jueves, 9 de febrero de 2017

¡¡"La nota que faltaba" ha cruzado el Atlántico!!





Queridos amigos de mis ilusiones, buenas noches. No paramos de recibir buenas noticias en este blog. Hoy hemos dado un salto cualitativo para llegar a todos vosotros. Hasta ahora solo lo hacía a través de esta página y de mi página profesional de facebook, cuyo enlace lo tenéis al principio de la columna informativa, a la derecha de vuestra pantalla, y que aprovecho para recordároslo: 
https://www.facebook.com/jrdeceacuentosanddreams/?ref=aymt_homepage_panel (espero vuestras visitas allí y si os gusta lo que veis pues encantado de tener vuestro "me gusta" a la página y con el deseo de que lo compartáis para que vuestras amistades tengan oporunidad de disfrutarlo también). Como os digo, solo llegaba a vosotros a través de mi página y de esta ventana, pero eso ha cambiado: ya estoy más cerca de todos mis seguidores al otro lado del Atlántico: hemos tocado tierra en Colombia y estamos al alcance de todos los colombianos que comparten sus ratos con nosotros en Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Barranquilla, Cartagena de Indias y Cali. Podéis encontrar mi primer álbum en tres librerías emblemáticas: La Librería Nacional: 
Espero que esta información os sea útil y podáis pronto tener en vuestras manos este trabajo de mi compañera ilustradora, Tania Rico, y mío, y podáis leérselo y disfrutéis haciéndolo a vuestros pequeños.
Por mi parte solo me queda recordaros que estaré encantado de mandarle mi dedicatoria, utilizando un "pdf" de la primera hoja del álbum. Solo tenéis que enviarme un email a mi dirección de correo o un mensaje en mi página de facebook.
Bueno, amigos de Colombia, enhorabuena por haber sido los primeros en tener "La nota..." a vuestro alcance. Está, mi editorial Kolima a la que mando un fuerte abrazo desde aquí, abriendo mercado también en Argentina. Os contaré cuando lo haga.
Recibid todos vosotros un gran abrazo con mi deseo de que no dejéis de soñar y ser felices.
José Ramón.

sábado, 4 de febrero de 2017

Entrevista en LEARNING TRUE


Buenas tardes, queridos seguidores de nuestro blog. Hoy la entrada que os traigo es corta porque solo lo hago para presentaros un prestigioso blog de nombre: LEARNING TRUE. En él me acaban de hacer una entrevista que me gustaría compartir con todos vosotros porque creo que revela mucho de lo que tengo dentro de mí, relacionado con mi afición por la literatura infantil y que estoy encantado de compartir con todos vosotros en nuestro espacio. Espero que la disfrutéis y...¡¡se admiten críticas!! :-)  Un abrazo a todos vosotros.



domingo, 29 de enero de 2017

TELA DE ARAÑA


Buenas noches, mis queridos seguidores. El día de la presentación, de lo que sea, es siempre un día importante. Hace tiempo que no os presento un cuento nuevo y hoy quiero hacerlo. Estaba reservándolo para cuando llegase el momento de hacerlo y ese momento hoy ha llegado. Este cuento, como todos las historias que ya conocéis, tiene algo de especial; tiene un mensaje con el que pretendo que, el futuro álbum ilustrado, llegue a los menudos de la casa y, como en todos mis cuentos, les forme en valores. Hoy, esta ilusión os hablará de igualdad, tolerancia y relación entre los seres vivos, independientemente de su raza, ideología, estatus social, etc. Todo ello a través de una divertida historia de relación entre unas moscas y unas arañas…¿Os habéis quedado con cara de extrañeza, verdad? Sí, es un cuento con unos personajes que nadie pensaría que se pudiesen llegar a entender…si es que al final lo hacen, claro. Pues aquí tenéis lo que quise transmitir en su momento, a través de lo que hoy os traigo para vuestro disfrute.
Esta es la sinopsis de "Tela de araña":

Una divertida y emocionante historia que discurre alrededor de una bien tejida tela de araña, es la que se nos cuenta en este relato de amistad entre una araña y una mosca. Relación no demasiado comprendida por la progenitora de aquella y sí agradecida por la de ésta. Jorge, el dueño de la habitación en la que desarrolla la escena, quiere ser “protagonista principal” de la misma, a pesar de la insistencia de su cargante madre…
“Tela de Araña” es una entrañable y trepidante historia de amistad, principalmente, sin reparar en distinciones de “raza”, origen, especie; no ausente de emoción, que mantiene al lector expectante hasta su finalización.

Pero también he elegido este momento para regalaros una nueva historia porque acabo de formar equipo con una magnífica ilustradora, residente en una preciosa ciudad de nuestra geografía: me refiero a Melilla y ella es Helena Segura Alemany (todos los derechos reservados) y su página, que os recomiendo visitéis, es: https://www.facebook.com/Segaley. Helena, muchas gracias por aventurarte conmigo en este proyecto; estoy seguro que vamos, entre los dos, a sacar a la luz un producto bueno, muy bueno, que va a entusiasmar a todo el que lo lea y que le hará disfrutar, bien seguro, de mi texto junto a tu bonita manera de ilustrar. Muchas gracias por haber querido compartir mis ilusiones contigo.
A vosotros, amigos, os diré que, Helena, me parece que es una profesional como la copa de un pino de grande y que lleva el arte metido en su corazón, y si no os lo creéis mirad lo que hizo en el primer momento que encontró tras nuestra conversación de acuerdo verbal de trabajo en equipo:




Espero que lo disfrutéis.
Os deseo buenas noches con mi deseo de que no paréis de soñar y ser felices.
José Ramón.

En una tarde de un día cualquiera, como muchos anteriores y, seguro, como muchos que quedaban por venir; la madre de Jorge, el sucio inquilino de aquella pequeña, desordenada y, por qué no decirlo, sucia habitación, estaba harta de discutir con él por motivo de su limpieza, y la mayoría de los días, con que mantuviese aquél su estancia cerrada, se conformaba. Ojos que no ven…


Aquella tarde, el cuarto olía realmente mal pues hacía un par de días que no se ventilaba adecuadamente. Estaba más sucio que de costumbre: la colcha y el suelo a su alrededor estaban llenos de migas. Jorge jamás se planteaba si debía merendar tumbado en su lecho o sobre una bandeja sentado a su mesa de estudio. Siempre lo hacía tumbado sobre la cama. Ni qué decir tiene que las hormigas que recorrían buena parte de aquella habitación tan “bien surtida”, movidas por su inagotable ansia de prepararse para el invierno o para las épocas de escasez, recogían y acumulaban buena parte de las migas que Jorge dejaba caer. En cierta manera, ayudaban a la limpieza del sucísimo cuarto y, como Jorge lo sabía, evitaba pisarlas y entretenerse en exterminarlas. Eran sus colaboradoras; su batallón de limpieza particular.
Por su parte, las moscas, que también compartían aquel espacio y aportaban su granito de arena a la limpieza de la habitación, no gozaban del mismo trato por parte de Jorge. Resultaban más molestas que las hormigas pues se posaban inoportunamente sobre sus piernas y brazos –buscando la sal de su cuerpo– y porque, por su vuelo acrobático, representaban un objetivo difícil de batir, lo que hacía muy atractivo y divertido el intento de cazarlas.


