domingo, 4 de junio de 2017

COSME Y LA TRUCHA





Buenas noches queridos amigos de mis historias que tanto me gusta contaros. Hoy os quiero traer una historia que hace tiempo que no aparece por el blog: la última vez fue en junio de 2015. Es una historia en la que, como en todas, procuro transmitir valores. Lo hago porque no concibo que la literatura infantil sirva solo para divertir o para tener más o menos tranquilo a un niño. Muchas veces, estando con gente conocida, y que seguro que cuando os cuente lo que os voy a contar aparecerán en vuestras mentes, les habéis oído decir: “¡qué niños pesados! ¿no van a dejarnos hablar tranquilos?”…me vienen a mí ahora, a la mente, la cara de un par de ellos…; y para callarlos les han soltado un cuento para que se entretengan. Probablemente, en su día, lo compraron para estas ocasiones: para que el niño esté en su cuarto y nos deje un rato de tranquilidad con nuestra pareja o nuestros amigos. Mis cuentos no sirven para eso. Mis cuentos requieren que, inicialmente, sea compartida la lectura con el pequeño en cuestión. Porque todos ellos, mis historias, están cargadas de valores. El niño, de corta edad, no es capaz de identificar por sí solo el 100% de los mensajes que se encuentran entre las letras y las ilustraciones de mis cuentos. Necesita que un mayor se los haga ver (os aseguro que tras ese trabajo, el mayor, se termina enamorando, también, de la historia). Es importante que haya un diálogo entre el pequeño, objetivo de la historia, y su padre, tío, abuelo, hermano mayor, etc. Es importante que nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., identifiquen los valores que llevan incrustados en sus páginas mis relatos. Después él, el pequeño, será capaz de reproducirlo por sí solo una y cien veces más hasta que interiorice esos valores y los pueda poner en práctica en su vida cotidiana. Yo procuro que mis trabajos vayan más allá de divertir a un niño y busco que sirvan de nexo de relación de los mayores con sus pequeños: hoy nos es difícil, la mayoría de las veces, encontrar un rato para pasarlo con ellos; mis cuentos ayudan a que nosotros, los de más edad en ese binomio, nos busquemos la vida para encontrar ese momento que tiene vocación de ser importante en la vida de nuestros pequeños.
Pues bien, la historia que os traigo de nuevo hoy, tras dos años sin aparecer por esta página cita con las ilusiones, nos habla de amistad. Cierto que es una amistad rara…pero el trasfondo es la Amistad, con mayúsculas. Pero también nos habla de la discriminación que muchas veces sufren los niños en sus juegos con los demás por el mero hecho de tener algún problema físico, funcional o del tipo que sea. Es duro decirlo pero es algo que sucede. En “Cosme y la trucha” vemos lo importante que es la amistad para sobreponerse a ese aislamiento y esa, en cierto sentido, discriminación (hablar de estos asuntos es difícil en estos tiempos porque la sensibilidad de la sociedad, en relación a ellos, está a flor de piel...A pesar de ello, me he decidido a comentaros lo que "Cosme..." pretende aportar en este sentido) que sufren los niños con algún trastorno o problema y que produce las mofas de sus compañeros menos solidarios. Vemos, como digo, cómo la amistad es la vía para su solución y su integración…aunque sea la que se tiene con una trucha (eso es lo tierno de la historia aunque en el trasfondo está lo que pretende transmitir mi historia).
“Cosme y la trucha” es uno de mis primeros cuentos y, aunque muchos de vosotros ya lo conocéis, sobre todo los más antiguos en esta ventana, os tengo que decir que está ilustrado por mi compañera Tania Rico. ¿Os suena el nombre? Pues claro que sí: Tania es la magnífica ilustradora de “La nota que faltaba” (reservados los derechos de autor. https://www.facebook.com/tristaniarico, http://www.tristania.es/,    http://artenuntris.blogspot.com.es/) y os tengo que decir que trabajamos antes en “Cosme…” que en “La nota…”, aunque esta última tuvo el privilegio de salir antes a la luz. A mí, personalmente, y sabéis que soy siempre muy sincero con vosotros, me gusta más esta historia que os traigo hoy que la de mi primer álbum editado. Espero pronto ver editado a Cosme y su trucha  para que podáis disfrutar de él tanto como lo estáis haciendo con “La nota…”.
Bueno, pues antes de pasar a leer el fragmento que os traigo hoy os recomiendo que también os acerquéis a ese lejano junio de 2015 (http://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com.es/2015/06/cosme-y-la-trucha.html) en el que os hablaba por última vez de estos dos amigos. Os gustará.
Os deseo en esta noche de junio qué descanséis y qué no dejéis de soñar y de ser felices.
Un cariñoso abrazo.
José Ramón.




