miércoles, 16 de abril de 2014

St. KIRSTEN

Buenas noches amigos. De nuevo con vosotros en esta noche en la que me apetece entrar en este rincón en busca de vuestra compañía a través de esta maravillosa ventana que nos proporciona internet. Esta es una de esas noches en las que me apetece sentarme frente a la pantalla de mi viejo ordenador (ya le quedan pocos días pues está en camino un flamante portátil) y ponerme a contar cosas sin parar, a veces sin demasiado sentido; es como si necesitase hacer gimnasia con mis dedos presionando las letras del teclado; me pasa como a esa gente que necesita imperiosamente hablar, hablar y hablar…por el mero hecho de hablar. Pues sí, hoy necesito estar con vosotros un rato. ¿Sabéis? Sois muchísimos los que os acercáis por estos parajes de las ilusiones que se me pasan por la cabeza. Digo esto porque, si bien estamos en las siete mil y pico visitas en este blog, ayer descubrí que en mi cuenta de Google +, asociada a este blog (en ella aparecen las mismas entradas que publico en esta página), vi, y lo desconocía hasta entonces, que puedo presumir de tener unas cincuenta y casi dos mil visitas…esto es de un gran valor por lo que significa que mis trabajos y los de “mis” ilustradores se ven mucho y gustan bastante más de lo que me esperaba. Gracias a todos vosotros que leéis todo esto que escribo en el blog y a los que lo hacéis a través de mi cuenta de Google (https://plus.google.com/106222736834964333419). La podéis encontrar, también, justo al costado de mi fotografía que encabeza este blog.
Tengo ganas de escribir, de contar historias, de volcar lo que pasa por mi mente en un pedazo de papel cuadriculado; sí, me gusta que sea cuadriculado…blanco está demasiado solitario y me impone respeto; las cuadrículas me ofrecen rincones en los que parapetarme y, como si nadie me viese, volcar en mi soledad lo que quiero compartir.
Pues hoy os quiero contar un cuento…o parte de él, ya sabéis…Hace mucho tiempo que no os traigo uno inédito y hoy me apetece hacerlo. Me gustaría tener más tiempo para escribir más cosas; para escribiros más y mejor, pero no me es demasiado fácil encontrar el momento adecuado para hacerlo. Hoy sí lo tengo y os voy a hablar de….

 St. Kirsten.
¿Nos hemos preguntado alguna vez qué tienen de especial los colegios de élite?
St. Kirsten era uno de ellos y en esta historia os cuento el porqué, los alumnos que año tras año pasaban por sus aulas, conseguían tan buenos resultados.
Nicolás sabía mucho de esto. Los duendes lo saben todo de nosotros...
En esta historia trepidante, llena de ternura y acción, se pone de manifiesto lo importante que es en la vida la responsabilidad con la que debemos acometer nuestras obligaciones.
Es una historia en la que Nicolás, sustentado siempre por el recuerdo de su querida Amalia, cumple con su obligación de mantener St. Kirsten como lo que, desde la época de sus antepasados, venía siendo: uno de los mejores colegios de élite del país.

Espero que lo disfrutéis en esta noche en la que ya, muchos de vosotros, estáis disfrutando de unas ansiadas vacaciones de Semana Santa, al menos en España. Yo ya estoy de vacaciones y he encontrado un momento para escribir una nueva historia: mañana temprano, muy temprano, me levantaré, desayunaré y con mi música de yoga, que es como me gusta escribir, lo haré en el silencio de mi rincón, frente a mí papel cuadriculado…después vendrá el momento del frío ordenador…
A todos, que mi historia os acompañe en vuestros sueños y que lo sean de ilusiones, de esas que os mantienen vivos y deseando que amanezca de nuevo. Felices sueños, queridos todos.
José Ramón.

El sonido de la bocina que indicaba el inicio de las clases esa mañana del mes de abril sonó angustiada y desagradable, como siempre, en el antiguo y majestuoso patio del colegio.
Esa era la señal para que, los siempre serios profesores, indicasen a los niños que ordenadamente esperaban haciendo fila, el camino de las aulas.

St. Kirsten era uno de esos colegios denominados de élite; de esos en los que en su momento estudiaron los más insignes políticos, economistas, arquitectos, etc, que en la actualidad lideraban los puestos más importantes de la Nación.

¿Os habéis preguntado alguna vez el porqué unos colegios son de élite y otros no? Pues la respuesta la encontraréis a lo largo de esta historia que voy a relatar.