En eso estaba Jorge esa tarde: siguiendo con la mirada el vertiginoso vuelo de una mosca a la que conocía de días pasados. Ansiaba darle caza y, de una vez por todas, acabar con su molesta presencia. No le era fácil pues, cuando estaba en posición de “disparo”, la mosca, como si lo intuyese, despegaba y con unos quiebros ágiles y más rápidos que el movimiento del ojo humano, desaparecía del “campo de fuego” del chaval.
Así era. Los ojos compuestos de las moscas les permitían distinguir cuándo un movimiento hacía cambiar la intensidad de luz que les llegaba, y eso les alertaba y permitía, la mayoría de las veces, escapar con vida del ataque. Además, cuando estaban posadas, disponían su tercer par de patas, el más retrasado, en la posición idónea para, al percibir el peligro, emprender el vuelo inmediatamente en dirección segura. Esto lo desconocía Jorge, y sus movimientos siempre eran bruscos y ausentes de todo tipo de sigilo.
Jorge sabía que era misión casi imposible dar caza a semejante insecto, aunque desconocía los motivos. Por ello, recurrió a un “arma especial”.
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–Flavia, ya estoy aquí –dijo aquella mosca que tantas ganas tenía de cazar Jorge.
–Hola, mamá. ¿Salimos a practicar esas acrobacias de vuelo que me enseñaste ayer? –preguntó Flavia, ilusionada por poder salir a volar con su madre.
Sí, pero antes tengo que prevenirte sobre dos peligros que nos acechan…………………………
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El segundo y menos peligroso, dijo señalando de nuevo, es aquella tela de araña que está allí arriba, en aquel rincón. Sólo es peligrosa si, al aproximarte a ella, te quedas atrapada en sus pegajosos hilos. Si eso es así, su dueña, aquella araña que ves tejiéndola, caerá sobre ti con la velocidad del rayo y te dará un mordisco que te dormirá para siempre…Flavia se quedó mirándola con cara de estar muy asustada, mientras recordaba su experiencia de hacía un par de días…………………………………………………
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–Raña, no se hace así. Mira, tienes que ir soltando poco a poco tu hilo entre los dos que he formado yo –enseñaba con paciencia la araña madre a su hija, sabiendo que la tela de su hija no era todavía lo suficientemente pegajosa como para atrapar algo distinto de una triste polilla–. Debes de ir con precisión  de una a otra para que los espacios entre los hilos sean iguales y lo suficientemente pequeños para que entre ellos no se escapen las presas. ¿Si no, de qué vamos a comer? –le preguntó sonriendo, porque sabía que en aquel cuarto lleno de insectos voladores y no voladores, siempre había algún curioso o despistado que caía en la mortífera red y servía de alimento, por unos días, a madre e hija.
–Los insectos más sabrosos son las moscas………………………
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Por la noche la tela de araña era aún más efectiva que de día, pues no se veía ni producía ningún ruido al moverse mecida por la corriente del simple abrir y cerrar de una puerta. En las noches de Luna, y cuando las cortinas de la ventana estaban descorridas, los finos hilos acogían el resplandor de los haces lunares que daban a tan mortífera red un aire siniestro difícil de olvidar. Flavia no imaginaba que fuese tan peligrosa semejante obra de arte………………………………………………………

La tela de araña empezó a cimbrear, transmitiendo la señal al interior del agujero en el que la madre de Raña esperaba, pacientemente, la llegada de alimentos.
La madre de Flavia trataba de agitar sus alas y escapar volando de aquella trampa. El esfuerzo era inútil. El cuerpo estaba boca arriba y sus alas totalmente abiertas y pegadas a los mortíferos hilos de seda pegajosa de la tela. Miraba a su hija que aterrada empezaba a darse cuenta de la situación. Sabía que su hora había llegado.
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lunes, 16 de enero de 2017