Esta es la historia de Cosme, un niño que, causa de su tartamudez, recibía el rechazo y las burlas de sus compañeros de juegos. Cosme quiso compartir su soledad con su única amiga a partir de aquél día…no fue tarea fácil porque se trataba de una pequeña trucha de ojos negros y piel resbaladiza que no se encontraba demasiado cómoda fuera del agua…aún así Cosme se afanaba en ello hasta que de pronto…
Es una historia tierna en la que se pone de manifiesto que el cariño entre las personas debe de estar más allá de sus apariencias y sus limitaciones físicas, porque en su interior siempre hay un corazón que merece la pena ser conocido y querido. Es una historia en el que la amistad puede con todo y es el vehículo de la solución de muchos de nuestros problemas.


Era, Cosme, el protagonista de esta historia, un niño más pequeño de estatura de lo normal y bastante delgado, para su edad. Su constitución y su extrema delgadez llamaban la atención: el resto de los niños eran más bien fuertes, como corresponde a un pueblo de montaña en el que se desarrolla el cuento que voy a relatar. A parte de su aspecto físico, Cosme tenía un pequeño problema: tartamudeaba un poco, sobre todo cuando se ponía nervioso. Esto y, como digo, su aspecto físico, hacía que Cosme viviese un poco aislado del resto de niños. Nadie quería ir con él para evitar ser mofa del resto de amigos.
Era ya principios de julio y se presentaba un verano caluroso, aún más que de costumbre, pues se venía padeciendo en la zona una sequía importante desde hace más de un año.
El río que bordeaba el pueblo llevaba seco desde principios de abril, excepto en la parte conocida como “el lago”: un ensanche de gran superficie del propio río que, todavía, mantenía agua con una profundidad de unos cinco metros; lo suficiente para permitir que más de una trucha permaneciese allí hasta el invierno. Este paraje suponía un reclamo suficiente para que fuese normal ver, en el pueblo, pescadores yendo de acá para allá.
Sin embargo, debido a la sequía, ese año no se habían visto demasiados. Más bien se habían visto pocos.



Cosme decidió que, como estaba muy solo y nadie quería jugar con él, se iría al lago e intentaría pescar algo. Jamás lo había hecho y no tenía la menor idea de cómo proceder; pero imitaría a los pescadores que más de una vez observó cómo se afanaban en sacar uno y otro pez de aquellas, entonces más que nunca, pacíficas aguas.
Se le ocurrió que como caña serviría una rama que encontró en los alrededores de su casa; de sedal, una cuerda que cogió a su padre del desván; valdría como anzuelo un alfiler doblado del costurero de su madre. En realidad llevaba dos, para tener uno de repuesto. Como cebo, cogió miga de pan del día anterior que, convenientemente humedecida con agua del lago, haría su función. No olvidó, por supuesto, una buena bolsa para llenarla con la pesca.



Llegó al lago. No había nadie. Perfecto, todos los peces para él, pensó......................................
–Se-seguro que lle-lleno la bol-bolsa de pe-pe-pescados –dijo nervioso.
Pasaron un par de horas sin sentir ni un solo tirón...................................................
–Me- me llamo Co-Cosme ¿Y tú?
La trucha, cada vez se movía menos y los ojos suplicaban algo que Cosme no alcanzaba a comprender. Fue tal la mirada tierna de semejante criatura, que hizo que Cosme acariciase con sus manos el puntiagudo morro del animal acuático. La trucha sólo tenía fuerzas para mover un poco la cola.
–Si te-te suelto, se-se- seremos amigos ¿va-vale? –le dijo Cosme.
La trucha parecía que le entendía, y...............................






