Pues ya hemos llegado, mis queridos seguidores, al final de este
recorrido, novedoso para mí, por los railes de una historia que pretendía ser del
género “novela negra”. Para mí ha sido muy gratificante y muy divertido. Lo
hice pensando en todos vosotros. Como os dije, quería regalaros algo completo
de mi literatura y de mi manera de escribir. Espero que haya sido algo
agradable para todos, al menos para la mayoría, y que os haya hecho pasar unos
ratos muy nuestros, de tranquilidad en nuestro espacio. Esa era mi única
intención. Quizá me anime, en un futuro próximo, a repetir la experiencia. De
momento, hoy, cambiamos, con este capítulo final, de género literario y nos
volvemos al infantil que lo vamos a coger con muchas ganas y lo haremos con un
trabajo finalizado, que personalmente me parece que ha quedado muy bien, y que
ya conocéis. De momento no os digo nada más. Pero antes, os quiero obsequiar
con algo muy personal que dudo que ningún escritor lo haya hecho antes. Pero
vosotros sois especiales para mí y yo sí quiero compartir con vosotros el
esquema y planeamiento que he hecho para este relato de cinco capítulos que hoy
hemos terminado. Al final, en dos fotografías, os lo presento. Espero que os
guste también. No es nada del otro mundo pero…es mío…muy privado…y lo quiero
compartir con vosotros.
Antes de despedirme os recuerdo que no debéis leer este capítulo
final sin antes haber leído los cuatro anteriores:
El primero (https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com.es/2018/01/linea-29-capitulo-primero.html), el segundo (https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com.es/2018/01/linea-29-capitulo-segundo.html), el tercero (https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com.es/2018/01/linea-29-capitulo-tercero.html) y el cuarto (https://jrdecea-cuentamelos.blogspot.com.es/2018/01/linea-29-capitulo-cuarto.html).
Como siempre: no dejéis de soñar (lo que sea…)y de ser felices
(con quién sea…). Un cariñoso abrazo.
José Ramón.
La información que le di, a Sera Trescantos, fue el hilo conductor
durante las indagaciones y clave para que el asesino se derrumbase en la sala
de interrogatorios cuando le preguntaron por determinados detalles. Contó sus
motivaciones y cómo lo mató.
Pedro Raspeño, tenía demasiados motivos para asesinar a su
compañero en la Línea 29: la vida no le trataba demasiado bien y le costaba
mucho esfuerzo sacar adelante la familia numerosa a la que su aportación
económica era la única que llegaba. Los fines de semana representaban una ocasión
muy importante para la salud del matrimonio: eran los únicos dos días en los
que, Pedro, podía dedicarse por entero a ayudar a su mujer y compartir el
pesado trabajo para sacar adelante a sus cinco hijos. Gabriel Pocamonta, fue el
causante de que esa posibilidad se esfumase y que tuviese que buscar, y
encontrar a duras penas, otros trabajos inciertos durante la semana, pues su
sueldo no le llegaba para que los siete pudieran vivir dignamente. Pedro tenía
el suficiente rencor y motivaciones no le faltaban para haber matado al Pocamonta. Su preparación era la
adecuada gracias a su pasado como integrante del área de inmunología del
Hospital Central…Pero él no fue el asesino.
Pedro Raspeño y Anselmo Rubio estuvieron todo el viaje sentados
juntos y hablando de sus cosas; entre ellas de que, el practicante, que tenía
sobrados motivos para vengarse de Gabriel, acudía ese día a la ciudad para
recoger una serie de medicamentos para su clínica veterinaria, entre ellos el
denominado Tiopental, producto que
fue hallado en el cuerpo del cadáver y fue la causa, casi instantánea, del
fallecimiento del Pocamonta.
El Tiopental es un medicamento utilizado para la eutanasia de los
animales. Medicamento potente que, inyectado, y en dosis adecuadas, produce la
muerte del animal; en dosis elevadas, como fue el caso, produce la muerte casi
instantánea de una persona. Produjo la muerte de Gabriel.
Anselmo tenía motivos más que suficientes para asesinarlo. Además,
era el mejor preparado para llevarlo a cabo.
Luis Martos, en su afán investigador tras Anselmo, pudo ver a
Cebrián, aquella mañana, salir de casa del veterinario/practicante con algunos
artículos en una bolsa que se metió en el bolsillo de su abrigo, tras tirar, en
un cubo de basura próximo, una cajita de cartón, de esas que contienen
medicamentos; cajita que fue recuperada por Luis Martos, mientras esperaba la
salida del propio Anselmo. Cebrián y Anselmo eran amigos de la infancia y esto,
Luis, lo sabía. Por eso, instintivamente, se guardó la cajita de Tiopental, sin
saber muy bien para qué se utilizaba ese medicamento. Cebrián había entrado en
casa de su amigo totalmente desquiciado y salió de ella más tranquilo.
A la hora de ir a coger el autobús, Anselmo, abandono su vivienda
y, Luis, fue tras él hacia la caseta del bus donde nos encontramos y nos
saludamos.

Anselmo proporcionó el Tiopental a Cebrián. Éste llego en un
estado nervioso preocupante y fuera de si. Le contó a Anselmo que necesitaba
deshacerse de los perros del Pocamonta, que no le dejaban descansar y que ya no
aguantaba más. Anselmo le proporcionó el líquido mortal sin demasiados reparos
pues estaba claro que Gabriel no era Santo de su devoción.
Serafín Trescantos, una vez conocido el producto hallado en el
cuerpo de Gabriel, ordenó la inmediata detención de Anselmo, veterinario de
Gargantilla. Pero él no lo mató.
Luis me contó también que, a mitad de trayecto, aprovechando la
subida de bastantes personas en la parada de Torreanclada, la más importante
del recorrido y ya próxima a la capital, Cebrian, abandonó su asiento y ocupó
uno en las últimas filas.
Todo lo tenía así pensado Cebrián Conde, asesino confeso de
Gabriel Pocamonta.
Con toda esta información que proporcioné a mi amigo Sera,
consiguió que Cebrián confesase la utilización del Tiopental para algo más que
para mandar al otro barrio a los odiados perros.
Tras la confesión, Cebrián, está en prisión incondicional, por
presunto asesinato —¡qué eufemismo!—, en espera de juicio. Anselmo quedó en
libertad con cargos por complicidad en el intento de acabar con los
animales/objeto de Gabriel.
Lo bueno del caso, siempre veo cosas buenas en todos las macabras
situaciones sobre los que tengo la oportunidad de escribir, es que, Cebrián, en
la cárcel, ha encontrado la paz y el descanso que se le ha negado en su vida en
libertad. Seguro que, en breve, recuperará su equilibrio emocional.
A, Pedro Raspeño, tras conocerse todos los detalles de la historia,
La Comarcal, le “devolvió” el turno
entre semana que, por justicia, le correspondía.
Yo, ahora, voy a hacerme un té negro con jazmín, muy caliente,
claro: es mi preferido cuando relato mis crónicas. Me pondré a escribir sobre
todo lo que pasó en la Línea 29 esta semana. Como, bien seguro, diría Rosaura: ¡vaya tela, el trabajo que tengo!
Fin.