VAN POPEL





Hola, buenas noches, queridos cómplices de mis historias, mis fábulas y ficciones que a veces se aproximan más de lo que quisiera a la realidad. Después de este tiempo de fiestas y alegrías y…por qué no decirlo, desencuentros, que también los ha habido, quiero traeros algo de lo mucho que tengo pendiente y en lo que sigo trabajando de la mano de “mis” ilustradores. Junto a ellos voy pasito a pasito, cuando sus obligaciones profesionales se lo van permitiendo, dando forma y vida a lo que he escrito y que deseo cuanto antes que pueda estar a disposición de todo el quiera alejarse de su vida rutinaria y dejarse envolver por este mundo de las historias para niños y mayores. Nuestro blog, ya lo he dicho muchas veces, quiero que sea un remanso de tranquilidad, ese lugar de final del canal en el que la barca descansa. Cualquiera podría pensar que queda olvidada en su rincón y en realidad se encuentra en su refugio en el que disfruta de su espacio y de su tranquilidad. Pues ahí estamos, aquí estamos, leyendo, sintiendo y pensando; disfrutando de nuestro tiempo y nuestro espacio, alejados de ese espacio que queremos para nosotros y siempre alguien nos lo ocupa y, en cierta manera, nos lo arrebata. Tenemos necesidad de nuestro rincón, tengo necesidad de mi rincón y quiero compartirlo, aquí, con vosotros.
Os contaba que nos encontramos tras este tiempo de fiestas que, al menos a mí, como siempre, se me ha pasado volando y eso me hace traeros una historia que parece escrita en un ambiente de Navidad. La primera vez que la traje a este espacio (el 28 de octubre de 2012 y que os recomiendo que la releáis) os decía que tenía un aire a esos cuentos de Dickens con esa atmósfera triste y fría. ”van Popel” es un cuento que relata una historia entrañable y llena de ternura, aunque el inicio no sea todo lo alegre que nos gustaría…, pero es que la situación por la que pasaban, Gervasio y Sara, no era muy fácil. Es un cuento fundamentalmente de transmisión de generosidad y solidaridad; de constatación de que, la mayoría de las veces, la gente humilde, los que menos tienen, son los que más dan. Esto os lo contaba también en la última vez que os hable de él (el 26 de julio de 2014, que también os recomiendo que lo volváis a leer pues, en ese caso, hablaba de abuelos…y para mí ha sido una de las entradas que he escrito más entrañables y que me ha hecho recordar muchas cosas de mi vida…encontré en mis letras la paz y el remanso del que hablo siempre que me refiero a este rincón) y hoy os lo quiero mencionar de nuevo porque en esta sociedad tan desnaturalizada y materialista que tenemos y que “disfrutamos”, estos valores y estas respuestas contadas en mi historia no son algo que practiquemos demasiado. Los cuentos, en la literatura infantil, deben de estar cargados de valores y, aunque “van Popel” es un cuento para niños de siete años en adelante, lo es también para mayores y, estos, necesitan muchas veces recordar que los valores deben de ser el motor de nuestra vida y nuestra referencia y…creo que hay que hablar de ellos…por eso os traigo hoy, de nuevo, esta historia de fantasía y de valores.
El segundo motivo de hablaros de cuadros y oleos penetrantes que mezclados con el polvo y la poca luz que a duras penas penetraba en la tienda de Gervasio, aspectos que conforman el ambiente de “van Popel”, es presentaros al magnífico ilustrador que está dando vida a esta historia. Se trata de Daniel Pineda, colombiano de nacimiento, y que en España está llevando a cabo magníficos trabajos de ilustración (todos los derechos reservados). En su página: https://www.facebook.com/danielpinedailustracion/… podéis comprobar lo que os digo. Daniel, gracias por haber querido compartir conmigo este proyecto tan cargado de sentimientos e ilusiones y, sobre todo, fantasía. Estoy seguro que con tu arte va a quedar muy bien. Un abrazo de nuestra parte cargado de aprecio y agradecimiento.
Daniel es un gran profesional y, como todos los buenos profesionales, es metódico y no da un paso sin tener afianzado el previo. Aquí os traigo como ha empezado a trabajar en “van Popel”: se trata de parte del “Concept Art” (concepto manejado por los ilustradores para el diseño de las ilustraciones del cuento) de los protagonistas de la historia: Gervasio y Sara. Lo podéis ver en la imagen que abre esta entrada. Debajo de estas letras os traigo otras dos imágenes-bocetos de cómo será el trazo, la forma de los lugares (casa, tienda). También la textura en acuarela que llevarán las ilustraciones. ¡¡La tienda, personalmente, me encanta!! ¿Qué opináis vosotros?. Espero que disfrutéis este inicio del proceso.
Pues ya está por hoy. Solo me queda desearos que os deleitéis con lo que os puedo traer de mi historia de lienzos, caras, personajes…y mucha ilusión e imaginación. Buenas noches y no dejéis de soñar y sed felices. Un abrazo sentido para todos vosotros. José Ramón.

“van Popel”, es una sentimental historia, con un final inesperado, en la que se cuenta cómo la vida gira y gira dando oportunidades a todos, ya estén vivos o nos hayan dejado hace tiempo…
 Gervasio y Sara, dos entrañables viejecitos, eran así y su vida, que transcurría entre cuadros y el penetrante y embriagador olor del óleo de colores, les dio también su oportunidad.

Eran las seis y media de una tarde fría de invierno cuando Gervasio, agachado, cosa que la mayoría de las veces suponía un verdadero suplicio, estaba terminando de cerrar la persiana metálica de su vieja y polvorienta tienda de cuadros. Las seis y media de la tarde no era la hora habitual para que Gervasio cerrara, pero llevaba unos días en los que no se encontraba con la moral demasiado alta.
En casa le esperaba Sara, mujer extremadamente sensata y de dulces y suaves ademanes. Era, sencillamente, una mujer adorable. Ella, al igual que Gervasio, pasaban ya de los setenta años y sólo se tenían el uno al otro.   Últimamente, él meditaba mucho sobre su vida y eso sólo servía para entristecerle aún más de lo que estaba.


Hacía tiempo que quería cerrar la tienda de cuadros que tanto trabajo le daba y, aunque no tenía prácticamente dinero, jubilarse y pasar tranquilo, junto a Sara, los últimos años de su vida.
Este deseo se antojaba difícil de poder cumplirse ya que no encontraba la manera de vender los casi cincuenta cuadros que aún quedaban en la tienda y que, de hacerlo, le aseguraría el pago del alquiler de la antigua casa en la que habitaban, durante los próximos diez años. Sabía que no era mucho tiempo, pero se convencía de que no debía preocuparse de ello ya que, en diez años, intuía que ninguno de los dos estaría vivo para contarlo.


Gervasio vivía angustiado con estos pensamientos, sobre todo cuando miraba los ojos azules claros, casi blancos, de Sara, su fiel compañera.
Al entrar por la puerta..........................
-Ten confianza, Gervasio. Seguro que las cosas cambian un día de estos -ella contestó, con cariño y tratando de ayudarle pues no soportaba verlo tan abatido.