viernes, 26 de mayo de 2017

CON LOS OJOS DEL ALMA



Buenos días, queridos seguidores de mis ilusiones. Os cuento una cosa: a un escritor, estoy seguro, todas sus obras le van dejando huella y de alguna manera van moldeando parte de su carácter, de su personalidad y, sobre todo, de su sensibilidad. Yo me estoy adentrando en este mundo (¡ya llevo siete años! ¡cómo pasa el tiempo!) y ya noto estas sensaciones. Todos mis cuentos, que en la actualidad son unos catorce escritos, aunque uno de ellos aún está en el invernadero madurando (en otra ocasión os contaré lo que ello significa), han significado algo para mí y han dejado un regusto en mi interior que me hace volver sobre ellos en las distintas situaciones que el día a día me hace vivir. Sí, creo que yo no soy el mismo de antes de empezar a escribir. Bueno, espero que me entendáis: el cambio, sinceramente, es inapreciable pero sí os quiero transmitir que el plasmar historias en un papel, cuadriculado, ya sabéis los más veteranos de este blog que es así como me gusta escribir, hace que veas las cosas que pasan por tus ojos en la vida de otra manera.
Pues hoy os quiero contar que uno de mis cuentos, que he traído muy recientemente a esta página que tanto nos gusta a todos, “Chano, mi amigo”, es un ejemplo de los que os digo. Desde que lo escribí viene a mi mente muchas veces la vida que llevan las personas invidentes. Ese estar en mi mente casi permanentemente ha hecho que, de esa idea, haya querido escribir un microrrelato y presentarlo a un concurso que para mí es ya habitual. Se trata del concurso “Pluma, Tinta y Papel” de Diversidad Literaria. Una vez más, he tenido la suerte de que me hayan seleccionado para formar parte de la antología que van a editar con todos los elegidos. Os recuerdo que la imagen de todos las ediciones en las que he sido seleccionado, que por el momento son todas en las que he participado —aunque ninguna he ganado, ni he quedado finalista…todavía me queda mucho por recorrer— las podéis encontrar en la columna de la derecha de vuestra pantalla. Ahí os indico el día en el que compartí con vosotros mis microrrelatos.
 Bueno, pues ya os dejo con mi trabajo que se adentra en el mundo de “Chano, mi amigo”. Espero que lo disfrutéis…aunque es corto, jajajaja…es lo que tienen los microrrelatos.
Buenos días (hoy os he podido escribir en horas normales pues me he cogido unos días de vacaciones) queridos compañeros en esta aventura de adentrarnos en el mundo de las ilusiones.

CON LOS OJOS DEL ALMA

Voces más fuertes de lo que a él le gustaría: retumbaban en sus oídos. Se preguntaba el porqué no eran capaces de utilizar un tono más íntimo, aunque lo que hablaban poco tenía de intimidad. Todos comentaban lo que veían o habían visto o, también, lo que deseaban ir a ver. Él solía, con los ojos del alma, ver lo que no era capaz de apreciar con los suyos. Aunque ciego, veía.


¡No dejéis de soñar y de ser felices,…por favor!
Un cariñoso abrazo.
José Ramón.


jueves, 11 de mayo de 2017

OTRO FIN DE SEMANA DE ILUSIONES





Hola, amigos. No os lo vais a creer pero llevo desde el sábado por la tarde queriendo entrar en nuestro blog para contaros como me fue el fin de semana de firmas en Herso (Albacete) y en Leolo (Valencia). Cuando nos pasan cosas buenas o agradables necesitamos contarlas a nuestros amigos y a la gente que nos tiene cierto cariño o con la que tenemos algo de confianza. Con mi entorno directo sí he podido compartir y disfrutar una vez más un fin de semana tan especial, aunque también me habría gustado haberlo podido hacer con alguien más de mis conocidos y amigos, cosa que me fue imposible pues no hubo ocasión. Me hubiese gustado, sobre todo, haberlo compartido con vosotros que sé que, muchos, lo estabais esperando. Sé que vivís conmigo estos éxitos y estas experiencias cargadas de ilusiones con la misma pasión con la que lo hago yo. Por mi parte procuro contároslas de manera que podáis vivir, a través de mis letras, lo que yo viví. Sí, fue un fin de semana magnífico.



 Imaginaos: la sala acogedora, rodeada de libros, con mucha luz, repleta de gente con sus pequeños…y sin pequeños; eso me gustó también mucho. ¿Sabéis por qué me gustó? Pues porque no escribo para unas edades determinadas. Muchas veces me han dicho: “debes decidir a qué edad quieres contar cosas y cuando lo tengas decidido entonces hazlo”. No puedo hacer eso, lo siento. Necesito contar algo y lo hago. Después aconsejo las edades para las que va dirigido. Así es como yo entiendo este mundo de la literatura infantil —digo que es infantil y ciertamente está dirigida a los más pequeños, pero la verdad es que mis historias, tal como están redactadas, provocan sensaciones, también, en los que ya no son tan pequeños…y eso me satisface mucho, igualmente, porque hago que la gente mayor las viva de la misma manera que cuando yo las concibo. Quizá, si me dedicase a escribir porque tengo que vivir, comer, pagar mis facturas, etc., a lo mejor me pensaba el consejo que me dieron. Pero no es mi caso. Escribo por placer y por afición. Escribo porque necesito contar cosas para transmitiros sentimientos y sensaciones. No escribo por necesidad física. Para mí la escritura es un medio de disfrute y un medio para haceros pasar unos momentos especiales que pretendo que sean únicos y que solo podáis encontrar en la ventana de este blog. ¿Presuntuoso? Nooooo. No es ser presuntuoso el querer que tu espacio sea único y especial. Otra cosa es que logre conseguirlo…pero si tan solo uno de vosotros así lo considera, entonces considero alcanzado mi objetivo y con eso me siento más que satisfecho. ¡Qué no se me olvide!: gracias a los que consideráis nuestra página como un lugar especial para momentos especiales J.



