jueves, 13 de julio de 2017

Nuevo "VIENTO DEL SUR"





Hola, amigos de mis ilusiones y de mis sueños. Seguro que muchos de vosotros, sobre todo los españoles, estáis metidos en la ola de calor que estamos sufriendo en la península española y nuestras ciudades africanas. Ya en pleno verano y esperando que lleguen las vacaciones que parecen que no lo hacen nunca…después, cuando estamos metidos de lleno en ellas, el tiempo se nos escapa de las manos y sin darnos cuenta estamos de nuevo en nuestros trabajos soportando al jefe pesado, el que lo tenga; al cliente impertinente, el que trabaje de cara al público, o, simplemente, liados con nuestros asuntos rutinarios de nuestro día a día. Por eso, os quiero aconsejar que cuando lleguen esos días de descanso, si no estáis en ellos ya, que los viváis intensamente, tratando de saborear y de daros cuenta de cada minuto que pasa y en qué lo estáis empleando (con vuestros amigos, haciendo deporte, con vuestros hijos, sobrinos, nietos…). Tratad de vivir las vacaciones muy intensamente y así conseguiréis tener un recuerdo imborrable que os ayudará a vivir vuestra rutina posteriormente con ilusión. Yo intento hacerlo. Intento vivir intensamente los momentos que la vida me presenta y cuando acaban, que el tiempo no se puede parar y acaban más rápido de lo que quisiéramos, esa intensidad me ayuda a revivirlos en mi mente durante mucho tiempo más.
Bueno, que estábamos en la ola de calor soportando los 40 grados que tenemos por estas tierras manchegas en las que me encuentro en esta etapa de mi vida. Y creo que este ambiente de hoy nos brinda una buena oportunidad para traeros una historia que ya muchos conocéis y que discurre entre el abrasador calor de la suave arena de color amarillo claro, cercano al ocre. Ese color que nos habla de sensaciones relacionadas con la hermosura, con los dioses de la antigüedad, con la pureza. Esa arena que nos lleva a pensar en la dignidad, el honor y la integridad de los nómadas que la pisan y son acogidos por sus granos microscópicos. Sí, os estoy hablando de mi cuento “Viento del sur” que no lo traía de nuevo a esta ventana desde el 3 de julio del año pasado, 2016 (os aconsejo que vayáis a esa entrada por lo que contaba en ella). Una historia que para mí, como os he contado en entradas anteriores, tiene un significado especial que me remonta a mi niñez. Es, sin duda, uno de mis cuentos favoritos por la carga emocional que tiene en sus letras. “Viento…” nos habla, sobre todo, de valores —el compañerismo en situaciones difíciles, como es la vida en el desierto; la caridad, la hospitalidad, el compartir con el que tiene menos o con el que, en un momento, lo necesita—. Además y como un valor más y sobre el que se asientan las sociedades, nos habla de lo importante que es la familia y lo hace a través de una experiencia vivida por una familia tuareg. “Viento del sur” no ha dejado impasible a nadie que ha tenido la oportunidad de leerlo y creo que al fin podrá ver la luz pronto en las librerías. ¿Por qué estoy tan seguro? Pues porque estoy de nuevo trabajando, codo con codo, con una nueva ilustradora y que, os quiero ser sincero, creo que le ha dado un aire mucho más realista y más ajustado a lo que yo tengo en mi cabeza sobre cómo es la familia protagonista de esta historia. Realmente, mi nueva compañera, Marta Sedano (http://www.martasedano.com/) (todos los derechos reservados), está llevando a cabo un trabajo extraordinario apoyado previamente por un estudio de documentación muy concienzudo y ciertamente meticuloso. Está siendo una gozada trabajar con ella en equipo, discutiendo todos los aspectos de nuestra historia algo diferente de la escrita inicialmente: ahora está contada en primera persona, lo que la hace más cercana y nos hace al lector vivirla  de manera más cercana y con más intensidad. Realmente queda mejor. 
Para mí está siendo un privilegio poder tomar parte en la maquetación de nuestro producto y en la elección y motivo de las escenas que conformarán este espectacular (permitidme que lo catalogue así) álbum ilustrado, cuando finalmente lo sea. Marta, muchísimas gracias por tu compromiso en nuestro equipo: estoy seguro que ello no nos llevará a lugar distinto de un buen puerto, en este caso de una buena haima en la que descansemos de nuestro esfuerzo, tomando y saboreando la riquísima leche de cabra y los dulces dátiles. ¡Bien seguro que sucederá así! Y aprovecho, en nombre de todos los que conformamos la familia de Cuentos & Dreams, para darte la bienvenida a nuestro entorno repleto de historias relacionadas con la literatura infantil. Un gran abrazo para ti desde aquí.
Pues bien, amigos, os dejo con lo que os puedo traer de “Viento del sur” y las porciones de algunas de las ilustraciones de muestra que tenemos preparadas para su envío a las editoriales.
Os deseo, como siempre, que soñéis mucho y que no dejéis de ser felices.
Un cariñoso abrazo.
José Ramón.

“Viento del Sur” nos permite acercarnos al seno de una familia nómada y vivir y sentir, a través de la historia contada, la acogedora calidez de sus gentes y la sencillez y fragilidad de sus vidas en manos, siempre, de un desierto protector unas veces, y otras cruel, inhóspito e implacable.
En este relato se ensalzan los valores de la familia y las tradiciones que, de abuelos a nietos, se traspasan como un tesoro de valor incalculable pues representan los verdaderos cimientos de toda una vida nómada entre arena, cabras y dromedarios; castigada, a veces, por el viento que venía del sur.


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También, en esas noches, Zaila y Ahmed aprovechaban para transmitir a sus hijos las normas de respeto a los mayores, muy unidas a los principios y costumbres por los que se rigen las gentes del desierto. Y, por supuesto, las normas básicas para sobrevivir en tan inhóspito, peligroso y, a la vez, cautivador entorno; con sus arenas formando las altivas dunas;   su viento que castiga la piel de los seres vivos que lo recorren, como si de perdigones se tratase; y, sobre todo, su bóveda estrellada que tantas miradas de esperanza, sueños y proyectos, captura.
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En las noches de paz como aquélla, Ahmed contaba historias a sus hijos, al igual que lo hicieran en tiempos, su padre y su abuelo.  De esa forma, se conseguían transmitir de generación en generación.




Una de ellas hablaba de los días en los que soplaba el temido Viento del Sur. Un viento terriblemente cálido  que hacía secar los pozos de agua que, aunque escasos, permitían la supervivencia del pobre pueblo nómada al que pertenecían los protagonistas de esta historia. En esos días, cuenta la sabiduría del desierto, solía, por sus arenas, vagar un esbelto Tuareg sobre un dromedario blanco,  con dos grandes tinajas a cada lado de la única chepa del animal, portando el agua más fresca que se pudiera imaginar para socorrer a sus protegidos, los nómadas del desierto……………………………


1 comentario:

Rosa Elena Gonzalez dijo...

¡¡¡Preciosos dibujos!!!
Impresionante la evolución de los trabajos José Ramón.
Poco a poco van tomando forma nuevos proyectos... (por cierto, estamos impacientes)
¡Enhorabuena!