martes, 6 de diciembre de 2016

CAMINO DEL OESTE







Buenas noches, queridos amigos de esta ventana a las ilusiones. Os propongo un plan: ¿me acompañáis en un viaje en el tiempo? Vamos, seguidme…¡Taxi! Yo creo que cabremos todos. A la estación, por favor. ¡Volando! –me contesta colocándose bien su gorra. El taxi es de aquellos cuyos colores tan característicos los identificaban como de la ciudad a la que pertenecían, independientemente de en dónde se encontraban. Hoy nos recuerdan a otros tiempos de nostalgia.
Acabo de pagar al taxista y ya entramos en un mundo trepidante…¡Uy, cuidado! Casi nos lleva por delante ese mozo que con su carretilla de dos ruedas y cogida con maestría, pues pesa demasiado para lo que ahora estamos acostumbrados, se dirige a toda prisa a cargar maletas que los viajeros le dan por la ventana de su compartimento. Es curioso, y también me llena de nostalgia, la pinta que tiene el buen hombre: su gorra sucia, muy sucia, colocada más hacia la coronilla que en la frente, dejando salir su pelo un poco grasiento por la mezcla de sudor y el humo que envuelve la estación y le da un aspecto de seriedad y de llevarse a cabo algo muy importante bajo el cobijo de su gran bóveda de hierro y cristal. Allí, bueno aquí, pues ya hemos llegado, se producen los momentos más alegres y más amargos entre amigos, familiares, amantes, etc, engullidos por ese frenético ir y venir de viajeros, revisores, jefes con sus gorras rojas y sus banderines y silbatos preparados… ¡Qué triste es una despedida en la estación cuándo no sabemos si nos volveremos a ver! Todavía le veo alejarse tras la carretilla. Su chaqueta va a juego con el resto de su persona. Su colilla en la comisura de los labios es parte de la seña de identidad de nuestro mozo de equipajes. Está trabajando y haciéndolo duro…no va a una fiesta. Ese es el mozo que yo recuerdo de aquellos tiempos y que hoy nos acabamos de encontrar; ¡vamos, que casi nos atropella! Siempre rápido de un lado para otro tratando de convencer, con sus maneras de vendedor ambulante, a los pasajeros que, cargados, llegan  a la ciudad.
Allí lejos distingo el silbido de silbato de aquél que mantiene su banderín rojo, envuelto en su madera (siempre me ha resultado muy parecida al rollo de amasar en las cocinas), y casi instantáneamente un fuerte resoplido y el chuf,…chuf,…chuf,..chuf,..chuf,.chuf,.chuf,chuf,chuf, y un ronco clamor de la máquina que tira del convoy que abandona la estación…menos mal que no es el nuestro…
¡Cuidado! De frente se nos acerca esa otra carretilla, también llamada vagoneta de equipajes, que me produce, igualmente, cierta añoranza y que hasta hace bien poco se ha mantenido en nuestras estaciones. De pequeño me quedaba mirando los dos grandes pedales que tenía el conductor en su compartimento al aire libre. Siempre de frente en la dirección de marcha agarrado a dos grandes tubos: uno un poco más arriba que otro pues ello es necesario para que inicie la marcha. Va erguido y con el mismo atuendo que su compañero de a pie: la gorra, la chaqueta, el cigarrillo…y bastante desaliñado. Detrás lleva una plataforma con cajas, hierros y otros atalajes del convoy al que está atendiendo. Siempre les tuve mucho respeto porque, al no hacer ruido, pues eran eléctricas, no estaba seguro de que algún día no nos llevase a alguien de mi familia por delante y terminar así nuestras vacaciones sin haber salido siquiera de la estación. No era fácil, en aquellos días que hoy recuerdo en nuestro viaje, el trabajar en ese mundo de las estaciones y los trenes de humo blanco.
¡SHHHHHSSSS! ¡Vaya susto que me ha dado el resoplido de no sé qué de la máquina que tira de nuestro tren! Máquina imponentemente negra; recia pero esbelta. Da sensación de seguridad. Su foco allí arriba ilumina más allá de lo que la vista puede distinguir. ¡¡UUUGGGHHHHH!! (me resulta difícil la onomatopeya). Es el ronco sonido de otra de ellas que inicia su salida.
Qué follón hay hoy en la estación. Pasad delante, subid al vagón…si quiere le ayudo, señora, con el equipaje…¡Ay, vaya con cuidado, hombre!... Siempre hay alguien que, una hora antes de la partida del tren, ya está subiendo apresuradamente y empujando a todo el que se pone en su camino, como si el tren fuera suyo o si fuese a salir antes de que pudiese subir a su vagón…¡y está a una hora de la partida! Sí, antes se iba a la estación con una hora de anticipación, por lo menos. Mi abuelo solía estar dos horas antes y quizá a mí me quede algo de él pues me gusta estar con bastante tiempo antes de que parta mi tren.
Click, click…ya oimos al revisor con su maquinilla de taladrar billetes…¡qué nervios cuando sacábamos el billete y esperamos en él su imprescindible agujerito para que todo estuviese correcto y pudiésemos viajar tranquilamente. No sé si os acordáis del silencio entre los pasajeros cuando llegaba el revisor al compartimento y la algarabía al marcharse…era un trámite que imponía y siempre precedido de su seco click, click.
¡Ya salimos! Menos mal….

Bueno, amigos, ya estoy de nuevo con vosotros sentado frente a mi pantalla y hoy os quiero traer, precisamente, mi cuento sobre trenes: “Camino del oeste”. Ya pudisteis leer algo sobre él en las entradas del 15 de junio de 2012 y del 1 de mayo de 2015. Hoy lo quiero traer de nuevo porque ya una magnífica ilustradora ha querido formar equipo conmigo para llegar a conseguir su publicación. Ella se llama Ana María Nale, argentina de nacimiento, y su estilo naif me cautivó desde el primer momento que vi sus ilustraciones. Le gustó mi historia y ya se ha puesto manos a la obra. Su web es: http://www.anamnale.com.ar/publicaciones.html (todos los derechos reservados). Espero que disfrutéis en la visita por su arte. Yo, desde aquí, Ana, quiero darte la bienvenida a mi cita con las ilusiones que comparto con mis seguidores repartidos por los cuatro continentes (no tengo constancia que nos lean en Oceanía). Es una grandísima satisfacción compartir proyecto contigo y tener la oportunidad de que esa manera tan cálida, entrañable y bonita que tienes de ilustrar pueda dar vida a Martina y a su mundo. Gracias por ello y te envío desde aquí un cariñoso abrazo.
Pues ya doy paso a esta historia y lo que hoy puedo y quiero presentaros. Espero que lo disfrutéis. Un abrazo a todos y soñad y sed felices, una vez más.
José Ramón.

“Camino del oeste” es un relato lleno de ternura que hace referencia, con añoranza, a tiempos pasados. A través de su lectura vemos cómo discurre la vida de Martina, una joven máquina de tren a vapor, que se ve relegada al transporte de vagones en desuso camino del desguace. En este relato se puede disfrutar del embriagador olor a carbón quemado que sale por su chimenea negra y compartir la desazón de la protagonista por la vida que le ha tocado vivir. Con ella compartiremos su intento de viajar camino del oeste, mundo que anhelaba alcanzar algún día. Su sano inconformismo y valentía -valores que se ponen de manifiesto en el relato-, propician que quizá su vida actual se vea alterada.