Bueno, pues sí, estaba lleno de gente y la atmósfera se hizo más íntima cuando seis jóvenes violinistas, dirigidos por su profesor, empezaron a interpretar unos bellísimas obras…noté que, Sax y Volín, se removían entre las páginas de “La nota que faltaba”. Yo miraba a la gente, miraba sus miradas, prestaba atención a su quietud de momia, no perdía detalle de todo lo que revelase sus sensibilidades en esos momentos, al menos para mí, emocionantes. Creo que por ese momento y por otros que me sucedieron ese viernes, cinco de mayo, ha merecido la pena todo lo pasado con mi primer trabajo.



Después vino el cuenta cuento, con una puesta en escena magnífica (gracias Ángela).



Una vez se terminó repartimos unas láminas, basadas en las ilustraciones del álbum ilustrado, a los niños asistentes para que pudiesen iluminarlas mientras yo aprovechaba la oportunidad de poder dirigirme a todos los padres, tíos, abuelos, etc. y hablarles de los beneficios que ofrece “La nota…” a pequeños y mayores. 


Este fue otro gran momento que lo he vivido en otras dos ocasiones (en la Feria de Madrid y en la de Valencia), pero no con la intensidad y amplitud como la viví el viernes en Herso: me vi frente un grupo de personas que estaban allí para oír sobre mi álbum. Fue una sensación maravillosa pues no había prisa por parte de nadie: ni por su parte ni, por supuesto, por la mía. Ese momento (ahora le llaman “momentazo”…pero me resisto a utilizar palabras de moda…) fue extraordinario porque cuando estás concibiendo una historia, en la soledad de tu escritorio, con tu lámpara amable y tu música que te transporta a tus mundos de ilusiones, piensas en cuando esté al alcance de tu público (nunca estás seguro de si lo podrás llegar a tener) y puedas hablarles de él, de cómo se te ocurrió, de por qué lo hiciste así y de por qué lo escribiste de esa manera y no de otra; de qué querías conseguir y qué conseguiste…Eso lo pude hacer frente al público entusiasta que el viernes se reunió en Herso y que, a la mínima, brindaban sus aplausos.



Después vino la oportunidad, siempre agradable, de las dedicatorias de mi trabajo a aquellos que decidieron que “La nota que faltaba” era un buen regalo o que se trataba de algo importante que podría contribuir a la formación de sus pequeños (una gozada el rato que pasé con Santiago, que será un gran pianista, seguro, y con Ricardo); 









o, como fue el caso de una profesora de la academia “Pianissimo”, para contribuir a la de los futuros músicos. Por cierto, aprovecho para deciros que “La nota…” no es un libro “de música”; no lo concebí así. Es un álbum de valores, escrito porque quería tener un cuento sobre mi instrumento (llevo seis años aprendiendo a tocar el saxo); se trata de una historia entretenida y con un componente musical importante y aplicable en las primeras etapas de la enseñanza musical. No es un libro exclusivo de música. Es un libro que quiere hablar de valores a través de una historia relacionada con la música y que puede tener aplicación en los primeros años, en las escuelas de música. Lo digo todo esto porque hay gente que al mirarlo en la estantería pasa de largo porque piensan que es, tan solo, de música…y no es así.



Dicho esto que os quería contar, y siguiendo con el relato de lo que supuso ese día para mí, os diré que lo mejor de aquella noche maravillosa fue cuando se me acercó un hombre que quería que le dedicase un libro a Mateo (espero no equivocarme de nombre). Mateo…había llegado a este mundo hacía dos días…Todavía, al recordarlo, me estremezco y me emociono. Aquel hombre, sin saberlo, aunque se lo dije después y así lo reflejé en la dedicatoria, me hizo un grandísimo honor. Mi libro iba a ser el primer libro de la vida de ese chaval. Posiblemente “La nota…” representará algo importante en su vida y le acompañará toda entera. Quizá, yo sea el causante de que llegue a ser un gran músico…la pena es que yo no llegue a verlo. Todavía me emociono por la gran responsabilidad que cayó esa tarde sobre mí. Pienso ahora, por ello, que ha merecido la pena todo el sacrificio y esfuerzo que he tenido que hacer para llegar a ver publicado mi querido primer álbum de valores y de música. Me encantará llegar a saber de Mateo cuando lo haya leído…