Mucha de la culpa de este éxito atribuido a determinados colegios, por lo menos en el caso del de esta historia, era debida a personajes como Nicolás.

Nicolás se encargaba de velar por el colegio y por sus ocupantes, no sólo por los que, por estar lejos de sus familias, habitaban en su residencia; sino también por los que todas las mañanas acudían al colegio en distintos autobuses procedentes de todos los lugares de la ciudad, e incluso de otras ciudades vecinas, para asistir a clase. Él velaba por todo y a todas horas; no importaba que fuese de día o de noche porque los duendes no necesitaban descansar.

 Sí, Nicolás era un duende de apenas unos treinta centímetros que, según se dice, es la estatura media de los duendes. Era de color verde clarito y tenía unos ojos grandes y avispados, además de una prominente nariz que casi se juntaba con su no menos prominente barbilla. Iba tocado, por supuesto, con su característico gorro terminado en punta. No se podía decir que fuese un duende agraciado, ni tampoco que no lo fuese; simplemente que era un Duende con mayúsculas y que estaba encargado de la protección de “su” colegio.
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Aquel día, en ese comprobar rutinario, detectó que una ensalada tenía una salsa que no estaba en buen estado. Sólo con verla, olerla, probarla…¡qué sé yo cómo lo hacía!, nuestro duende era capaz de detectar si algo estaba en unas condiciones que pudiese perjudicar la salud de sus protegidos; lo cual era su principal misión y para lo que moraba en aquel colegio. Aquella ensalada lo estaba y tenía que ingeniárselas para que no fuese llevada al comedor, en aquellas condiciones, para su distribución.

Una característica negativa que poseen los duendes es que no son demasiado fuertes; más bien son débiles en cuanto a fuerza muscular aunque la suplen con una fuerza intelectual portentosa.

Tenía que hacer que una de las cacerolas que reposaba junto a cazos y otros artículos de cocina, más bien desordenados, en las estanterías desde las que se divisaba ahí abajo la ensalada, cayese
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Era el momento de dirigirse a las aulas y Nicolás salió rápidamente de la cocina en dirección a aquéllas. Debía estar atento por si tenía que sacar de apuros, antes de ir a comer, a algún que otro alumno que no tuviese su día. Cuando Amelia vivía, Nicolás se pasaba todo el tiempo velando por los estudios y los resultados en los exámenes de los pupilos.

De vital importancia era si los alumnos se aplicaban y prestaban atención a las enseñanzas de sus profesores; pero mucho más si el duende o los duendes, como era el caso de Amelia y Nicolás, estaban prestos a sacarles de apuros en los exámenes o cuando sus maestros les preguntaban minuciosamente, de pie junto a la pizarra, la lección del día. Nicolás era uno de los duendes totalmente entregados a la protección de los alumnos y a conseguir que sus notas fuesen de las más altas de entre los colegios del país. En los exámenes ............................
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Por lo contado, es por lo que digo que los alumnos de los colegios del tipo del de esta historia: futuros médicos, políticos, investigadores, etc.; eran buenos, pero no tanto como se pensaba y se piensa en la actualidad. Los verdaderamente buenos y artífices de sus éxitos escolares y posterior prestigio eran los duendes que los protegían; en este caso, Nicolás. En el éxito de su trabajo radicaba la diferencia entre unos colegios y otros; entre que unos fuesen considerados de élite y otros no tanto.

Un buen día, ya de noche, realizando Nicolás su “ronda nocturna” velando por el sueño de los alumnos residentes, cosa que no hacía tan diligentemente, por cierto, el guardián que por las noches estaba a cargo de la seguridad del colegio; pasó al lado del citado vigilante y lo vio sentado en su cómodo sillón, con la televisión encendida y totalmente dormido. No daba crédito a lo que veía. Un primer impulso le llevó a............................................................
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Este cuento está registrado con la solicitud de registro de la propiedad intelectual num:
V-898-13.




2 comentarios:

ORB dijo...

Habrá que esperar para saber ese impulso de Nicolas. Seguro que merece la pena esa espera. Un saludo

José Ramón de Cea dijo...

Ya he recibido algún buen comentario sobre la historia por parte de algún ilustrador/a, ORB, y espero que pronto pueda encontrar al que se anime a ilustrarlo...te aseguro que merece la pena y espero que pronto pueda traeros algunas de las ilustraciones que le den vida. Un abrazo y gracias por tu comentario.
José Ramón.