Era pasada media noche cuando a Martina le despertó un empujón y un fuerte golpe seco, precedidos ambos por el chirrido de frenos que le eran muy familiares. Cada cuatro o cinco días ocurría lo mismo. A ese sobresalto inicial sucedía siempre un repiqueteo, sonoro y rítmico, al contacto de los metales. Los trabajadores que operaban la “Última Terminal” –así se llamaba aquel lugar–, ataviados con unos martillos extremadamente largos, golpeaban rutinariamente las ruedas de los vagones que acababan de enganchar para su traslado, comprobando que todo estaba correcto para el viaje.
Martina ya conocía esta rutina pues desde hace bastantes años venía haciendo este trabajo. Sabía que tras este ritual debía emprender la marcha.
Martina era una de esas antiguas máquinas de vapor que se paseaban por todos los pueblos del país con su llamativo canto y su elegante columna de humo blanco, hasta que la llegada de las nuevas máquinas eléctricas ocasionó que fuese retirada, cuando tan sólo tenía un año de vida, y destinada al trabajo que realizaba en aquellos días.
Qué orgullosa y feliz se sentía al principio y qué desgraciada después.
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Martina se encargaba de llevar vagones viejos y en desuso a unos hangares, a aproximadamente cien kilómetros de la ciudad, para su posterior desguace y destrucción. Representaba un triste trabajo ser la última en conducir a unos vagones de mercancías o de pasajeros, según el día, en su último viaje a su destrucción. No era agradable su misión y temía que un día, que presumía no muy lejano, fuese ella parte de ese macabro convoy, tirado por una flamante máquina eléctrica; fría y nada elegante...............................................

Esas ventanas eran de aquellas que los pasajeros, en su curiosidad por saber a qué estación habían llegado, abrían de arriba hacia abajo para asomarse. Se sabía que en esos vagones semejante acción no se debía hacer durante la marcha pues entraría por la ventana la carbonilla que la máquina en cuestión, en su armonioso “chuf-chuf”, proyectaba al aire  formando una cortina que envolvía al tren en su conjunto. ...................................................


martes, 15 de noviembre de 2016

CHANO, MI AMIGO


Hola, amigos de mis ilusiones e historias. Buenas noches a todos y encantado de poder estar con vosotros de nuevo. Ahora, además de nuestro blog tengo, y es un placer, que atender mi página profesional de facebook cuyo enlace lo tenéis en la columna a la derecha de vuestras pantallas. Si todavía no sois seguidores de esa página, os recomiendo que lo hagáis pues allí estamos más en contacto. Bueno, la verdad es que no sé si más o menos, pero el contacto es vivo, os siento cerca, muy cerca, porque interaccionáis con vuestros comentarios y vuestros “me gusta”. Es curioso pero, si os fijáis, aquí, en nuestro rincón, tenéis las mismas posibilidades de interaccionar a mis entradas y no os acabáis de animar a hacerlo. Es curioso pero creo que os entiendo: facebook es como el hall de una estación de tren, en el que todos van y vienen, muchas veces sin saber muy bien cuál es el andén en el que su tren está a punto de salir; hay bullicio y uno llega a saturarse con tanta gente cortándonos el paso con su trepidante arrastrar de maletas. Todo el mundo habla; todos preguntan a los demás sobre dudas que no lo son tanto: muchas veces es vagancia de pararse a leer los letreros que, la inmensa mayoría de las veces, están muy bien elegidos y estratégicamente colocados…bueno, a veces no y quizá eso sea la causa para que los menos avispados anden de aquí para allá contribuyendo a crear esa atmósfera de vida, loca, pero vida. Sí, así es facebook. No podemos decir que sea un lugar demasiado tranquilo para lo que buscamos cuando nos acercamos a nuestra ventana. Aquí, en nuestro espacio, es como si estuviésemos en la sala vip de esa estación de locos que os acabo de describir en muy pocas palabras. En la sala vip nadie habla; nadie pregunta nada. En la sala vip se respira calma y aprovechamos para echar una cabezada o leer esa novela que nos tiene enganchados. Quizá, en esa sala vip, aprovechemos para entrar en nuestro espacio y leer, y dejarnos transportar de la mano de mis historias a mundos similares y personales de cada uno. En esta “sala vip” no se comenta ni se dice “me gusta” ni se hace más que estar en una atmósfera buscada de tranquilidad… Ahora lo he comprendido… Gracias por hacer de “Cuentos & Dreams” vuestra sala vip.
Pues hoy, en nuestra sala os digo que hace ya más de dos años escribí un cuento muy especial y que quiero compartirlo en este momento con todos vosotros por primera vez. Sobre él empezamos a trabajar una buena ilustradora andaluza y yo. Empezamos con una ilusión terrible y con unas ideas que yo creo nos sorprendieron a ambos. Creamos este cuento, y lo hicimos sobre la base de otro que posiblemente sea aceptado por el Ayuntamiento de Marines: un pueblecito muy acogedor de Valencia, España; como parte de la celebración de un importante aniversario que esperan cumplir el año que viene. Pues como os digo, creamos este cuento y lo ceñimos a uno de los pueblos más bonitos de España. Pueblo encantador y que maravilla a todo aquél que tiene la fortuna de poder visitarlo. Permitidme que no os diga de qué pueblo se trata…Por motivos que no vienen al caso, este cuento que da nombre al título de esta entrada que os traigo hoy no va a ser ilustrado por ella. Espero encontrar a otro ilustrador, si es posible que conozca el pueblo, para que de vida a Chano. ¿Quién es él? Pues es una persona del pueblo que nos describe lo que siente y ve con los ojos del alma porque los suyos físicos ya no le ayudan demasiado. Chano es ciego y de su mano vamos recorriendo... su pueblo.
“Chano, mi amigo” me hizo ponerme en el lugar de un ciego y me costó mucho darle vida…¿quizá porque tengo la suerte de ver? Ha sido un cuento especial del que he aprendido a valorar todo lo bueno que tengo, aunque sea poco, o mucho…creo que no es importante la cantidad: aprendí a valorar lo que tengo y lo que me hace feliz. Chano valoraba lo que tenía y así era feliz…a mí me costaba creerlo y esa fue la mayor lección que me dio mi amigo Chano.
Espero que disfrutéis con lo que os traigo de esta historia y espero poder pronto presentaros al ilustrador o ilustradora que se encargue de mirar y pintar lo que Chano veía.
Un abrazo para todos vosotros, con el deseo de que sigáis soñando y siendo felices.
José Ramón.