El día 6, por la mañana, 



estuvimos en la librería Leolo, en Valencia. Estuvo bastante bien aunque la audiencia fue muy pobre. Yo no sé las razones por la poca asistencia y estoy seguro de que mis amigos de Leolo habrán analizado qué es lo que no salió del todo bien. Al final, aunque la audiencia es importante, qué duda cabe, lo que tiene más valor es que fuimos capaces, entre todos los que nos convocamos allí, de crear una atmósfera de fantasía e ilusiones, que es lo que realmente es la literatura infantil. Y, eso, os aseguro, sí que mereció la pena, más allá del número de asistentes. Las miradas de los pequeños escuchando a Yolanda, que lo hizo fenomenal, durante el cuenta cuento, lo decían todo. 




Después, mientras pintaban las láminas, como hicimos en Herso, tuvimos la charla, con los mayores que asistieron, más enriquecedora de todas las que he tenido en ninguno de los eventos anteriores. Esto último es con lo que me quedo de valor de ese día. Fue una inolvidable experiencia que unida a la del día anterior, en Albacete, hizo que pueda decir que este fin de semana pasado lo ha sido para recordar siempre.







Pues esto es todo lo que os quería contar de este nuevo set de actividades para dar a conocer “La nota que faltaba”. Espero que de la forma que os lo he contado lo hayáis vivido con la intensidad con la que lo hice yo en directo. Ese es mi único motivo de traéroslo esta noche aquí, a nuestro cálido rincón.
Buenas noches, amigos. No dejéis de seguir soñando y siendo felices.

José Ramón.


miércoles, 3 de mayo de 2017

CHANO, MI AMIGO




(1)

Intentar ver a través de los ojos de los demás, tratando de saber cómo interpretan lo que la vida les pone delante es ciertamente difícil; diría que casi imposible. Somos seres complicados y nuestras percepciones de las cosas que suceden a nuestro alrededor varían tanto y son tan diversas como personas habitamos nuestro mundo. A veces creemos saber lo que el otro, nuestro amigo, nuestra pareja, nuestro confidente…cree, y nos equivocamos de cabo a rabo. Es muy difícil ser capaz de meternos en la cabeza de otra persona para intentar adivinar lo que piensa de esto o aquello, o el porqué de sus acciones y de sus omisiones, de sus palabras y, sobre todo, de sus silencios. Es muy difícil pasarse por persona ajena.
Hoy os quiero contar algo sobre esto: sobre cómo “ve” mi amigo, Chano.
Buenas noches, queridos amigos, y bienvenidos al encuentro, que nunca consigo hacerlo realidad antes de cuando lo hago, con lo que escribo y os quiero contar.
Sí, las comillas que os acabo de poner en el texto, en la tercera persona del verbo ver, son más que acertadas. Estoy seguro que muchos de vosotros sabéis el motivo porque ya conocéis la historia sobre “Chano, mi amigo”: os la traje por primera vez el 15 de noviembre del año pasado y aprovecho para recomendaros que la releáis pues estuvo, creo, bastante entretenida.
Ese 15 de noviembre os decía que este cuento todavía no tenía ilustrador y hoy os puedo anunciar que ya lo tiene: se trata de un muy buen ilustrador que ha querido formar equipo conmigo para dar vida a Chano. Javier Monsalvett (todos los derechos reservados), http://monsalvett.blogspot.com.es/. Espero que os guste lo que veáis en su página.
Bueno, os cuento cosas. Una de las primeras que se hace cuando nos enfrentamos a un nuevo proyecto de álbum ilustrado es elegir y diseñar los personajes…lógicamente, diréis. Sí, es un período de intercambio de mensajes apasionantes con el ilustrador en el que vas viendo cómo va naciendo ese personaje que solo ha tenido vida en tu cabeza. Es un período que disfruto muchísimo, aunque me ha traído más de un disgusto pues ha habido algún ilustrador (sin especificar género) que no ha entendido esto como un trabajo en equipo y sí como una crítica a su manera de ilustrar…con él/ella se acabó rápido la relación de “compañero-laboral”…no entendió nada. Ahora estoy en esa maravillosa fase, como la defino, con cuatro ilustradores en mis cuentos: “Cargo Blue”, “Tejas , espuma y sal”, “Viento del sur” y éste mismo; y acabo de terminar esa fase en dos más: “Tela de araña” (magnífico trabajo con Helena. Es un encanto de persona y una maravillosa profesional), “Camino del oeste” (preciosas ilustraciones, Ana María) y “Van Popel” (con un trabajo todavía no concluso de mi compañero Daniel Pineda que conozco personalmente y con el que formamos un buen equipo, ¿verdad, Daniel?).
Esta fase es como cuando una mujer está a punto de dar a luz y está deseando ver cómo es y qué cara tiene ese recién nacido que tanto tiempo ha llevado consigo en su interior. Yo escribo y describo a mis personajes, pero no soy el que definitivamente los traerá al mundo. Es el ilustrador el que tiene la última palabra. Él es el que interpreta el cuento y el que se tiene que sentir a gusto con los protagonistas de la historia. Ellos me enseñan sus diseños y bocetos (nunca lo exijo; es más, les animo a que interpreten lo que lean y saquen el personaje) y me preguntan: “¿puede ser así este personaje, lo reconoces?”; “¿qué te parece si lo represento así o asá?”…Es una maravilla trabajar de ese modo, os lo aseguro.
En otras entradas de este blog os he hablado a veces del trabajo que llevo a cabo con “mis” ilustradores. Os decía que busco en internet a través de las páginas de ilustración el tipo de ilustraciones que le van a cada uno de mis cuentos y me pongo en contacto con el ilustrador. Le ofrezco formar equipo conmigo y, lo tengo que decir, la mayoría acepta mis condiciones como razonables y nos ponemos en marcha con este proceso que hoy aprovecho para contaros. Me gusta compartir con todos vosotros, mis fieles seguidores de mis ilusiones, mi recorrido autodidacta en este mundo maravilloso de la literatura infantil.
En esta fase estamos con “Mi amigo, Chano”. Ya os conté como nació esta historia, en la entrada de diciembre del año pasado que os mencioné hace un momento, y que ahora la ha retomado mi nuevo compañero, sevillano de nacimiento, Javier. Busqué alguien de esa zona andaluza para poder llegar a ilustrar esta bonita historia. (Si queréis saber algo más de él, aquí lo podéis encontrar: http://ultrarradio.com/artista/javier-monsalvett/).

