martes, 23 de enero de 2018

LÍNEA 29 (capítulo quinto y último)






Pues ya hemos llegado, mis queridos seguidores, al final de este recorrido, novedoso para mí, por los railes de una historia que pretendía ser del género “novela negra”. Para mí ha sido muy gratificante y muy divertido. Lo hice pensando en todos vosotros. Como os dije, quería regalaros algo completo de mi literatura y de mi manera de escribir. Espero que haya sido algo agradable para todos, al menos para la mayoría, y que os haya hecho pasar unos ratos muy nuestros, de tranquilidad en nuestro espacio. Esa era mi única intención. Quizá me anime, en un futuro próximo, a repetir la experiencia. De momento, hoy, cambiamos, con este capítulo final, de género literario y nos volvemos al infantil que lo vamos a coger con muchas ganas y lo haremos con un trabajo finalizado, que personalmente me parece que ha quedado muy bien, y que ya conocéis. De momento no os digo nada más. Pero antes, os quiero obsequiar con algo muy personal que dudo que ningún escritor lo haya hecho antes. Pero vosotros sois especiales para mí y yo sí quiero compartir con vosotros el esquema y planeamiento que he hecho para este relato de cinco capítulos que hoy hemos terminado. Al final, en dos fotografías, os lo presento. Espero que os guste también. No es nada del otro mundo pero…es mío…muy privado…y lo quiero compartir con vosotros.
Antes de despedirme os recuerdo que no debéis leer este capítulo final sin antes haber leído los cuatro anteriores:
Como siempre: no dejéis de soñar (lo que sea…)y de ser felices (con quién sea…). Un cariñoso abrazo.
José Ramón.


La información que le di, a Sera Trescantos, fue el hilo conductor durante las indagaciones y clave para que el asesino se derrumbase en la sala de interrogatorios cuando le preguntaron por determinados detalles. Contó sus motivaciones y cómo lo mató.
Pedro Raspeño, tenía demasiados motivos para asesinar a su compañero en la Línea 29: la vida no le trataba demasiado bien y le costaba mucho esfuerzo sacar adelante la familia numerosa a la que su aportación económica era la única que llegaba. Los fines de semana representaban una ocasión muy importante para la salud del matrimonio: eran los únicos dos días en los que, Pedro, podía dedicarse por entero a ayudar a su mujer y compartir el pesado trabajo para sacar adelante a sus cinco hijos. Gabriel Pocamonta, fue el causante de que esa posibilidad se esfumase y que tuviese que buscar, y encontrar a duras penas, otros trabajos inciertos durante la semana, pues su sueldo no le llegaba para que los siete pudieran vivir dignamente. Pedro tenía el suficiente rencor y motivaciones no le faltaban para haber matado al Pocamonta. Su preparación era la adecuada gracias a su pasado como integrante del área de inmunología del Hospital Central…Pero él no fue el asesino.
Pedro Raspeño y Anselmo Rubio estuvieron todo el viaje sentados juntos y hablando de sus cosas; entre ellas de que, el practicante, que tenía sobrados motivos para vengarse de Gabriel, acudía ese día a la ciudad para recoger una serie de medicamentos para su clínica veterinaria, entre ellos el denominado Tiopental, producto que fue hallado en el cuerpo del cadáver y fue la causa, casi instantánea, del fallecimiento del Pocamonta.
El Tiopental es un medicamento utilizado para la eutanasia de los animales. Medicamento potente que, inyectado, y en dosis adecuadas, produce la muerte del animal; en dosis elevadas, como fue el caso, produce la muerte casi instantánea de una persona. Produjo la muerte de Gabriel.
Anselmo tenía motivos más que suficientes para asesinarlo. Además, era el mejor preparado para llevarlo a cabo.
Luis Martos, en su afán investigador tras Anselmo, pudo ver a Cebrián, aquella mañana, salir de casa del veterinario/practicante con algunos artículos en una bolsa que se metió en el bolsillo de su abrigo, tras tirar, en un cubo de basura próximo, una cajita de cartón, de esas que contienen medicamentos; cajita que fue recuperada por Luis Martos, mientras esperaba la salida del propio Anselmo. Cebrián y Anselmo eran amigos de la infancia y esto, Luis, lo sabía. Por eso, instintivamente, se guardó la cajita de Tiopental, sin saber muy bien para qué se utilizaba ese medicamento. Cebrián había entrado en casa de su amigo totalmente desquiciado y salió de ella más tranquilo.
A la hora de ir a coger el autobús, Anselmo, abandono su vivienda y, Luis, fue tras él hacia la caseta del bus donde nos encontramos y nos saludamos.

