¡Ay…, Ay…, Ay…! Sí, buenas y tormentosas
tardes, al menos por estas tierras de Dios. Hoy os quiero transportar a un
lugar que parece salido de un cuento —muy apropiado para este blog, ¿no creeis?
—, pero de un cuento de aventuras, de esos que leíamos de pequeños sobre cinco
chavales/as y sobre otros siete —Blyton era un genio de mujer o, como es “correcto”
ahora, una genia—: me encantaban y ¿sabéis?, llevaba a la práctica sus aventuras
con mi pandilla; bueno, no exactamente las de ellos, sino las mías, las
nuestras…: investigábamos, nos comunicábamos por señales de morse con una
linterna, por la noche…¡qué tiempos tan felices, aquellos! Creo que he sido uno
de los niños que mejor se lo ha pasado con sus amigos…si os contase más cosas,
como se dice hoy en día, ¡alucinaríais!...pero, hoy no toca hablar de mí…
El lugar al que someto a vuestras dotes
adivinativas apareció, hace tiempo, mucho tiempo, cuando el cine era en blanco
y negro, en alguna película —un secreto: yo no la he visto, ni la conocía, pero
creo que fue buena y conocida…al menos por la gente de la comarca…— de
amaneceres antiguos.

A estas alturas de mis pensamientos
compartidos creo que ya habéis adivinado que me encuentro entre montañas y os
digo que cerca de la Sierra…cuyo nombre me guardo. Me encuentro en un lugar
único, llamado… como casi se me escapa antes. Dicen de él que es la Suiza de la
región española en la que me encuentro en esta época, y no acierto a imaginarme
el porqué, más allá de que se esconda entre montañas como aquella de
Centroeuropa; y que se proteja de los vientos y las tormentas que, por cierto,
aquí deben de poner los pelos de punta. Os dejo que me ayudéis a aclarar esta
referencia que se puede encontrar escrita en los folletos turísticos de la
circunscripción.
Desde el “Balcón del Diablo” —qué paradoja—,
enfrentándose, desde el otro lado del pueblo, a La que está allí arriba, más
alta que él…lógicamente; se ve cómo el pueblo se acopla, como si lo hubiesen
untado de “loctite” por la parte de atrás de sus casas, a las laderas calizas
de las rudas paredes que lo protegen. Por cierto, es una zona a la que llegan jóvenes
alpinistas que disfrutan encaramándose a sus paredes desafiando el peligro y,
me imagino, que sin una pizca de vértigo…yo no podría. Me he cruzado con dos
cuadrillas, cada una en su pared, dándose voces unos a otros, los de allí abajo
a los de allá arriba y viceversa…no se dan cuenta que alteran la quietud que se
le supone a un lugar como aquél y que, sin duda alguna, ellos lo eligieron,
entre otras cosas, por esto: por la tranquilidad natural y sin preparar de la
naturaleza. ¡Otra paradoja, mayor que la anterior!
Os sigo contando cosas de este lugar. Es de
calles estrechas, como se espera de uno de los de estos parajes, y algo que me
ha llamado mucho la atención es que está muy bien pavimentado. ¿Será porque
recibe muchos visitantes? Será.
La Plaza Mayor, con su Ayuntamiento, ni es
plaza, ni mayor, aunque haya un letrero que se esfuerce en que lo creamos así.
Es más bien un ensanche de la arteria que cruza el pueblo de punta a punta,
rebosante de coches aparcados en lugares que increíblemente permiten la
circulación del resto. Al menos a mí me lo han permitido. Pues sí, la “plaza”,
me llama la atención porque frente al Ayuntamiento los lugareños tienen la
posibilidad de, cómodamente, sentados en unas gradas de piedra dura,
construidas al efecto…no sé si lo hicieron para eso…, con el escudo de la
localidad indicando el lugar reservado a la autoridad municipal, aplaudir,
criticar, vitorear y compartir con los ediles momentos de jolgorio festivo en
época de celebraciones. Extraña construcción en un lugar inapropiado, al menos
para mí, que soy el que no salgo de mi asombro al verla. Quizá alguno de
vosotros, que ya habéis identificado el lugar, podáis ayudarme a entender el
propósito de la obra.
Empieza vuestro turno: se avecina tormenta
y debo salir del lugar misterioso que os he traído hoy.
¡Ay…,Ay…,Ay…! Seguro que lo adivináis
porque fácil os lo he dejado.
Un cariñoso abrazo, amigos en este blog.