Primero os quiero mostrar la sinopsis del cuento para que entréis en la historia:

Esta corta historia nos acerca un poco a la vida de las personas invidentes y por extensión a todos los que tienen algún tipo de limitación. “Chano, mi amigo” es una tierna historia con una moraleja final: “no siempre lo de los demás es mejor que lo nuestro” Malgastamos la mitad de nuestras vidas anhelando lo que tienen otros sin valorar lo nuestro y lo que llena nuestro mundo. Esta historia se desarrolla en un conocido y bellísimo pueblo de Cádiz y trata sobre la vista de un ciego; sobre todo aquello que imaginamos puede llegar a ver un invidente…con los ojos del alma. Recorreremos, guiados por el bastón de Chano, los lugares más llenos de la esencia de…mejor no desvelo el nombre del pueblo por el que Chano se pasea y es muy querido. En definitiva se trata de una historia llena de anhelos y de riqueza interior y, por ello, de una historia que nos puede ayudar en nuestra vida personal…a mí, por lo menos, lo ha hecho.

Aquí tenéis la descripción que hago del personaje a través de cómo se va contando lo que “ve”:

Esta historia que voy a contaros es la de mi amigo Sebastián, “Chano” para todos los que le conocemos y le queremos.
Chano vive en un blanco, muy blanco, pueblo cuyo nombre lo dejo para que lo adivinéis; sólo os diré que es un bonito pueblo que mira sereno al Atlántico por donde tantos ataques recibió en el pasado; y por donde tantos amigos de tantos lejanos países, hoy, traen consigo sus costumbres, ilusiones y tiempo para compartirlo con sus habitantes, entre blancas paredes que canalizan las serpenteantes y estrechas callejuelas. En él viven gentes forjadas por el salitre, los vientos y la bravura, el respeto, la honradez  y la nobleza de la almadraba.
Sebastián “Chano” lo conoce bien y, aunque nunca lo ha podido ver y admirar con sus ojos, no deja de imaginarse en su mente cómo serán todas aquellas casas y cosas que lo rodean. Sebastián “Chano” es ciego.
Suele levantarse muy temprano, cuando el Sol acaba de desperezarse y con sus rayos empieza a tantear los muros de los habitantes todavía por despertar. No perdona el paseo paralelo al río. Sí, en su pueblo muere alegre el río, con sal en su nombre, para confundirse con el océano. Siempre se detiene en el mismo lugar, sobre el puente, y allí da media vuelta y fija su mirada –que aunque no lo creáis los ciegos también la tienen– en donde supone se encuentra su tranquilo pueblo a aquellas horas.
–¡Cómo me gustaría poder disfrutar de esta armonía de colores, luces y blancas paredes! –suele desear tanto verlos…
Muy frecuentemente sus amigos, que nunca le faltan, bajan con él a pasar el día a esa playa  –parte importante del marco paisajístico de la zona– que muy cerca está de poder bañar con sus aguas las sedientas calles en verano. Allí, Chano, se suele quedar extasiado con el ruido de las olas rompiendo en la cálida arena donde él las espera con sus pies descalzos. Ese frío saludo de espuma y sal sobre sus pies siempre lo llena de vida y, tras una profunda inspiración, se suele quedar absorto escuchando las angustiosas voces de las gaviotas que, a su manera, también lo saludan: “Au-Kyee-Kau-Kau-Kau”.
–Cómo me gustaría ver esta espuma,…………..……………………………………………
En el pueblo de Sebastián “Chano”, si algo es digno de verse eso es el pueblo al atardecer: sus luces tempranas, los rayos de Sol que se resisten a irse a descansar, la Guzmán con su majestuosidad iluminada que nos transporta a otros tiempos de guerreros y luchas…y todo ello reflejado en la tibieza del océano y en los charcos que comparten espacio con el arenal: en el pueblo de mi amigo Chano se pueden ver estampas que se asemejan al arcoíris. De ello, él, es muy consciente.
–Lo que daría por saber cómo se confunden esas tonalidades del atardecer. Huelo el caer de la tarde mezclándose con la humedad del ambiente; oigo…………………………………………………………………………