Esta corta historia nos acerca un poco a la vida de las personas invidentes y por extensión a todos los que tienen algún tipo de limitación. “Chano, mi amigo” es una tierna historia con una moraleja final: “no siempre lo de los demás es mejor que lo nuestro” Malgastamos la mitad de nuestras vidas anhelando lo que tienen otros sin valorar lo nuestro y lo que llena nuestro mundo. Esta historia se desarrolla en un conocido y bellísimo pueblo de Cádiz y trata sobre la vista de un ciego; sobre todo aquello que imaginamos puede llegar a ver un invidente…con los ojos del alma. Recorreremos, guiados por el bastón de Chano, los lugares más llenos de la esencia de…mejor no desvelo el nombre del pueblo por el que Chano se pasea y es muy querido. En definitiva se trata de una historia llena de anhelos y de riqueza interior y, por ello, de una historia que nos puede ayudar en nuestra vida personal…a mí, por lo menos, lo ha hecho.


Esta historia que voy a contaros es la de mi amigo Sebastián, “Chano” para todos los que le conocemos y le queremos.
Chano vive en un blanco, muy blanco, pueblo cuyo nombre lo dejo para que lo adivinéis; sólo os diré que es un bonito pueblo que mira sereno al Atlántico por donde tantos ataques recibió en el pasado; y por donde tantos amigos de tantos lejanos países, hoy, traen consigo sus costumbres, ilusiones y tiempo para compartirlo con sus habitantes, entre blancas paredes que canalizan las serpenteantes y estrechas callejuelas. En él viven gentes forjadas por el salitre, los vientos y la bravura, el respeto, la honradez  y la nobleza de la almadraba.
Sebastián “Chano” lo conoce bien y, aunque nunca lo ha podido ver y admirar con sus ojos, no deja de imaginarse en su mente cómo serán todas aquellas casas y cosas que lo rodean. Sebastián “Chano” es ciego.
Suele levantarse muy temprano, cuando el Sol acaba de desperezarse y con sus rayos empieza a tantear los muros de los habitantes todavía por despertar. No perdona el paseo paralelo al río. Sí, en su pueblo muere alegre el río, con sal en su nombre, para confundirse con el océano. Siempre se detiene en el mismo lugar, sobre el puente, y allí da media vuelta y fija su mirada –que aunque no lo creáis los ciegos también la tienen– en donde supone se encuentra su tranquilo pueblo a aquellas horas.
–¡Cómo me gustaría poder disfrutar de esta armonía de colores, luces y blancas paredes! –suele desear tanto verlos…
Muy frecuentemente sus amigos, que nunca le faltan, bajan con él a pasar el día a esa playa  –parte importante del marco paisajístico de la zona– que muy cerca está de poder bañar con sus aguas las sedientas calles en verano. Allí, Chano, se suele quedar extasiado con el ruido de las olas rompiendo en la cálida arena donde él las espera con sus pies descalzos. Ese frío saludo de espuma y sal sobre sus pies siempre lo llena de vida y, tras una profunda inspiración, se suele quedar absorto escuchando las angustiosas voces de las gaviotas que, a su manera, también lo saludan: “Au-Kyee-Kau-Kau-Kau”.
–Cómo me gustaría ver esta espuma,…………..…………………………………
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En el pueblo de Sebastián “Chano”, si algo es digno de verse eso es el pueblo al atardecer: sus luces tempranas, los rayos de Sol que se resisten a irse a descansar, la Guzmán con su majestuosidad iluminada que nos transporta a otros tiempos de guerreros y luchas…y todo ello reflejado en la tibieza del océano y en los charcos que comparten espacio con el arenal: en el pueblo de mi amigo Chano se pueden ver estampas que se asemejan al arcoíris. De ello, él, es muy consciente.
–Lo que daría por saber cómo se confunden esas tonalidades del atardecer. Huelo el caer de la tarde mezclándose con la humedad del ambiente; oigo………………………
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Pero lo que más le gusta a Sebastián “Chano” es pasar bajo el coqueto y transitado, desde tiempos lejanos, Arco de la Villa. Bajo él, el eco de sus pisadas le da los buenos días o las buenas tardes y él, con un movimiento de cabeza, como si prestase extrema atención, le devuelve el saludo. Siempre camina con paso decidido cerca de las paredes, que parecen reverberar la cálida presencia del Sol, hasta alcanzar “su banco”. Allí,………………………………………………………………
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domingo, 30 de octubre de 2016

LOS HACES DEL AMOR



Buenos días a todos los que nos visitáis en esta página, queridos amigos. Acabo de recibir otra buena noticia sobre otro microrrelato que escribí hace algún mes: también lo han seleccionado, esta vez para formar parte de la antología “Pluma, tinta y papel", resultado del V Concurso de microrrelatos . Siempre es una satisfacción que seleccionen algo que has escrito para formar parte de un trabajo, llámese “Antología” o grupo de relatos o cómo sea. Siempre el reconocimiento de, aunque sólo sea, una persona, para mí es suficiente; y con que a alguno de vosotros le guste, ya ha merecido la pena el esfuerzo…mejor dicho, el placer de escribir, por corto que sea lo que escribes.
Este concurso era sobre temática libre y en él participaron más de 2000 relatos; 1300 fueron seleccionados para dar forma a la antología. Una vez más os puedo decir que estoy encantado, ya que siempre es una satisfacción que tus relatos, cortos o menos cortos, permanezcan en algo editado y sobrevivan al tiempo. Como siempre os adjunto el enlace en el que encontraréis la pestaña para que el que quiera pueda adquirir la antología:
Para este concurso me inspiré en un relato que os regalé este verano y que se llama, como bien sabéis, “La luz del faro” y que podéis leer un poco más debajo de esta entrada, el 26 de agosto de este año, o “clickando” directamente en el enlace que os muestro: http://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com/2016/08/la-luz-del-faro.html.
Decidí, como temática libre, enviar un microrrelato que nos contase una historia de amor. En pocas palabras, menos de las que hubiese necesitado, traté de contar una sugerente historia. Lo bueno de los relatos super cortos, como es éste, es que posibilitan que el lector pueda crear su propia historia; que se vea atrapado por el cómo seguiría la historia y no pueda evitar el que su mente quiera saber el final. Esta es una de las virtudes de los microrrelatos: que, si son buenos, hacen que el lector dedique unos minutos a imaginarse la escena y a terminarla a su manera y esto, lo sabéis, es la magia de la lectura a la que, por supuesto, no es ajena la especialidad del microrrelato. De todas formas, en este caso lo tenéis más fácil los que habéis leído “La luz…”. Mi relato del 26 de agosto, seguro que os ayuda a poneros en situación, aunque también en aquella ocasión se ponía a prueba vuestra imaginación pues había varias posibilidades de un final para la historia que os conté.
Pues aquí os traigo esta corta historia de amor que, como todas en las que hay en juego sentimientos,  es muy intensa y vibrante en los inicios y después el tiempo se encargará de ponerla en su justa medida pasional. Espero que la disfrutéis y sea capaz de inspiraros a completarla.
Un abrazo a todos y, como siempre, os envío con él mis deseos de grandes sueños y felicidad en vuestro entorno.

