. Poco a poco, sus muros eran sobrepasados por unos rayos que proyectaban, sobre el patio de la torre, una sombra de la figura de granito que la noche cómplice moldeó y entregó al día.
En el banco donde se conocieron, hoy Banco de los enamorados de la alcazaba, unieron, según cuenta la leyenda, sus corazones, Kamil y Sultana, en abrazo infinito. Sus miradas siguen transmitiendo su brillo al ponerse el Sol.
Algunos dicen que, apoyándose en sus cuerpos, se puede sentir un suave y cálido palpitar de un corazón único. Al que lo oye se le permite coger la barrita de lacre rojo, que aún permanece donde Kamil la dejó, y colocar un corazón al pie de la escultura, como señal de que sus corazones siguen latiendo.
No sé si es verdad o sugestión por querer que se siga cumpliendo la leyenda que os he contado pero, mi corazón de lacre rojo, está allí donde Kamil y Sultana se susurraron un último y a la vez eterno hola.




Hasta aquí, Sultana. Espero que os haya gustado.
Yo regreso a la literatura infantil trayéndoos, en la próxima entrada, alguno de mis proyectos.
Solo me queda enviaros un cariñoso abrazo y desearos que nunca dejéis de soñar…y de ser felices.
José Ramón.