Pero lo que más le gusta a Sebastián “Chano” es pasar bajo el coqueto y transitado, desde tiempos lejanos, Arco de la Villa. Bajo él, el eco de sus pisadas le da los buenos días o las buenas tardes y él, con un movimiento de cabeza, como si prestase extrema atención, le devuelve el saludo. Siempre camina con paso decidido cerca de las paredes, que parecen reverberar la cálida presencia del Sol, hasta alcanzar “su banco”. Allí,……………………………………………………………………………


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 Y estos, más el que encabeza esta entrada, completan la propuesta de Javier trabajando en la definición del personaje. ¿Cuál os gusta? ¡Se aceptan y se desean vuestras opiniones! Nosotros hemos coincidido en cómo podría ser Chano.




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Buenas noches, queridos amigos de este espacio lleno de ilusiones. ¿A qué se os ha pasado el tiempo rápido y os habéis olvidado por unos momentos del mundo exterior? A mí, con vosotros ahí, siempre. Un cariñoso abrazo.
José Ramón.








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martes, 25 de abril de 2017

FIN DE SEMANA DE ILUSIONES.


(Foto de Luis Carrasco)

Hola, queridos amigos de mis historias, buenas tardes. Últimamente llevo una vida ajetreada por motivo de la literatura infantil con distintas actividades que he podido sacar adelante para dar a conocer mi primer álbum ilustrado, “La nota que faltaba”. Y eso es lo que hoy os voy a contar: el maravilloso fin de semana que he pasado hablando de este cuento que, cuanto más pasa el tiempo y más hablo de él, descubro mucha más riqueza en sus páginas. Me parece mentira que hayamos podido crear, mi compañera ilustradora, Tania, y yo, esta historia que tiene tan gran potencial y tanta versatilidad: habla de música, de las tonalidades de los instrumentos; resulta una tierna historia, divertida en su desarrollo y apoyada por unas preciosas ilustraciones; ideal para los primeros momentos después de que un pequeño haya empezado a leer solo; y si no lee solo, es ideal para que los mayores: padres, abuelos, tíos, hermanos, etc, no solo se lo cuenten tal como está escrito sino que, gracias a la vida que tienen las maravillosas ilustraciones, que puedan inventar historias paralelas apoyándose en ellas; y sobre todo que es un cuento que habla de valores: la amistad, el compañerismo, la capacidad del trabajo en equipo, la tenacidad y la constancia y, lo que es muy importante, el alegrase de los éxitos de los compañeros…así es “La nota que faltaba”, y así lo presenté este fin de semana en el Día del Libro, en Albacete, el viernes 21, y en la Feria del Libro de Valencia, el sábado 22 por la tarde, en su 52 edición, establecida en los Jardines de Viveros.



El viernes, en Albacete, estuvo muy bien a pesar del frío que pasé: la Librería Herso lo organizó con mucho gusto y tuve la suerte de estar acompañado por la escritora albaceteña, Lydia Sánchez Puertas, con la que, cuando no estábamos firmando ejemplares, que lo hicimos en bastantes ocasiones, comparamos las manías que teníamos ambos a la hora de ponernos a escribir…curiosamente coincidíamos en varias.
Estuvo bien, muy bien. Recibí la visita de varios amigos, aunque de algunos no la esperaba pues, sin saberlo a ciencia cierta, pensé que ya habían dejado Albacete, por motivos de trabajo o qué sé yo…de esos que un día desaparecen de tu vida sin decir ni siquiera adiós, qué te vaya bien. De esos con los que parecía haber un feeling especial y que te das cuenta de que no existe esa reciprocidad…bueno, pues a pesar de eso fue una grata sorpresa verlos; otros que vinieron a que les firmase un ejemplar que ya habían adquirido en meses anteriores; otros solo para acompañarme un rato y charlar (me gustó hablar con la pareja que forman Mercedes y Javier).