Los haces del amor

Llevaban tiempo esperando la oportunidad: dos barcos de pesca, el de él y el suyo; una intersección definida por unas millas y unos haces. Ella lo comprendió cuando recibió el mensaje. La luna sobre las olas y la luz calculada del faro en la costa marcaban el punto de reunión. No sabían si el otro acudiría. Se abarloaron a las millas acordadas. Pasaron la noche y el amanecer. 


lunes, 10 de octubre de 2016

MI LIBRO


Buenas noches amigos, en este caso, de mis microrrelatos. Sí, hoy os traigo uno que ha sido seleccionado para formar la antología “Universo de Libros”, en su primer concurso. Han sido más de mil los enviados al concurso y aproximadamente la mitad los elegidos para formar parte de ella. En este enlace podéis adquirirlo, si os apetece. Como os he contado otras ocasiones, mi único premio es formar parte de la antología, pero os quiero informar de dónde se puede comprar, que es a través de este enlace: http://diversidadliteraria.us8.list-manage1.com/track/click?u=3451b62f001f585c72225b496&id=566f5e69a8&e=03075d27b7
¿Y de qué va? Pues os hablo de ese libro que todos tenemos en nuestra mente, aunque no nos demos cuenta de ello. Os llevo, a través de una historia breve, muy breve, por lo que estoy seguro a todos nos gustaría: escribir nuestra historia, o que alguien la escriba por nosotros. Esa historia cargada de momentos alegres, quizás los de nuestra niñez: cómo nos divertíamos, con quién jugábamos y pasábamos nuestros primeros momentos de conciencia segura de lo que hacíamos, muchas veces no demasiado de acuerdo con lo que a nuestros padres les gustaba; pero ahí estaba la salsa de esos tiempos. Por lo menos en mi caso era así, y fui muy afortunado de que mis padres nunca se enteraron de mis andanzas divertidas de un chaval con buen corazón, pero muy travieso y con una gran imaginación…así era yo y ahora, cuando lo recuerdo,…mejor no escribir sobre ello J.
En nuestras historias están también los recuerdos de nuestra adolescencia, los amigos con vocación de permanencia en nuestras vidas; de nuestros amores, pocos o muchos no importaba demasiado; bueno sí importaba, por lo menos a mí que lo intentaba mucho y no tenía demasiado éxito. La vida, nuestras vidas, están muy presentes en nuestras mentes y sí nos gustaría, creo, tenerlas escritas para estar preparados para cuando el tiempo vaya haciendo que se nos vayan difuminando los recuerdos. Esos recuerdos que, de alguna manera, son los cimientos de lo que somos ahora, nos guste o no. Los mejores capítulos de nuestra vida quizá sean la época en la que formamos pareja y criamos: menuda época de locos y de dolores de cabeza…por lo menos para los hombres de mis tiempos que no estábamos tan acostumbrados como los de ahora a hacer de todo: cacas, lavadoras, noches sin dormir…dar el pecho no, gracias a Dios…Pero era una época de ilusiones, con el mundo y todas las posibilidades frente a nosotros, y con mucho por añadir a nuestro libro personal…y así, y así van en nuestras mentes escribiéndose los capítulos de nuestros libros, de momento mentales.
Bueno, queridos todos, seguidores de mis ilusiones, que, por cierto, vais aumentando significativamente día a día, estoy seguro de que leyendo esto que os he traído hoy a nuestro rincón os ha hecho volar en el tiempo y, seguro, esbozar más de una sonrisa…pues eso, a seguir escribiendo vuestros capítulos con el equilibrio que os va dando la vida y la experiencia, independientemente de la edad que tengáis. Todas las edades nos sirven para madurar; todos los capítulos de nuestro libro son brillantes porque son los nuestros y nadie los puede igualar; la diferencia está en que unos los quieren escribir y otros prefieren mantenerlos en la intimidad y la profundidad de su yo, de sus recuerdos.
Buenas noches y espero disfrutéis estas cortas líneas sobre “Mi Libro”. Soñad y sed felices.


Mi libro es el de toda una vida sin escribirlo. Quizá me ponga a ello un rato de estos, un día cualquiera, aunque…para lo que me queda, creo que mejor seguiré acumulando sus páginas en mi memoria.


viernes, 30 de septiembre de 2016

TEJAS, ESPUMA Y SAL


Buenas tarde amigos de mis relatos, mis ilusiones y de querer compartir unos minutos en este espacio en el que cuando entro siento algo especial. Y no es porque lo haya creado yo, que seguro que también; sino porque, al menos a mí me lo parece, tiene algo de rincón escondido. Tiene algo de ese sitio en el que buscamos el efecto reparador que necesitamos cuando lo que hay a nuestro alrededor nos produce esa sensación de querer escapar, de necesitar que el tiempo se pare y salir de puntillas de la escena, abrir una puerta y encontrarnos un lugar en el que solo nos veamos nosotros y…aspiramos profundamente y miramos alrededor para comprobar que no hay nadie, que nadie por unos minutos nos va a llamar, o a preguntar algo, o a ofrecer algo, o…simplemente a pronunciar nuestro nombre. Ese sitio, con esas sensaciones evocadoras que nos recuperan, pretendo que sea nuestro blog. Cuando entro en él siento paz, tranquilidad, sosiego, y me encanta estar con vosotros y dejar que mis dedos fluyan rápidos, sin pensar, por el teclado. El tiempo está parado detrás de la puerta y quiero aprovecharlo en vuestra compañía.
Ya estamos en otoño —y parece mentira que ya haya pasado el verano, casi sin enterarnos: el tiempo va demasiado rápido…eso; lo que digo: necesito parar el tiempo— pero seguro que muchos de vosotros, sobre todo los que habéis estado al arrullo del Sol cálido y el agua salada, recordáis, en algún momento de este camino sin pausa buscando el tiempo de Navidad, como lo pasasteis esos días de no preocuparos de nada más allá de estar a gusto y descansar. Pues hoy os quiero ayudar, en nuestro rincón de sosiego, a viajar a ese pasado muy reciente. Y lo quiero hacer por medio de la historia que os quiero recordar. Ya estuvo con nosotros el 17 de agosto del año pasado, que os aconsejo que la releáis pues creo que estuvo entretenida, y por primera vez os la presentaba el 15 de mayo de 2013. Me estoy refiriendo al relato sobre la vida de dos gaviotas patiamarillas. Relato que siempre me da paz y me recuerda una época muy gratificante de mi vida y que os referí en las entradas antiguas que os acabo de mencionar. Y la razón de traéroslo de nuevo, aparte de hacerlo  para todos los que os hayáis incorporado recientemente al grupo de amigos a los que nos gusta pasar un rato por aquí y que no hayáis podido leerlo todavía, es porque ya tiene ilustradora. Me refiero a Beatriz Sevilla Almansa que, aunque española, está trabajando en esta historia desde más allá del atlántico. Una suerte haberla encontrado porque creo que es la persona ideal para “Tejas…”. La belleza y calidez de sus trazos complementarán el volar inquieto y siempre atento de mis gaviotas. Desde aquí, Bea, te mando un saludo cariñoso y te agradezco, aquí en nuestro cuarto para el sosiego, que hayas querido seguir conmigo este camino hasta llegar a ver en las estanterías dedicadas a la literatura infantil, de cualquiera de las tiendas repartidas por la geografía española y espero que también de fuera de España, este proyecto. Y a vosotros, amigos, os invito a que os deis una vuelta por el blog de Beatriz: https://beasevillaalmansa.com/infantil/
Pues aquí lo dejo y os deseo que seáis capaces de sentir la suave brisa cargada de sabor a sal mientras en vuestras mentes seguís el vuelo de las patiamarillas.
Felices sueños.
José Ramón.