Tan pronto Luis me contó lo que cogió de la basura yo recordé algo que había olvidado. Cuando llegué a la parada vi en la papelera uno de esos plásticos que sirven para, en su interior, portar una jeringuilla. Algo me dijo, quizá mi sexto sentido, por el trabajo que tengo, que debía cogerlo y lo hice una vez todos habían subido al autobús. No recordaba haberlo hecho pues fue un acto instintivo y lo hice cuando Luis y yo comentamos los eventos de aquella mañana fría en Gargantilla.
Anselmo proporcionó el Tiopental a Cebrián. Éste llego en un estado nervioso preocupante y fuera de si. Le contó a Anselmo que necesitaba deshacerse de los perros del Pocamonta, que no le dejaban descansar y que ya no aguantaba más. Anselmo le proporcionó el líquido mortal sin demasiados reparos pues estaba claro que Gabriel no era Santo de su devoción.
Serafín Trescantos, una vez conocido el producto hallado en el cuerpo de Gabriel, ordenó la inmediata detención de Anselmo, veterinario de Gargantilla. Pero él no lo mató.
Luis me contó también que, a mitad de trayecto, aprovechando la subida de bastantes personas en la parada de Torreanclada, la más importante del recorrido y ya próxima a la capital, Cebrian, abandonó su asiento y ocupó uno en las últimas filas.
Todo lo tenía así pensado Cebrián Conde, asesino confeso de Gabriel Pocamonta.
Con toda esta información que proporcioné a mi amigo Sera, consiguió que Cebrián confesase la utilización del Tiopental para algo más que para mandar al otro barrio a los odiados perros.
Tras la confesión, Cebrián, está en prisión incondicional, por presunto asesinato —¡qué eufemismo!—, en espera de juicio. Anselmo quedó en libertad con cargos por complicidad en el intento de acabar con los animales/objeto de Gabriel.
Lo bueno del caso, siempre veo cosas buenas en todos las macabras situaciones sobre los que tengo la oportunidad de escribir, es que, Cebrián, en la cárcel, ha encontrado la paz y el descanso que se le ha negado en su vida en libertad. Seguro que, en breve, recuperará su equilibrio emocional.
A, Pedro Raspeño, tras conocerse todos los detalles de la historia, La Comarcal, le “devolvió” el turno entre semana que, por justicia, le correspondía.
Yo, ahora, voy a hacerme un té negro con jazmín, muy caliente, claro: es mi preferido cuando relato mis crónicas. Me pondré a escribir sobre todo lo que pasó en la Línea 29 esta semana. Como, bien seguro, diría Rosaura: ¡vaya tela, el trabajo que tengo!


Fin.









6 comentarios:

Mercedes Moreno dijo...

El desenlace genial. Para cuando el próximo?.Espero que sea pronto.

Mercedes Moreno dijo...

El poner el esquema y planteamiento para que lo veamos todo un detalle.

José Ramón de Cea dijo...

Gracias, Mercedes, una vez más. Es muy estimulante recibir tus comentarios. Gracias.
Mi intención es publicar este tipo de relatos muy de vez en cuando para que nuestros amigos aquí puedan leer algo completo de vez en cuando. Fundamentalmente es un blog en el que os presento, a todos mis seguidores, cómo voy avanzando en los proyectos que tengo con "mis" ilustradores, relativos a la literatura infantil. Además, no estoy demasiado seguro si este tipo de relatos es del agrado de todos nuestros amigos...: los comentarios y los "me gusta", tanto aquí como en la página profesional de facebook, son muy pocos. Si tuviese la seguridad que gustan tanto como lo relativo a infantil, probablemente escribiría alguno más frecuentemente. En fin, que quiero ser sincero y "justificarte", de alguna manera, cómo enfoco las publicaciones en el blog.
Bueno, pues gracias de nuevo y me alegro que haya sido capaz de, al menos a ti, haberte hecho pasar un buen rato.
Un cariñoso abrazo.

José Ramón de Cea dijo...

Gracias por tu comentario, Francisco. Me alegra que te haya gustado y que haya estado lo suficientemente "trenzado" para que te haya tenido intrigado hasta el final. Ese era mi mayor empeño y no estaba seguro de conseguirlo y de no llegar a presentar un final insulso. Gracias por contarnos tu impresión. Un gran abrazo.

ORB dijo...

Me ha tocado leer todos esta misma tarde, me han gustado mucho y a la vez me he divertido. Saludos.

José Ramón de Cea dijo...

Hombre, ORB, encantado de verte por aquí después de tanto tiempo y de considerarte como habitual en los comentarios en el blog. Me alegro que sigas conectada a él de vez en cuando y te agradezco el comentario mucho. Me satisface que te haya gustado porque ese es el propósito de mi escritura: que todo el que la lea y se acerque por aquí pase un rato agradable. Muchas gracias y recibe un cariñoso y fuerte abrazo.