 


Fueron dos horas rodeado de gente y de pasión por la literatura infantil. Muerto de frío, ya de noche, me puse en marcha a Valencia con la ilusión de lo que venía con el sábado.





Llegué a la caseta de la librería Leolo a las seis y un minuto y me tuve que excusar ante Bárbara, su librera, por el retraso…pero es que las estaciones de “valenbisi” no funcionaban: sí, por Valencia me gusta ir en bicicleta siempre que puedo. Es que me parece que ir en bicicleta por una ciudad, la que sea, te hace verla de manera distinta y saborearla y retener en tu mente sensaciones que para mí tienen mucho de bohemio y romántico…os parecerá una tontería, pero desplazarme por Valencia en bici me hace sentir distinto y me gusta. Bueno…¡a la Feria!

(Foto de Luis Carrasco)

Entro en una caseta maravillosa, espaciosa, en la que los libros van de derecha a izquierda perfectamente colocados por edades. En la zona de cinco años veo mi “La nota…”, delante de un cartel en el que estaba mi nombre anunciando que era mi día para dedicarlo…¡Qué ilusión!

Dejo mi mochila, saco unos marcapáginas, ofrezco uno…me miran con una sonrisa… “¿queréis que os diga de que va?”… “Bueno”…”Este álbum trata de un saxo pequeño cuyos padres murieron en una gira y no les dio tiempo a enseñarle todo lo que un saxo de su edad debería saber…le quedaba conocer cómo tocar la nota sol…”… “¿nos lo dedicas?”…
¡No me lo podía creer! Acababa de llegar y ni siquiera había sacado uno de mis bolígrafos preferidos y ya debía firmar uno…y a continuación otro…Llevaba cinco minutos y ya firmé dos. Me sentía eufórico, pero no os confundáis, que no por el hecho de haber vendido dos, sino porque hubo dos familias a las que mi historia les enganchó. 












(Foto de Luis Carrasco)
Para un escritor de verdad (no es que yo me considere que ya lo sea, pero me siento como si lo fuese…soy muy, muy nuevo en este oficio y me encanta aprenderlo día a día y disfrutarlo en estas ocasiones) eso es lo que le llena: el deseo del lector por su obra. Me encantó esa sensación inicial que no desapareció durante las tres horas que estuve firmando sin parar…batí todas las expectativas de la librera que me dijo que llegar a la cantidad que llegué era muy difícil…”pero es que la historia cuando se conoce engancha”, le dije. 

Aún esperando más amigos en Valencia que en Albacete, tuve menos visitas (esperaba unos cuantos, entre los que se encuentra algún ilustrador con el que tengo previsto, próximamente, la publicación de mi segundo álbum. La gente piensa que por pasarse por la caseta ya están obligados a adquirirlo y entonces deciden no hacerlo. No se dan cuenta que no esperas firmar muchos libros a costa de ellos: a ellos ya los tienes ganados…así es). Uno de los que sí vino fue mi amigo Luis Carrasco, magnífico fotógrafo (http://luiscarrascollopisfotos.portfoliobox.net/streetphoto-fotografacallejera-fotoalcarrer), que tuvo el detalle de obsequiarme con un reportaje fotográfico del que he extraído algunas de sus obras para esta entrada. Gracias, Luis, por tu amabilidad y amistad y deseo que puedas leerle a la pequeña el cuento con la misma pasión con la que yo lo escribí. Un fuerte abrazo agradecido.

(Foto Luis Carrasco)

Un chico, de unos cuarenta años (jo…a lo mejor tenía menos…espero que me sepa perdonar…), se acerca a la caseta, mira el cuento, me mira a mí y me dice:
Ese cuento lo conozco traté de ubicarlo en mi vida.
—¿Ah, sí?
—Sí, hicimos una actividad musical en el colegio y compramos cinco o seis libros para complementarla y ese fue uno de los que compramos —¡ya es lo que me quedaba para que el día fuese perfecto!

Fue un fin de semana de ensueño en el que me encantó hablar de mi primer álbum y ver las caras de satisfacción de todos aquellos que tras leer mi dedicatoria se despedían con un brillo cómplice en sus ojos.
Buenas noches, queridos confidentes de mis ilusiones en este espacio tan nuestro.

José Ramón.