Dejándonos mecer por las cálidas corrientes de aire que acariciaban aquel bonito y discreto puerto pesquero, nos adentramos en el mar disfrutando de la blanca, salada y divertida espuma…¿Nuestros guías? Pues dos  bellas gaviotas patiamarillas: Galvia y Violeta que, a través de esta historia, nos cuentan algo de su forma de vivir y de sus ilusiones…sí ellas también las tienen; y nos enseñan a compartir con ellas espacios que en principio los tenemos reservados a nosotros.
Esta entrañable historia nos habla de respeto y cariño por los animales mientras sentimos el suave roce de la brisa marina. 

Lo bueno que tienen las corrientes de aire, entre otras cosas, es que, aprovechadas convenientemente, ayudan a recorrer grandes distancias con un esfuerzo mínimo.
Eso lo sabían de sobra Violeta y Galvia: una pareja de gaviotas, de pico y patas amarillas, que llevaban ya un par de años volando juntas; unas veces, en alta mar, dejándose mecer por aquellas cálidas corrientes de aire; otras, formando parte de esa escolta que anuncia la llegada de un barco de pesca en su regreso a casa, tras toda la noche faenando, cargado de pescado.
Au-kyee-Kyee…decía Violeta, contenta por todo lo que se avecinaba…
Au-kyee-kau-kau-kau contestaba Galvia, feliz también por las ilusiones que llevaban compartiendo en los últimos días.
Ese sonido que puede parecer de angustia y extremada agonía, en realidad es una parte entrañable de los pueblos bañados por el mar y sin la que no se concibe la vida en ellos. Los quejidos de las gaviotas interpretan los “solos” de la melodía marina, en la que el murmullo suave y rítmico de las olas al romper en la playa, junto a las roncas bocinas de los barcos en sus llegadas y partidas de los puertos, representan el acompañamiento.
Así se estaba comunicando la pareja de gaviotas patiamarillas mientras surcaban los cielos a escasas millas de la costa. Trataban de adivinar, entre la calima que a aquellas horas de la mañana abrazaba el litoral, la llegada de alguno de los barcos pesqueros, con las bodegas llenas de pescado, que regresaban a sus hogares tras una noche de trabajo agotador entre el vaivén de las olas, el sudor de sus frentes y el penetrante olor a gasoil. Así, solucionarían sus problemas de alimentación para el día que estaba aún despertando.
Galvia, debemos decidir dónde vamos a colocar el nido dijo Violeta con cierto aire de preocupación. En pocos días será la puesta de huevos y debemos pensarlo bien para que nuestros polluelos crezcan seguros concluyó, asumiendo ya la responsabilidad de su futura maternidad.………………………………………………………..
Mira esa ola que se está formando. Dijo Violeta mientras se lanzaba sobre ella: le apasionaba mezclarse con la espuma que se iba formando, para a continuación nadar impulsándose con sus patas provistas de unas muy eficientes membranas que unían sus dedos. Estaban felices pensando que pronto serían padres de tres o cuatro polluelos a los que les enseñarían todo lo que ellas sabían.……………………………………..
Papá, ¿cuándo vas a arreglar la antena de la televisión? Siempre se fastidia cuando estoy viendo la serie que ponen todos los martes y ya sabes que me gusta mucho le dijo a Armando su hijo, enfadado porque su padre le prometía y prometía…, pero la antena seguía estropeada.
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Ahora la urgencia era terminar, sin dilación, de acondicionar el nido que no estaba todo lo protegido y seguro que se requería, debido al adelanto imprevisto. Por ello, aunque las gaviotas nunca dejan sus huevos sin cuidado tratan de evitar que puedan ser comida de animales depredadores, incluso de otras gaviotas; y los protegen de la acción de las personas que, de vez en cuando, solían subir al tejado para destruir sus nidos y los huevos en su interior, y así evitar el molesto trajinar de estos animales sobre las tejas y, sobre todo, sus incómodos excrementos que todo lo corroen, decidieron salir las dos a la vez: Violeta a procurar comida para ambos, y Galvia…………………………………………

Ya arriba, Armando se topó con un nido a medio hacer con tres huevos muy grandes y muy bonitos en su interior. Se quedó mirándolos, ensimismado, con ganas de cogerlos, pero…reparó en que eran de gaviota y, mirando asustado en todas direcciones, trató de descubrir dónde se encontraba la pareja a la que pertenecían. Sabía lo agresivas que son esas aves…………………………………………………
Ahí va el primero lo lanzó Armando cuando comprobó que su hijo estaba preparado para, con la red que sostenía con ambas manos, amortiguar la caída del óvulo.
Lo lanzó y…cayó en la red. Lo sacó con cuidado, Carlos. Su padre lanzó, entonces, el segundo y…pluf………………………………………………
¡Kyow, kyow! era la señal  de peligro que Violeta lanzó al aire cuando a lo lejos -que lo estaba y mucho-, gracias a su magnífica vista, divisó un humano en las proximidades del nido.
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